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"Cuando vas a ser padre, todo se convierte en un descubrimiento"

San Juan en Patmos, la pintura en la que El Bosco reproducía la estancia del evangelista en la isla donde escribiría el Apocalipsis, desprende ese hipnótico magnetismo que caracteriza las composiciones del autor. Un ángel azul, un barco que arde y un pobre diablo que se afana en atraer la atención del protagonista impregnan de desconcierto un paisaje plácido, una escena mística –el santo vestido con delicados ropajes rosados, que eleva su mirada al cielo para encontrarse con la Virgen y el Niño– que siembra no obstante en quien la contempla el desasosiego. En el reverso de esa tabla hay otra pintura: un círculo que preside un pelícano, integrado en la simbología religiosa por alimentar a sus polluelos con su propia carne –como hace Jesucristo–, al que rodean escenas de la Pasión.

Para su primer poemario, Seno, publicado por la editorial Cántico, Juan José Ruiz Bellido (Sevilla, 1993) toma aquella obra "bifronte" de El Bosco como inspiración para levantar un sólido y ambicioso andamiaje que parte inicialmente de los conceptos de anverso y reverso, que serán dos de los capítulos del libro, y adentrarse también en la concavidad, el seno, que quedaría entre ambos flancos. La primera y la última parte reflexionan, con un estilo  "aguerrido y lingüísticamente desbordante", como señala Juan F. Rivero en el prólogo, sobre asuntos como la posición de la mirada o el duelo; en el núcleo, Ruiz Bellido registra su experiencia con la paternidad desde el momento en que sabe que tendrá un hijo.

"La estructura del libro es compleja", asiente, "pero no fue algo premeditado, la propuesta se fue configurando poco a poco. Primero escribí lo que serían los bordes: esa parte que se llama Duelo y aborda la muerte de un amigo; el fragmento titulado Leviatán, que estaba incluido en Plural de habitación, una plaquette que sacamos Juan F. Rivero y otros dos amigos que dejaron de escribir. Inspirarme después en el San Juan en Patmos me dio la idea de algo que tiene un haz y un envés, y ahí fui entendiendo que el libro debía tener también un centro, un seno, que dos poemas largos no hacían un libro, y ese centro lo aportó la paternidad. No fue algo pensado, fui entendiendo dónde debían ir los poemas, simplemente", analiza el poeta.

Desde las primeras inseguridades que le provoca el anuncio de la descendencia ("cuál es el mayor miedo de un padre / cuál es el mayor miedo del padre que por primera vez lo es / padre / cuál es mi miedo"), y deteniéndose en el aprendizaje al que asiste todo padre primerizo ("ayer me enteré por primera vez cómo era la placenta, su forma más bien alienígena / y ahora la matrona nos habla del canal / raquídeo y las caderas y la pelvis"), Ruiz Bellido articula una suerte de diario atravesado por la ambigua dualidad de San Juan en Patmos, que emociona –es un hombre que cuida a la mujer y a la criatura que esta espera– y perturba cuando muestra en detalle toda la fisiología que rodea al embarazo y el parto. "Y acabo de entender que las primeras heces del feto (es el meconio, que significa en griego jugo de adormideras, opio) se depositan dentro del cuerpo / lo que coloquialmente se conoce como / hacerse caca dentro de la madre". 

"¿Es este el cuerpo de un padre o el cuerpo de un hijo?", se pregunta Ruiz Bellido sobre sí mismo en un pasaje del poemario. "Todos somos hijos, pero no todos somos padres. Y cuando uno se entera de que va a serlo, todo es un descubrimiento. Ahí tuve una suerte de epifanía: me di cuenta de que mi cuerpo se parece todavía al de un hijo adolescente. El poema Seno empieza con una desidentificación: dejar de ser un hijo para empezar a ser un padre".

"Dejé de leer libros sobre paternidad para que no me influyeran. Tenía el tono, y no quería que se me difuminara"

Esa parte tiene como preámbulo una cita de Luna Miguel que apunta que en algunas culturas "un nacimiento no se produce el día del parto sino durante el mismo momento de la fecundación", algo que conecta con la sensibilidad que despliega Ruiz Bellido en el libro. "Es curioso, porque dejé de leer textos sobre la paternidad para que no me condicionaran, porque mi libro ya tenía el tono y no quería que se me difuminara. Lo dejé para después, y me encontré con esa idea de Luna: era precisamente de lo que trata Seno, que habla del hijo desde el primer momento en que uno se entera de que va a ser padre, y cómo se construye esa paternidad desde ese mismo instante", explica. "Encontré otras similitudes también con la obra de Ángelo Néstore. Coincidimos en esa construcción de nuevas masculinidades, de nuevas paternidades, aunque él propone una especie de maternidad queer, constantemente quiere ser madre, tener en el seno a alguien, y mi posición es distinta".

Como todo libro en el que crece la vida, Seno no esquiva la cara de la muerte. "Rugen las ratas ¿en dónde? su ruido; e intuí / que era exactamente el tipo de belleza que persigo", escribe Ruiz Bellido en un libro en el que Orfeo, muy presente en las páginas, vuelve a descender al inframundo y el poeta define su texto como un "trabajo de duelo y una apelación frente a la grieta: verter leche para los muertos". El autor, especializado en literatura cubana, admite los ecos de Lezama Lima en su interés por los espectros: "De ahí surge esa idea del fantasma como un resto, como un escándalo ontológico: es aquello que existe porque falta, aquello que se articula dentro de una ausencia", argumenta.

A veces la vida y la muerte, la infancia y la vejez, cada cosa y su envés se hermanan en el mismo poema, como ocurre en el bellísimo fragmento con el que se cierra el bloque central del libro, inspirado en una noticia real que impresionó al poeta. "Ayer leí que una mujer asesinada en 1936 había sido enterrada en una fosa común con el sonajero de su hijo y que este llegó a su hijo 83 años después", cuenta Ruiz Bellido. "Un hijo que no recordaba nada de su madre puede escuchar 83 años después el primer sonido que le reproducía / y no puedo dejar de imaginar/ el deseo poéticamente sincero de que este hecho produzca una regresión al seno".

La poderosa investigación del lenguaje que emprende Ruiz Bellido y la audacia y la hondura de sus versos convierten al sevillano en un autor inclasificable. "¿Con quién podría conectársele? ¿Hay alguien que escriba como él?", se pregunta Juan F. Rivero en el prólogo, antes de proseguir con su definición: "Lector original de los griegos y de los latinos, de la gran mística europea, del Barroco español, de los románticos alemanes e ingleses, de Zambrano y de Heidegger, de los cubanos de Orígenes –Lezama Lima, Piñera, Eliseo Diego–, de Allen Ginsberg, de Anne Carson y de Raúl Zurita, Ruiz Bellido trata de imbricarlo todo en la contemporaneidad del texto, y al hacerlo suscita una imponente floración de palabras e imágenes".

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