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De la angustia al éxtasis en la primera alegría de 2020

El Cádiz brindó a los suyos, con sufrimiento agónico, la primera alegría de 2020, tras los empates en Ponferrada, en Logroño y con el Mirandés antes de caer en Riazor frente al Deportivo. Y ello, con bastante menos público del habitual en el Ramón de Carranza. El mal tiempo, con lluvia durante prácticamente todo el día, propició que muchos aficionados decidieran quedarse en casa y seguir el encuentro por la pequeña pantalla. Las gradas se resintieron y ofrecieron, de lejos, la peor entrada de todo el curso.

Lo que no decayó ni un ápice fue la pasión de la parroquia local, entusiasmada desde el pitido inicial con la posibilidad de poner fin a la mala racha ante un rival que llegaba a la Tacita de Plata después de encadenar siete encuentros sin conocer el triunfo, una dinámica que de hecho le ha llevado a ocupar el farolillo rojo de la Segunda División A.

Aunque el amarillo y azul de los asientos predominaba, los cánticos de apoyo, especialmente en el Fondo Sur, contagiaban por momentos al estadio entero, si bien es cierto que pasada la media hora, cuando el equipo de Cervera llevaba ya rato jugando con superioridad numérica y no era capaz de abrir la lata, también empezaron a escucharse algunos pitos.

A la vuelta del descanso, la ilusión se tornó en angustia a medida que pasaban los minutos. La hinchada se impacientaba. El 0-0 ante el colista, que además estaba con 10, no era para menos. Así y todo, los aplausos y la esperanza se imponían a falta de algo más de un cuarto de hora para la conclusión.

El empuje de los aficionados espoleó al conjunto de Cervera en la recta final. Un acoso con más corazón que cabeza que no obtuvo recompensa hasta que en el tiempo de prolongación llegó el 1-0 para éxtasis del respetable.