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Diferencias en el seno del Gobierno retrasan la publicación de la orden que paraliza el país

Muchos trabajadores y empresarios del país se fueron anoche a dormir sin saber si hoy debían ir a trabajar o si la ley les permitiría abrir su negocio. Un escenario surrealista provocado por la enorme división que el endurecimiento del estado de alarma ha provocado en el seno del Gobierno de coalición entre el PSOE y Unidas Podemos. Finalmente, el real decreto que concreta qué sectores son «esenciales» para seguir funcionando se publicó al filo de la medianoche, incluyendo cambios de enorme calado sobre el borrador enviado a media tarde a los agentes sociales y a los medios de comunicación. Se endureció sobremanera, pasando de 40 a 25 las excepciones. Por ejemplo, del primer borrador se 'cayeron' sectores como el de las empleadas del hogar y gran parte de la industria, ni siderurgia ni aeronáutica, elementos vitales para la economía del País Vasco.

Todo fue generando a medida que avanzaba el día. El sábado por la tarde, el presidentedel Gobierno anunció en su enésimo mensaje a la nación que daba el paso de paralizar la economía del país para poder combatir mejor la pandemia de Covid-19. Sólo los trabajadores que formen parte de actividades «esenciales» estarían obligados a quedarse en casa desde hoy y hasta el 9 de abril. Ayer, el Consejo de Ministros debía aprobar y anunciar la letra pequeña, básicamente, qué se entiende por esencial y qué no. Pero todo se complicó por el enésimo encontronazo entre las ministras económicas socialistas, con Nadia Calviño al frente, y la titular de Trabajo, de Podemos, Yolanda Díaz, que ya en la conferencia de prensa advirtió de que «no aceptaremos presiones de nadie».

La rueda de prensa posterior al Consejo de Ministros extraordinario se celebró a las 15.30 horas y nada hacía presagiar lo que sucedió después. Pedro Sánchez se tuvo que emplear ayer a fondo para tratar de atemperar el temor causado en el ámbito económico y en algunas comunidades autónomas como la vasca con su anuncio de la noche anterior de que se obligaría a todos los trabajadores de actividades «no esenciales» a quedarse en casa entre hoy, 30 de marzo, y el 9 de abril (como mínimo) para reducir aún más la libre circulación de personas y ayudar a contener la expansión del Covid-19.

Las excepciones

Las ministras de Hacienda y de Trabajo, María Jesús Montero y Yolanda Díaz, explicaron al unísono, tras la reunión, que aquellos empleados que ya desempeñen su trabajo de manera telemática como consecuencia del estado de alarma permanecerán exactamente igual. Dicho de otro modo, que no se podrán acoger al permiso remunerado que, de manera forzosa, habrán de tomarse, a partir de hoy, aquellos que todavía salían de sus casas para desempeñar su profesión. Un permiso con el que después tendrán que compensar a sus empresas con horas de trabajo hasta el 31 de diciembre.

Tampoco todos los que seguían echándose a la calle cada semana de lunes a viernes tendrán que dejar de hacerlo. El jefe del Ejecutivo ya apuntó el sábado que las actividades a las que se permitió el funcionamiento en el decreto del 15 de marzo son las que se consideran esenciales y eso engloba un amplio abanico de sectores.

Seguirán abiertos, pues, los comercios minoristas de alimentación, bebidas, productos y bienes de primera necesidad; los establecimientos farmacéuticos, sanitarios, centros o clínicas veterinarias, las ópticas, las tiendas de productos ortopédicos, de productos higiénicos, de prensa y papelería, de combustible para la automoción, los estancos, los que venden equipos tecnológicos y de telecomunicaciones, también los de alimentos para animales de compañía, el comercio por internet, telefónico o correspondencia y las tintorerías y lavanderías. Y se permitirá el servicio de comida a domicilio.

División automática

A pesar de que desde muchos territorios se acogió la iniciativa con entusiasmo, el presidente del Gobierno se sintió obligado a acotar el impacto económico de este endurecimiento de las medidas de confinamiento. «Aquí no se cierra nada, ninguna actividad económica; lo que hacemos es anticipar unos días los niveles de producción de la Semana Santa», defendió frente a las quejas de Iñigo Urkullu o los comentarios del gallego Alberto Núñez Feijóo. El jefe del Ejecutivo pidió además comprensión. «Para mí no es fácil tomar esta decisión -dijo-, pero honestamente no vemos otra salida para doblegar ya de una vez por todas esta pandemia».

Tanto Sánchez como la ministra portavoz insistieron en que fueron los expertos los que recomendaron el sábado dar una vuelta más de tuerca para conseguir que, en los próximos quince días, considerados clave, la movilidad de los ciudadanos caiga a los niveles registrados el pasado fin de semana. De esa manera, confían en ralentizar aún más el ritmo de contagio y evitar el colapso de las UCI, que en comunidades como Madrid y Cataluña se encuentran ya al límite. Es el gran reto. El remido pico llegará a finales de la semana que viene y las costuras del sistema podrían romperse.

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