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El asalto a un club: condena para el cerebro, el matón y la novia

La juez impone un total de 23 años de cárcel para tres de los inculpados y exonera a la madre

El asalto al club de alterne Limbo de Celanova el 20 de julio de 2020 tendrá duras consecuencias para Jonatan L.V., José Luis T.D., alias el Rubio, y su expareja, Lorena V.A. El cerebro, el matón y la novia, respectivamente. La jueza del Penal 2 le impuso penas de seis años y ocho meses; diez años y medio así como seis años y tres meses para la mujer. Los dos primeros ya están en la cárcel por su historial delictivo.

La única que ha salido bien parada fue Antonia D.N., la madre de José Luis. La jueza tiene en cuenta los argumentos de su abogado, José María Gómez Docampo, ante la falta de pruebas que acrediten sin duda su participación en el atraco con labores de vigilancia en las inmediaciones del cuartel de la Guardia Civil de Celanova y la entrega de la escopeta a su hijo.

La jueza que vio el caso concluye que el asalto comenzó con la procura de un arma. Lorena invitó a un amigo, en cuya casa de Ramirás había trabajado, a un café para dejar vía libre a los otros dos condenados para entrar, tras saltar una valla, trepar un paredón y quebrar una ventana. El objetivo era sustraer una pistola artesanal.  El Rubio, además, se apoderó de la escopeta de su progenitora.

Al club Limbo se desplazaron los tres condenados y la novia de Jonatan, quien no estaba inculpada, en el mismo coche. Elos se bajaron y ellas quedaron en el interior. José Luis no era la primera vez que iba y el dueño, pese al pasamontañas, lo reconoció.

En el interior, pasadas las once de la noche, había cinco personas, y se vivieron momentos de tensión, sobre todo cuando el Rubio comenzó a disparar contra la estantería de las botellas. Los cristales que saltaron hirieron en la mano a J.M.N. También golpeó en la cabeza a un cliente y al dueño del club con la culata de la escopeta.

Los hechos, traducidos a delitos, se sustanciaron en un robo con fuerza en casa habitada, robos con violencia en local abierto al público, lesiones, tenencia ilícita de armas y hasta conducción sin permiso (en el caso de José Luis).

La magistrada tiene presente que los perdigones analizados pertenecen al arma que tenía Antonia en su casa y que en el material -guantes, bolsa y bridas- abandonado tras el atraco, cerca del club, había ADN de Jonatan. Pero el testimonio de las parejas “permite sentar de manera indubitada la participación de los inculpados este hecho delictivo”.  La novia de Jonatan admitió en el juicio que acudieron los cuatro al “Limbo” y que los acusados, al llegar, taparon sus rostros con pasamontañas y se apoderaron de dos armas que llevaban en el vehículo.  Según esa versión, entraron y al rato salieron con una cajetín de una registradora y 700 euros en las manos. Toda su declaración estaba  corroborada por datos objetivos periféricos “plenamente contrastados”. Incluso los lugares que visitaron tras el robo: el barrio de Covadonga para comprar droga y un hotel en la costa de Lugo.

La novia de Jonatan relató una conversación clave que se produjo en su domicilio. En ella, los dos acusados “idearon perpetrar un robo con el que conseguir dinero para poder seguir sufragando las drogas que consumían, advirtiendo la necesidad de contar con una pistola para su perpetración, al tiempo en que, en ese momento, se requería la cooperación de Lorena para realizar el robo en la casa”.

La jueza no cree que las actitudes de las novias sean equiparables. “No es lo mismo guardar silencio ante la constatación de que terceras personas van a cometer un hecho delictivo o lo están cometiendo o lo han cometido (en caso de no estar amparada por una relación sentimental determinaría una responsabilidad por encubrimiento u omisión del deber de perseguir delitos), que participar activamente en la comisión, como ha sucedido en este caso con Lorena”.