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El entorno de la presunta inductora del parricidio de Vilanova: "Hace lo mismo con su novio actual"

Los que han conocido a Alba A. en las distancias cortas aseguran que la imagen de joven introvertida y frágil que ha proyectado frente al jurado popular que la juzga en la Audiencia Provincial de Barcelona por un delito de estafa continuada y por inducir a un amigo con esquizofrenia a asesinar a su padre y a quemar su casa poco tiene que ver con su personalidad real. “Es una fachada”, expresan. Tampoco se creen su amargo relato entre balbuceos y su incontrolable llanto, que obligó a la jueza a detener el juicio durante unos minutos.  

Aseguran que, como hizo el jueves, Alba se presenta en los pequeños círculos de amistades como víctima de múltiples desdichas. Ya de entrada, siempre según la versión de las fuentes consultadas, “cuenta que ha padecido bullying en la escuela, que sufre problemas de autoestima, que mantiene una mala relación con sus padres y que carece de iniciativa propia para hacer nada”. Pero, a medida que va ganando confianza, aseguran que “ella es quien lleva la voz cantante”.

'Youtuber' y empresaria

“La forma que tiene de presentarse y su verdadera personalidad no concuerdan”, expresan. Se basan, por ejemplo, en su faceta como youtuber hasta hace pocos días cuando, coincidiendo con el inicio del juicio, borró todo el contenido. En su perfil, en el que se presenta como empresaria --todavía sigue abierto y acumula más de 700 suscriptores-- ya no queda ni rastro de los vídeos que compartía “hablando de forma extrovertida sobre su vida, con su pareja o escenificando los típicos tags”. Un hecho que ha sido presentado como prueba, durante las alegaciones previas, por la defensa de Ismael, la letrada rara avis por ejercer también de acusación particular.

No es lo único en lo que Alba habría mentido. Los que la conocieron recuerdan que la joven se presentaba como supervisora de Clarel, la perfumería en la que trabajaba algunas horas al día, pero de dependienta. Este hecho también ha quedado acreditado durante la segunda sesión del juicio, cuando el Ministerio Fiscal ha referido que durante los registros en su domicilio, el día de su detención, se encontraron documentos en los que Alba figuraba como responsable de la tienda, un cargo que nunca ocupó. Un embuste que ella atribuye a Ismael, el parricida, que “lo hizo para poder alquilar el piso” en el que vivieron juntos en Calafell.

Parecidos razonables

No obstante, la fiscal ha incidido en que también se localizó otra documentación en la que Alba simulaba la contratación de su actual pareja, aunque ella no tenía ese poder de decisión dentro de la empresa. Una apreciación que la jueza ha desestimado: “No se le acusa de falsedad documental”.

Precisamente sobre la relación sentimental que la acusada mantiene con su actual novio --que como a Arnau, íntimo amigo del autor del crimen, conoció a través de la app de citas Tinder-- quienes los conocen resaltan que “ella está por encima de él" y que "ha conseguido aislarlo de su familia y amigos”. Alertan de que está “haciendo con él lo mismo que hizo con Ismael y Arnau”. Precisan que el parricida, al que presuntamente manipuló, y su actual novio “guardan un parecido físico razonable” y que, como él, también se trata de un joven tímido y fácilmente influenciable.

Confianza plena en Alba

Aunque no pueden confirmar que le haya pedido dinero, como hizo con Ismael durante meses, insisten en que lo ha manipulado hasta el punto de apartarlo de su entorno y conseguir que “la crea al 100%”. Cabe destacar que durante el juicio Ismael declaró que, pese a que conocía a Alba desde hacía pocos meses, tenía una confianza plena en ella, con la que llegó a compartir sus puntos débiles.

Según el relato del autor confeso del parricidio, Alba consiguió controlar todos los aspectos de su vida. Primero, haciéndole creer que formaba parte de un cuerpo parapolicial que colaboraba con los Mossos en la persecución de trata de seres humanos y en la lucha antiterrorista. Ismael llegó a dedicar 16 horas al día en vigilancias encargadas por Alba y a aislarse de su familia y amigos. La dedicación plena a estas misiones desembocó en el abandono de sus estudios y de su casa, hasta el punto de terminar durmiendo en la calle. 

La manipulación continuó con la creación de hasta cuatro personajes ficticios mediante los que interactuaba con Ismael para reforzar esta rocambolesca historia, que resultaría inverosímil para cualquiera. Sin embargo, cabe recordar que Ismael padecía una condición mental por la que la fiscalía pide su absolución y su ingreso en un psiquiátrico durante 25 años: una esquizofrenia paranoide crónica.

"No tiene esa capacidad intelectual"

Según el relato del parricida, el mismo que apoya el ministerio público, a sabiendas de que el joven estaba sufriendo un brote psicótico que lo desconectaba de la realidad y que tenía carencias emocionales graves, Alba no hizo nada por contener su delirio. Al contrario. Urdió un plan criminal para agudizar su patología haciéndole creer que su padre tenía conexiones con la mafia y que suponía un grave peligro para su familia, una situación que desembocó en un estado paranoide constante. Sumido Ismael en este estado, ella consiguió que le transfiriera más de 7.500 euros en diversas transferencias bancarias antes de matar a su padre. Sorprende, no obstante, que el joven confesara haberse bebido media botella de whisky para reunir el valor suficiente para hacerlo, dado el estado de enajenación en el que se encontraba. 

“¿Cómo podría Alba saber que él padecía esquizofrenia?”, defiende otra voz consultada, que rompe una lanza a favor de la joven y recuerda que Ismael no estaba diagnosticado. La acusada, que desde que abandonó los estudios después de que le recomendaran en el instituto que no hiciera bachillerato, porque según ella misma “no llegaba”, “no tiene la capacidad intelectual para manipular a nadie”, sobre todo teniendo en cuenta que tanto su examigo Ismael como su expareja Arnau estudiaban ingenierías y que ella tuvo adaptaciones curriculares durante toda su etapa educativa. Lo que le sucedió a Alba, “que es una fantasiosa”, es que se expresó a través del personaje ficticio que ella misma creó, Julia, como quien le habría gustado ser. Una fantasía que, como ella bien expresó durante la vista del jueves, se le fue de las manos. Ahora, el quid de la cuestión reside en si las pruebas y los testimonios serán suficientes como para demostrar que, efectivamente, Alba se metió en la cabeza de Ismael y, de ser así, si es responsable de un crimen que no cometió.