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El Gran Poder visita la Sevilla olvidada

Sevilla rozará este fin de semana el lleno turístico gracias al buen tiempo, al final de las restricciones sanitarias por la pandemia y a un evento histórico que prevé atraer a miles de personas: la salida extraordinaria del Gran Poder, la imagen más venerada de la ciudad junto a la Virgen Macarena.

En esta ocasión, la salida del popular nazareno sevillano es especial por tratarse de una de las primeras procesiones multitudinarias que se va a celebrar tras dos años sin Semana Santa, pero también porque va a dejar la zona noble de la ciudad, su centro histórico, para recorrer casi 5 kilómetros hasta llegar a la periferia de la capital, donde va a visitar tres de los barrios más pobres de España: Los Pajaritos, La Candelaria y Madre de Dios.

La talla que esculpió Juan de Mesa hace 400 años, en 1620, va a estar tres semanas, hasta el 6 de noviembre, presidiendo el altar de tres parroquias humildes de estas zonas en una "Santa Misión" que tiene un precedente en otra visita que ya realizó en 1965 organizada por el cardenal Bueno Monreal.

Asfaltado de calles del barrio un día antes de la procesión. (J. L. Losa)

Allí, un batallón de efectivos municipales se afanaba ayer en adecentar estos barrios, limpiar las calles, pintar algunas paredes, podar parques y jardines, y hasta incluso asfaltar varias calles aledañas. "El Gran Poder tiene que venir tres o cuatro veces al año", aseguraba un vecino asombrado al ver ese despliegue.

No están acostumbrados a esa diligencia. Más bien al contrario. La falta de inversiones y el olvido por parte de las administraciones públicas se han convertido en normal. Un gran cartel recuerda aún en el lugar una inversión del Plan E de Zapatero doce años después.

Cartel anunciador de inversiones del Plan E de 2009. (J. L. Losa)

Los Pajaritos, La Candelaria y Madre de Dios, junto con la vecina Amate, cuentan con una población de cerca de 25.000 personas, que malviven en un entorno que históricamente fue un barrio obrero desfavorecido y que ha derivado en una de las zonas más pobres y peligrosas de España.

Así lo confirma cada año el Instituto Nacional de Estadística (INE), que atestigua que 12 de los 15 barrios con la renta per cápita más baja de España están en Andalucía, y 6 de ellos en su capital. El más conocido es el Polígono Sur, que incluye las Tres Mil Viviendas, un enclave en el que las administraciones públicas han puesto el foco desde hace años. Un buen ejemplo fue la visita de los Reyes el pasado año.

Sin embargo, la degradación que sufre Tres Barrios, y más concretamente Los Pajaritos, la iguala en estos momentos tanto en pobreza como en incremento de la delincuencia. Según el INE, la renta media per cápita es de 5.757 euros/año en este enclave, al que siguen otros barrios sevillanos como Torreblanca, Olivas-Letanías, Palmete-Padre Pío y Polígono Norte (donde la renta ya se eleva a 7.807 euros anuales).

Un vecino rebusca en el interior de un contenedor de basura. (J. L. Losa)

Esos datos oficiales están absolutamente desmentidos por la realidad de unos barrios en los que la economía sumergida es mayoritaria. Un simple paseo por sus calles sirve para entender esta situación. Apenas existen comercios, salvo algún bar y alguna farmacia. Los bajos de los bloques son también viviendas o trasteros, o lugares para la venta y consumo de droga.

Junto a la parroquia de la Blanca Paloma, la primera de las iglesias en las que estará una semana el Gran Poder, se encuentra el Mercado de Abastos de La Candelaria. Allí, una docena de puestos y un par de bares se esfuerzan por mantener abierto este centro que "en su día era el que más vendía de toda Sevilla, tras el de la Encarnación". Quien así lo dice es Juan Antonio, el pescadero, que lleva 30 años en su puesto tras tomar el relevo a su padre, Miguel 'Lunita', que estuvo 50 años en esta popular plaza.

Juan Antonio, pescadero del Mercado de La Candelaria (Foto: J. L. Losa)

Su local se encuentra como un oasis rodeado por puestos cerrados (hay hasta 66 en todo el mercado) porque "ya no se vende aquí nada". ¿Y dónde compra la gente del barrio ahora? La respuesta está en la cercana ronda del Tamarguillo. Allí, ayer, como cada viernes, se ubicaba uno de los mayores mercadillos ambulantes de la ciudad, al que acuden los vecinos de estos barrios bien entrada la mañana.

A esas horas, la escena parece más propia de una película de humor que de un mercado. Los comerciantes compiten por dar los mayores gritos anunciando sus artículos mientras los clientes regatean y luchan por cada céntimo que puedan ahorrarse. Les va mucho en ello.

Son casi 150 puestos los contabilizados legalmente, según explica uno de los agentes de la Policía Local que patrulla la zona, Javier L. Precisamente, delante de este mercadillo se encuentra la sede central de este cuerpo municipal de seguridad. Pero ni esa presencia ha variado la degradación de ese distrito.

Javier L. con su compañero inspeccionando el mercadillo. (J. L. Losa)

Este policía, que creció en ese mismo barrio, lamenta en qué se ha convertido Los Pajaritos, que está tomando el relevo al Polígono Sur como punto de venta de drogas y de delincuencia. Recuerda los momentos tan complejos que los policías han tenido que vivir el pasado año, durante el confinamiento, cuando eran incapaces de hacer cumplir la prohibición de salir a la calle en esta zona.

Buena parte de los drogadictos de la ciudad seguían acudiendo a esos sitios a buscar su dosis. Pero no eran los únicos. Muchas familias del barrio se reunían por las tardes-noches y hasta encendían sus candelas, haciendo caso omiso de las autoridades y recibiendo con insultos y hasta agresiones a los agentes que les pedían que volvieran a sus casas para evitar la propagación del virus.

Los meses de confinamiento han sido dramáticos en estas casas, muchas de ellas habitadas por familias desestructuradas. La mayoría viven de trabajos en la economía sumergida que, debido a la pandemia, no podían ejercer, desde recoger cartones y chatarra a obras y chapuzas, venta en mercadillos y, los más afortunados, el sector de la hostelería, que también estaba cerrado.

Por ello, durante varios meses no tenían forma de conseguir dinero con los que pagar no ya sus casas, agua o luz, sino sus alimentos. Afortunadamente, la red de asociaciones civiles y las organizaciones religiosas que existe en estos barrios es un ejemplo de solidaridad que ha suplido en muchas ocasiones la lentitud con la que se mueven las Administraciones públicas.

Les ofrecen prácticamente de todo, desde asesoramiento a los inmigrantes para empadronarse, a ayuda a familias necesitadas

"A veces, cuando van a los asuntos sociales de la Junta de Andalucía o del Ayuntamiento les mandan a que vengan a hablar con nosotros primero", asegura Loli García, la directora de Cáritas en la parroquia de la Blanca Paloma (Los Pajaritos), donde llegará esta tarde el Gran Poder.

Esta institución de la Iglesia tiene también otros dos centros en las parroquias de La candelaria y de Madre de Dios, en las que cuenta con más de 30 voluntarios y con los que atienden a casi 500 familias cada mes. Les ofrecen prácticamente de todo, desde asesoramiento a los inmigrantes para empadronarse o aprender español, a ayuda a familias necesitadas (comida, suministros básicos, alquiler, gafas o problemas bucales, etc.), acompañamiento en casas a ancianos que no salen a la calle, ayuda a empleabilidad…

Hay pocos "marrones" en los que no se embarque este colectivo que lleva años trabajando en estos barrios con una labor callada que confían que salga a la luz con esta visita del Gran Poder. "Solo queremos que nos conozcan para que vean aquí hay mucha gente buena y nos ayuden". Falta les hace. La colecta en la misa del primer domingo de cada mes en estas tres iglesias es irrisoria para las necesidades del barrio. Afortunadamente, cuentan con la ayuda solidaria del Fondo Diocesano de Cáritas en Sevilla, que dirige Mariano Pérez de Alaya.

Estos últimos meses, también han notado el empuje de las cofradías de Sevilla, con una iniciativa que está liderando la Hermandad del Gran Poder no solo en cuanto a ayuda económica sino también en voluntarios y concienciación. Porque una de las claves de esta salida extraordinaria del "Señor de Sevilla" es conseguir implicar a toda la ciudad y tender puentes del casco histórico con su periferia.

La última salida extraordinaria de esta imagen fue en el año 2016 desde su templo en la céntrica plaza de San Lorenzo hasta la cercana Catedral de Sevilla, y en su breve recorrido movilizó a más de 100.000 personas, según estimaciones oficiales del Ayuntamiento. No se sabe en esta ocasión cuánta gente saldrá a la calle, y aún menos cuántos sevillanos dejarán el centro de la ciudad para conocer la realidad de estos barrios periféricos.

Pero la intención de esta hermandad es que muchos miles de fieles acudan durante las próximas tres semanas a rezar al Gran Poder a estas tres pequeñas iglesias de barrio y, de paso, ver una Sevilla que no solo está oculta a los turistas sino a los propios locales, que suelen vivir de espaldas a uno de los mayores problemas a los que se enfrenta esta ciudad. Frente a la España despoblada, siguen creciendo barrios en los que la falta de recursos económicos y el olvido de las administraciones públicas los convierten en un "polvorín".

Así lo explica también el portavoz de la plataforma cívica Tres Barrios-Amate, Fernando Armas, quien lamenta "el crecimiento del paro", "las carencias educativas y sanitarias", "el raquitismo de los servicios sociales" y "el progresivo empeoramiento de la convivencia vecinal" que ha ido expandiendo los niveles de exclusión social de toda la barriada.

A su juicio, "la vivienda ha sufrido un singular deterioro. Se trata de un barrio superpoblado: sus habitantes están hacinados en una densidad siete veces superior a la media de Sevilla". Por todo ello, exige "una urgente solución de carácter global, con la rehabilitación del barrio en su integridad". Existe un plan integral aprobado en el año 2009 que sigue en algún cajón oficial como una "carta a los Reyes Magos". El alcalde de Sevilla, Juan Espadas, no estará hoy en esta procesión del Gran Poder porque ha acudido a Valencia para participar en el Congreso Federal del PSOE junto a Pedro Sánchez.

Bloque de viviendas en Los Pajaritos. (J. L. Losa)

Mientras llega esa solución integral, sigue siendo fundamental la implicación de las entidades vecinales y religiosas, además de la ayuda de un grupo de empresas que colaboran desinteresadamente. Por ejemplo, solo en el último año, la Fundación "La Caixa" ha destinado más de 180.000 euros a distintas asociaciones y entidades que desarrollan su labor en esta zona de la capital. Entre estos destacan el reparto de 350 cestas de comida en Navidad, llevado a cabo con la propia Hermandad del Gran Poder; el apoyo a Prodeam para la atención en sus instalaciones tanto a mayores como a niños de Tres Barrios; o el acompañamiento a las parroquias de la zona en sus iniciativas para mejorar la calidad de vida de las familias del entorno.

Los vecinos piden a las administraciones y a estas empresas "más trabajo que limosna", pero la realidad es que buena parte de ellos carecen de cualificación profesional para entrar en el mercado laboral, con niveles récord de analfabetismo debido a un abandono precoz de los estudios. Esta situación se aceleró especialmente hace quince años, en el 'boom' inmobiliario, cuando muchos chicos dejaron las aulas para trabajar en la construcción, donde se pagaban importantes sueldos.

Sin embargo, el estallido de la burbuja financiera e inmobiliaria entre 2007 y 2008 dejó a los jóvenes de varias generaciones sin estudios, sin trabajo y sin futuro. Ahora, los trabajadores sociales del barrio se empeñan en que las familias hayan aprendido la lección y se evite el absentismo escolar en los tres colegios existentes en la zona, dos públicos y uno concertado.

Estas iglesias y sus salones parroquiales son el lugar de acogida y de reunión de cientos de vecinos de distintas razas

Los tres barrios eran una zona obrera nacida en los años 70 donde vivían varios miles de trabajadores de las cercanas plantas de cervezas Cruzcampo, de los tejidos de Hitasa o de la fábrica de contadores, pero el cierre de estos centros productivos los llevó al paro, la pobreza y la exclusión, que se ha acelerado en los últimos años con varios clanes de drogas que se han hecho con numerosas manzanas.

Frente a tanto problema, las tres parroquias que va a visitar el Gran Poder durante estas tres semanas —Blanca Paloma (Los Pajaritos), La Candelaria y Santa teresa (Madre de Dios)— son un "verdadero punto de encuentro del barrio y sus gentes", según explica orgullosa Sonia Moreno, trabajadora social de Cáritas. Más allá de ser simples centros religiosos, estas iglesias y sus salones parroquiales son el lugar de acogida y de reunión de cientos de vecinos de distintas razas, creencias religiosas y países, especialmente de marroquíes/subsaharianos y latinos, que aquí son siempre bien recibidos. De hecho, la llegada de estos inmigrantes, con muchas ganas de trabajar y rehacer sus vidas, ha salvado muchas situaciones complejas en viviendas ocupadas por locales con otras intenciones.

Foto: Jesús del Gran Poder, en la iglesia de San Lorenzo de Sevilla, en 2020 (EFE)

La labor de estas entidades será hoy refrendada por el Gran Poder en una visita políticamente incorrecta que sacará los colores tanto a las instituciones públicas como a los propios sevillanos, que durante décadas han vivido de espaldas a una realidad que también forma parte importante de su ciudad.