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El PDeCAT llega a Perpiñán dividido por el papel que juega ante Puigdemont

El PDeCAT acude a Perpiñán muy tensionado por las distintas posturas de sus líderes ante el futuro del partido y de su papel en la reordenación del espacio postconvergente, un cambio que precisamente estaba esperando el acto de hoy en el sur de Francia como llave para llamar a la unidad del independentismo. Pero cada uno de los líderes, empezando por Carles Puigdemont, propone una solución diferente y que difícilmente puede casar con la que ponen sobre la mesa sus antagonistas. Las contradicciones más obvias son las del propio Puigdemont con el fundador del partido: Artur Mas, pero no son las únicas.

Puigdemont lleva meses llamando a la unidad, pero con un plan no anunciado pero sí ejecutado: colocar al actual 'conseller' de Políticas Digitales, Jordi Puigneró de nuevo presidente de la Generalitat y volver a reservarse él, y solo él, el poder de volver a convocar elecciones en Cataluña. Se trata, por tanto, de mantener el esquema que en la actualidad representa Quim Torra: una Generalitat tutelada a distancia por Waterloo.

Por su parte, Artur Mas, argumenta lo contrario, eso sí también llamando a la unidad. Ha aprovechado la promoción de su libro para dar diversas entrevistas en las que defiende justo lo contrario: que la Generalitat ha de centrarse en la gestión del día a día y que "el 'procés' debe seguir desde fuera de la Generalitat". Según la versión de Mas, el trabajo por la independencia ha de estar en manos del Consell per la República, pero no de la Generalitat "que es una administración española". Mas lo que propone, en esencia, es finiquitar el modelo en el que la Generalitat depende de Waterloo. Justo lo opuesto de lo que plantea Puigdemont. Las diferencias son tan profundas que Mas, que en principio iba a dar un discurso en Perpiñán, al final solo asiste hoy como participante.

La oposición se extiende al papel que ha de jugar el PDeCAT. Tanto Mas como el presidente del partido David Bonvehí aspiran a que la formación tenga un papel preponderante en el nuevo espacio postconvergente. En cambio, Puigdemont quiere diluir el partido y las siglas en JxCAT a través de una fusión con el grupo parlamentario en el que también participen La Crida y las organizaciones vinculadas a la ANC, como Primàries. Todo para que el PDeCAT quede reducido a la marginalidad.

Otras fuerzas

Mas y Bonvehí quieren que se reconozca su verdadera fuerza en la fusión, en especial su peso municipal. Además, otros líderes del partido abogan por que la formación siga en solitario. Es el caso de Marta Pascal, que dejó esta semana su escaño de senadora para afianzar su carrera política. Pascal quiere que el PDeCAT siga en solitario y no participe en fusión alguna. Los seguidores de Marta Pascal no son los mayoritarios, por lo que todo podría apuntar a una ruptura del partido. El 7 de marzo ya está convocada otra asamblea del País de Demà, la plataforma política que se creó en Poblet. El 5 de marzo se celebrará un ciclo de debates sobre la familia en Barcelona. No está previsto que Pascal acuda a Perpiñán.

Marta Pascal puede romper el partido, Artur Mas quiere jugar un rol de árbitro y Damià Calvet hace la guerra por su cuenta en medio de esta crisis

Si Marta Pascal es la principal fuerza centrífuga del PDeCAT, otras apuestas responden más al viejo estilo. Es el caso del 'conseller' de Territori, Damià Calvet, identificado con el sector más tradicional del partido, el que había liderado Felip Puig y había aupado a Artur Mas hasta la presidencia. Hace dos semana que Damià Calvet se ha propuesto para presidir la Generalitat pero no ha recibido apoyos destacados. Ni siquiera de Artur Mas que sería uno de los que podría sentirse identificado por esta opción.

En tierra de nadie

En contra de muchas voces, Artur Mas quiere jugar un papel de padre espiritual del partido, se acabe llamando como se llame. Busca un rol de árbitro, no de disputarle a Puigdemont su liderazgo. Su problema es que con tantas fuerzas discrepantes acaba anclado en tierra de nadie. Y no hay nada más triste que un árbitro al que no consulta nadie. Y ese es el riesgo de su posición, que puede que no contente a nadie.

Carles Puigdemont cuenta con la fuerza de su tirón electoral. Pero su figura también divide mucho al partido. Hay partidarios acérrimos, como es el caso del nuevo favorito, Jordi Puigneró, pero algunos de los que más le defendían han dejado el partido, como es el caso de Elsa Artadi. Por tanto, el partido acude a Perpiñán muy tensionado. Y las conversaciones en las que llevan meses enfrascados Bonvehí y Jordi Sànchez, en su calidad de presidente de La Crida, parecen estancadas.