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Spain

Elliott Murphy vuelve a no fallar

Un concierto del roquero romántico neoyorquino Elliott Murphy que arranca con 'Drive all night' y termina con 'On Elvis Presley's birthday' (drivin', drivin', drivin'…) no puede estar mal. Y eso que duró dos horas la cita dominical en el 27º Musiketan, el ciclo de conciertos en pequeño formato patrocinado por EL CORREO. La Sala BBK agotó las entradas con antelación y 19 canciones sonaron en 117 minutos mano a mano con su escudero galo Olivier Durand: «el mejor panderetero de… su casa» le presentó una vez, y otra vez informó Elliott: «este 2020 cumplo 47 años en la carretera, y los 24 últimos junto a Olivier». Y el yanqui vecino de París, más delgado y menos encorvado que en visitas precedentes, ofició inspiradísimo y dio un concierto similar, o superior, al del año pasado en el Musiketan, ese que titulamos 'El mejor Elliott Murphy del siglo XXI'.

El inicio fue majestuoso, tan elevado que pensamos que apuntaba a lo mejor del año. Una suerte de folk-rock de guitarras cristalinas y contemporáneas, o sea modernas, y con potencial transversal. Raúl El Guapo comentó que las dos guitarras acústicas sonaron demasiado alto, pero es que si suenan bajas es todo más blando. Pues eso, que las ocho primeras piezas cursaron turbadoras, conmovedoras, naturales: su standard 'Drive all night' en versión lánguida, la novedosa 'Someday all this will be yours' con aura de trovador, sentida y contenida 'Take that devil out of me' (el primer momento en que se pidieron palmas), el swing afrancesado 'Deco dance' («esta es vieja y hacía mucho que no la tocaba», ubicó Raúl El Guapo), el título que califica como la primera canción protesta del siglo XXI y que es 'What the fuck is going on' («a los doce años, en 1961, agarré mi primera guitarra, y entonces estaba de moda la canción protesta; en 2008, en plena crisis económica, escribí esta canción que en dos semanas en Spotify ha obtenido 50.000 streams»; sí, también aparece en su nuevo disco, 'Ricochet'), o la triste y atemporal 'Thirty was a long time ago'.

Olivier Durand y Elliott Murphy, 24 años juntos.
Olivier Durand y Elliott Murphy, 24 años juntos. / CARLOS Gª AZPIAZU

El punto de inflexión fue la novena pieza, la versión de Nancy Sinatra 'These Boots Are Made for Walkin', antes de la cual contó una cosa que ya le habíamos oído: «he compuesto muchas canciones de amor en todos los sentidos, además antes hacía canciones de coches hasta que Bruce Springsteen ya las escribió todas, y también tengo canciones sobre botas». Y en este pasaje concatenó la de la hija de Sinatra y su original 'Chelsea boots', cuando nos contó otra cosa ya oída: «Este es mi portaarmónicas. Lo compré en 1971. Ahora es la única parte original que queda de mí».

La segunda parte estuvo bien, pero ruló levemente más irregular, una pizca menos inspirada y mucho más populista: encendiendo las luces de la Sala BBK, poniendo al público en pie, pidiendo palmas cada dos por tres, e insistiendo en los coros («he tocado en Tokyo y ahí cantan bop-bop-bop con más fuerza que aquí», reprochó al público siempre de su parte en 'Alone in my chair').

Olivier Durand, nacido en Le Havre hace 52 años.
Olivier Durand, nacido en Le Havre hace 52 años. / CARLOS Gª AZPIAZU

No obstante lo cual, también gozamos de numerosos estupendos momentos en esta segunda parte: en la introvertida y flotante 'You Never Know What You're in For', el folk melódico 'Navy blue' (también novedad de su disco 'Ricochet'), la punzante 'A Touch of Kindness' (dedicada al promotor que le trae a Bilbao desde hace 27 años, desde la primera edición del Musiketan, la del curso 1993-94, o sea a José Ángel Serrano, quien se acaba de jubilar), y ya en el bis cuádruple el folk rock 'Come on Louann', una reposadísima 'Green River' («Bilbao también me ha inspirado para componer canciones, y esta trata sobre vuestro río», explicó) o el adiós con el pico emotivo, con la cima de la cita, con la mejor interpretación de la buenísima velada, la mentada 'En el cumpleaños de Elvis Presley'.

Elliott y Olivier actuaron el viernes en Leioa y el domingo en Bilbao, y en ambos auditorios agotaron. Seguro que los espectadores que repitieron en ambas plazas gozaron por igual.

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