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En el rodaje de 'El último vaso', una noche en la hoguera del cine

Son las 2:19 de la madrugada y hace mucho frío. Por suerte, van haciendo cafeteras a cada rato, hay un microondas para calentar el caldo de bote, las mantas son un bien preciado y también está la calefacción de los coches. Aunque, sin duda, la mejor opción es rodear la hoguera que han encendido los bomberos –quienes mejor que ellos– hace ya un rato. Ese fuego será lugar de encuentro para todo lo que resta de noche y es el mejor símbolo de la llama del cine que Curva Polar, la Escuela Superior de Imagen y Sonido, ha encendido con el potente proyecto de El último vaso, un cortometraje social sobre cómo el alcohol puede sesgar la vida de unos jóvenes. Sobre el asfalto, mucho talento: el de jóvenes actores, figurantes con mucha cuerda y el del hombre detrás de la cámara, Jaime García, un curtido realizador barcelonés con gran experiencia en el videoclip y la publicidad que desde hace años trabaja con su productora a medio camino entre Granada y Nueva York para poner su sello en la ficción. Junto a ellos, alumnos con mucho potencial y un saber hacer muy profesional.

Tras cuatro días sin tregua, llega la traca final del rodaje en el abandonado polígono de Marchalendín, el escenario que sirve de localización para grabar las dos últimas escenas que faltan. El 'set de rodaje' no tiene que envidiar al de una superproducción al estilo de Hollywood, dicho por alguien que sabe lo que es aquello. Un enorme despliegue en el que se intercalan tiendas de campaña para toda la parte técnica con una escenografía para la filmación montada con coches encendidos, dos camiones de bomberos, una ambulancia, un coche de policía, vehículos destrozados y mucha pasión. Sin este último elemento no se entiende qué hacen medio centenar de personas trabajando toda la noche bajo el frío y mojándose una noche sin lluvia. De hecho, hace ya semanas que no llueve en Granada.

Pero Curva Polar se ha empeñado en que caiga un chaparrón esta madrugada en medio de este escenario apocalíptico por el que pasean más de cincuenta 'locos'. En realidad, están más cuerdos de lo que parece y tiene todo el sentido lo que está creando esta crew que conforman todo el equipo técnico del corto formado por los profesores al frente del rodaje y los alumnos de la escuela dejándose la piel, un equipo de los Parque Norte de Bomberos de Granada, dos trabajadores de ambulancias, los actores y un 'plumilla' que ha ido a hacer un reportaje de un rodaje profesional por dentro y ha acabado dentro de él con chaqueta de Policía Local de Alhendín. No se asusten. Es cine y bien hecho.

"Es de lejos lo más ambicioso que hemos hecho en Curva Polar", asegura Enrique Arias, el jefe de estudios de una escuela que lleva más de 15 formando a profesionales del audiovisual y con un bagaje extenso de grabaciones, colaboraciones, nominaciones, premios y otros proyectos. "En un rodaje así nadie te sobra", afirma convencido en alusión al trabajazo que están haciendo los alumnos del segundo curso del título de RAE (Realización de Proyectos Audiovisuales y Espectáculos) y también algunos del titulo de Sonido, que ayudan al profesor Pedro Sáez. Él y el resto de 'maestros' coinciden en el entusiasmo y cómo se han volcado los aprendices de cine en esta historia.

Los alumnos son los que han hecho el guión de El último vaso para la asignatura con Jaime García y los que se han repartido el trabajo en ayudantes de dirección, de cámara, de arte, de fotografía, eléctricos, productores y todas las tareas que haga falta. Algunos llevan desde las tres de la tarde del día anterior y saben que no dormirán hasta las diez. Además, sobre sus hombros cargan otras tres jornadas de rodaje a tiempo completo. De ahí, que las frases más escuchadas sean las de "mañana no contéis conmigo" o "que acabe ya".

"Es un trabajo de todos", indica Jaime García, el director del corto encantado de esta colaboración grupal y de ponerse a los mandos del guión de sus alumnos. Porque en el fondo es él quien 'trabaja para ellos', aunque sobre el papel sea al revés. "Producciones así sólo las he visto en Estados Unidos", asegura este realizador y creador de la productora Eslack junto al productor Efrén Cea y el director Ray Hungría, con quienes ultima su primera serie y su primer largometraje. En 2011 logró un galardón en Sitges con otro corto, viene de ganar un Óscar dominicano y está convencido de que El último vaso va a ser un corto de premio, por lo que coincide con el jefe de estudios en que lo presentarán a festivales en los que pueda encajar

A ello ayuda la capacidad de los otros 'cabecillas', pues a Jaime García lo secunda el profesor Jaime Pérez, un eléctrico con "mucho rock and roll" que es la mano derecha del realizador a la hora de ejecutar las imágenes. Este joven director de fotografía granadino empieza a estar muy cotizado en la industria y es todo un seguro para el director. El 'trío jaimil' lo completa Jaime Cinca, otro profesor de la escuela encargado de la foto fija y que también se ha batido el cobre en la producción trayendo, por ejemplo, ochenta hamburguesas desde Armilla a Alhendín para que los cuerpos aguanten.

Junto a los 'jaimes' y Pedro Sáez de sonido, destaca el talento sin ambages de dos profesoras que se encargan del maquillaje y la dirección de arte. Para retratar la sangre del accidente de tráfico que centra la historia de El último vaso se ha contado con María Katt, una profesional más de 15 años de experiencia en peluquería, maquillaje y efectos especiales que trabajó en Desenterrando Sad Hill, un corto nominado al Goya. Al frente de los escenarios y el estilo está la jefa de arte Paula Fernández, quien pasó por Curva Polar como alumna y ahora es profesora de la escuela compaginándolo con la industria.

"Cuando llegué a Granada vi que había mucho talento pero sin pulir, un diamante en bruto", asegura Jaime García, que se marcó el reto de impulsar el audiovisual granadino. Rodó Sin aliento, un filme con Echanove del que hay tráiler pero todavía no se ha estrenado. Este proyecto le sirvió, entre otras cosas, para conocer al equipo del Parque Norte de Bomberos de Granada y en particular a Simón Soriano, un 'apagafuegos' con o sin uniforme con mucho descaro para ponerse delante de una cámara.

"Es muy interesante poder colaborar en este tipo de proyectos con claro mensaje social", asegura este bombero que ha tirado de varios compañeros del Parque Norte para que hagan de extras. Gracias a su labor se han podido destrozar los coches y remolcarlos hasta el polígono de Alhendín o simular la lluvia de la escena que presenta el clímax de la historia con un accidente frontal. "También hacemos de asesores y aportamos ideas para que tenga connotaciones realistas", apunta este jefe de guardia, al que le pica el gusanillo del cine pero que además está encantado de concienciar a través del arte. "Si podemos quitar aunque sea a una víctima de la carretera, bienvenido sea", dice el enérgico Simón, al que a las seis de la mañana y con una hora para rodar contrarreloj antes de que salga el sol le quedan pilas de sobra: “Es que esto me gusta", admite con una sonrisa.

En el grupo de bomberos 'se cuela' un profesional de la actuación como José Varela, un hipster malagueño con muchas clases de interpretación a su espalda y carrera en el mundo de la figuración. El trío de guasones lo completa Ángel Navarro, un actor granadino con sobrada experiencia en cortos, publicidad, series, películas y teatro que hace de civil nervioso ante el accidente y al que un policía tiene que tranquilizar.

"Tiene que gustarte", asegura este artista simpático, aunque lo elijan para "papeles de mala hostia", y al que no le hace mucha gracia acabar empapado pero lo toma con filosofía. También se cachondea de Varela porque a última hora le toca al malagueño el chaparrón gordo.

El protagonismo es para los cinco jóvenes talentos que ponen cara al corto. El granadino Víctor Castillo, quien ya había trabajado con Jaime García y accedió rápido a la llamada: "No sé cómo todavía me sorprender", asegura este actor con experiencia en películas y series televisivas, que saldrá pronto en una producción de Amazon. "Es maravilloso lo que están haciendo", asegura este artista al que le impacta el mensaje social del corto. La madrileña Marta Cruz asegura que "es un placer trabajos con profesionales así" y la jienense Antonia Carrasco, que estudia Interpretación, lo resume en "es una pasada, se lo está currando muchísimo la escuela y es un gusto trabajar así". La nómina interpretativa la completan Juanjo Sanz, Iriome Marín, Agustín Cascón y María López además de algún extra más.

Es una superproducción de varios días que hubiera cientos de miles de euros reducida a unos pocos y levantada con mucha imaginación y empatía de los que han puesto de su parte. Desde Curva Polar están agradecidos de por vida a Bodegas Pilongo de Monachil; al Centro Psicopedagógico Reina Sofía de Armilla y en especial a Mercedes Martínez y al director Don Ernesto Rosales; a la Diputación; al Consorcio de Transporte Sanitario de Granada, a Ambulancias Alhambra; al Parque Bomberos Norte de Granada, y en especial al incombustible Simón Soriano; al Ayuntamiento de Alhendín y a su jefe de la policía Manuel Domínguez; y a Cheng Peng, por sus artilugios y su gran conocimiento.

Son casi las siete y hay miedo a que los primeros rayos de sol no dejen completar la faena. Se han acabado las palmeritas de chocolate y los cruasanes. El café está en vena. La claqueta ha sonado una veintena de veces para repetir una y otra vez lo mismo después del "3,2,1 acción" mientras el suelo está chorreando y no es lluvia. Todos los actores han buscado la manera de secarse mirando al fuego y no pillar un catarro de mil demonios. No hay un aplauso que suene como el de un equipo de cine cuando después de varias tomas, llega la definitiva. Sobre todo, cuando se está empapado.

Más de uno ya sabe que acostarse con el cine es levantarse mojado. Entra la mañana, el trabajo está hecho, y los abrazos afloran tras cuatro días pegados los unos a los otros, aunque a los alumnos y al director de la escuela les quedan todavía un par de horas hasta recogerlo todo y llevar a los actores. El realizador y los jefes del cotarro se sientan a ver amanecer con una manta frente la hoguera tras la magia del cine, que tiene mucho de mentira pero bastante más de verdad. Ya habrá tiempo para pensar el montaje. "Ahora quiero dormir pero cuando lo mire en perspectiva será increíble", reconoce Enrique Arias.