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Internet de las cosas: la tecnología invisible

Hubo un tiempo en el que saber, desde la distancia, cuántas botellas de Coca-Cola quedaban en una máquina expendedora resultaba revolucionario. Fue así como nació el internet de las cosas (IoT, por sus siglas en inglés): cuando los estudiantes de la Universidad Carnegie Mellon, cansados de caminar hasta la máquina sin saber si habría refrescos, la conectaron a una red de ARPANET. Cuatro décadas más tarde, aquel discreto hito demostró ser profético. Hoy existen unos 10.000 millones de objetos conectados en todo el mundo. Y solo es el principio. Llegará un día en el que tengamos una vida 100% conectada y podamos controlar remotamente todo lo que nos rodea. El IoT consiste en conectar los objetos a internet para que interactúen y compartan información. Hace referencia al uso de sensores y antenas de comunicación integrados en los objetos físicos, lo cual permite captar datos y controlarlos en remoto. La idea es que la tecnología esté incluida de modo transparente en el entorno de la persona, lo que se conoce como "computación ubicua" o "inteligencia ambiental". Ejemplos de dispositivos actuales de IoT son wearables como esas pulseras que monitorizan nuestra condición física; la tecnología domótica, que gestiona en remoto las luces, el aire acondicionado, las alarmas, la calefacción del hogar, o la conexión de la maquinaria de las empresas para detectar y prevenir fallos en su funcionamiento. Cuando se hace uso de la información capturada a través del IoT, se consiguen potenciales beneficios en ahorro de costes, automatización de procesos y mejora de productividad.

Las aplicaciones IoT funcionan en cinco pasos: primero, se obtienen los datos sobre el objeto, después se transmiten a través de la antena a la red y luego se agregan para, finalmente, compartirlos. El último paso es analizarlos y adoptar una acción sobre esa información.

El uso del IoT ya se da en numerosas industrias. Los hospitales tienen aplicaciones de control biométrico y vigilancia en tiempo real de enfermedades crónicas, como las cardíacas o la diabetes. En agricultura, los sensores miden las condiciones atmosféricas y el estado del suelo, lo cual permite planificar el uso del agua o de los compuestos químicos. Las Administraciones públicas usan el IoT para medir la calidad del aire, coordinar el transporte o mejorar el uso de los recursos energéticos. En hostelería las cocinas garantizan la correcta temperatura de sus aparatos e instalaciones, y las empresas de manufactura, de logística o las piscifactorías afianzan con IoT la calidad de los procesos y maquinaria.

Pero si hay un lugar en el que la IoT brilla con esplendor es en las ciudades inteligentes, enfocadas a crear entornos más sostenibles, electrificando el transporte público e instalando sensores para mejorar los servicios urbanos.

La IoT, sin embargo, ha debido superar varios obstáculos tecnológicos. Uno ha sido la complejidad en el análisis de datos captados, ya que son heterogéneos y necesitan ser adaptados. Esto se ha solventado con el avance de las técnicas de depuración de datos de inteligencia artificial.

Otro obstáculo ha sido la diversidad de antenas existentes, cada una con un protocolo diferente, como Zigbee, Z-wave, RFID o BT, lo que condiciona su grado de desempeño. Por fortuna, la red de comunicación 5G sentará las bases tecnológicas necesarias para proveer una mayor velocidad de conexión.

Finalmente, está la reticencia del propio usuario a adoptar IoT por miedo a perder el control de su entorno, al estar completamente conectados. ¿Qué pasa si hackean el cerrojo conectado de mi casa y me quedo sin poder entrar? ¿Dónde se almacenan los datos que se capturan y quién tiene acceso a ellos? Estas son preguntas que también se han hecho las entidades de estándares tecnológicos oficiales como el National Institute of Standards and Technology y han comenzado a definir las políticas, principios y guías necesarias para el uso apropiado de dispositivos IoT evitando vulnerabilidades de seguridad.

De acuerdo con distintas previsiones, el número de objetos conectados crecerá rápidamente y podría duplicarse en unos cinco años. Los avances en conectividad y en inteligencia artificial nos permitirán una mejor gestión de nuestras vidas: evitar potenciales enfermedades, mantener un consumo energético eficiente, monitorizar la calidad del aire, mejorar el tráfico y muchas cosas más. La tecnología IoT está llamada a cambiar la forma en que trabajamos, vivimos e interactuamos con nuestro entorno.

Elena Yndurain es profesora de Sistemas y Tecnologías de la Información de IE Business School.

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