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La memoria herida del Beirut histórico

Veinte años se prolongaron los trabajos de rehabilitación del Museo Sursock, en Beirut, para borrar los estragos de la guerra civil en la que se sumergió el Líbano entre 1975 y 1990 y poder reabrirlo al público. El 4 de agosto pasado, bastaron pocos segundos para devolver esta joya histórica a sus tiempos más oscuros. Las explosiones originadas en un almacén con 2.750 toneladas de nitrato de amonio hicieron añicos sus cristales y vidrieras coloreadas, descabalgaron cuadros, quebraron estatuas, rompieron vasijas, derrumbaron techumbres, estropearon artesonados y lo cubrieron todo de cenizas y escombros.

El Museo Sursock data de 1912 y se alza, rodeado de jardines, frente al palacio del mismo nombre que esta dinastía greco-ortodoxa erigió en el centro histórico de Beirut. Construido en 1860 por Musa Sursock, el magnífico palacio de estilo veneciano-otomano siempre ha sido una insignia del Beirut más cosmopolita. Los Sursock fueron una rica familia de terratenientes y mercaderes que atesoraron obras de arte durante tres generaciones. Nicolas Sursock legó a su muerte, en 1952, su casona a la ciudad de Beirut para convertirla en museo.

Los palacetes de la familia sobrevivieron a dos guerras mundiales y, aunque gravemente dañados, a la guerra civil libanesa. Ahora, a la inabarcable pérdida en vidas humanas -casi 200 personas murieron por las explosiones- y el enorme dolor de los heridos -más de 6.000, muchos con graves secuelas que les acompañarán para siempre- se añade la terrible pérdida de la riqueza cultural de la capital libanesa.

Como el palacio y el Museo Sursock, cientos de edificios históricos, archivos, museos, lugares de culto religioso o galerías de arte de Beirut han quedado heridos de muerte por las explosiones. Según el Ministerio de Cultura libanés, al menos 8.000 construcciones históricas se han visto afectadas por la onda expansiva. La mayoría se concentra en los barrios de Gemayze y Mar Mikhael, los distritos más golpeados por la tragedia, y en Ashrafiyeh, donde se erige el Museo Sursock.

Lady Yvonne Sursock Cochrane simboliza el drama de este memoricidio. Murió el 31 de agosto, a consecuencia de las heridas que sufrió por las explosiones, que le sorprendieron tomando el té, como solía, en la terraza de su mansión. Lady Yvonne tenía 98 años, casi la edad de su país, que celebró su primer centenario el 1 de septiembre. La aristócrata había consagrado su vida a la preservación del patrimonio arquitectónico local y fundó, en los años 60, la Asociación para la Protección de Enclaves y Edificios Antiguos. Su muerte coincidiendo con un nuevo ciclo de destrucción del Beirut histórico, deja a oscuras el antaño refinado y cultivado Líbano.

Una nueva amenaza: el agua

Tras las explosiones, la última amenaza a la que se enfrenta el patrimonio cultural de Beirut son las inminentes precipitaciones. "Debemos cubrir 100 edificios históricos antes de que lleguen las lluvias", alertó Sarkis el Khoury, director general de Antigüedades del Líbano, en una conferencia de prensa la pasada semana. Si no se llega a tiempo, "habrá muchos daños en los techos pintados y algunos edificios podrían derrumbarse".

Khoury afirmó que cuentan con "días o semanas como mucho, para acometer las obras" y concluyó: "Jugamos contra el tiempo". Según precisó, 45 edificios necesitan un apuntalamiento completo y otros 55, un refuerzo parcial. El país necesita 300 millones de dólares para la restauración de los daños al patrimonio, según el Ministerio de Cultura.

La Unesco se ha comprometido a liderar los esfuerzos para "recuperar y reconstruir la cultura y la herencia de Beirut". Según su evaluación, 652 de los 755 inmuebles clasificados como patrimonio histórico han sido golpeados por las explosiones. También se lamentan enormes pérdidas en importantes museos como el Nacional o el Arqueológico.

Organizaciones internacionales dedicadas a cuidar el patrimonio histórico están implicándose ya para ayudar a los libaneses a conservar el suyo. Una de ellas es la Alianza Internacional para la Protección del Patrimonio en las Zonas de Conflicto (Aliph), que ha firmado un acuerdo para realizar proyectos de rehabilitación por valor de cinco millones de dólares. Junto con el Museo del Louvre, ayudará a la Dirección Nacional de Antigüedades libanesa a rescatar los tesoros del Museo Nacional.

Sin cal para la reconstrucción

Pero no todo es dinero. El Líbano necesita también materiales como la cal, un bien escaso en el país. La ONG Live Love Lebanon ha advertido de que la falta de cal está complicando las labores de reconstrucción. "Tenemos un problema: no hay cal. Todas las casas históricas están hechas de piedra arenisca. La arenisca necesita cal, que no existe en el Líbano", señaló el presidente de la organización, Edouard Bitar, a la agencia France-Presse.

Ya antes de las explosiones había un clamor entre la sociedad libanesa para conservar el patrimonio histórico, que estaba siendo pasto de la especulación inmobiliaria. Tras la contienda civil, muchos inmuebles antiguos fueron vendidos a grandes constructoras que buscaban su demolición para construir rascacielos de apartamentos. Algunos resistían -como el edificio Barakat o el cine Beirut City Center, apodado 'El Huevo' por la forma de su cúpula- exhibiendo sus heridas de guerra a la espera, en algunos casos, de una rehabilitación para recuperar su antiguo esplendor. Como en un déjà-vu de los tiempos de Solidere en los 90, en los días posteriores a las explosiones del puerto se han reportado contactos con dueños de edificios históricos dañados a los que se les está ofreciendo comprar las construcciones por cantidades astronómicas. Se teme que estas viviendas acaben perdiéndose. Ante ello, el Ministerio de Cultura ha afirmado que trabaja para prevenir que los magnates de la construcción se beneficien de esta situación y ha enviado a técnicos para inspeccionar los edificios y elaborar planes de rehabilitación.

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