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Las rotaciones en Europa y en la Copa no dan sus frutos

Compaginar tres competiciones siempre es un dolor de cabeza para los cuerpos técnicos. Hay infinitas variables a la hora de escoger las alineaciones. Desde el descanso recomendable por los preparadores físicos o doctores, hasta aspectos emocionales de jugadores o incluso la propia salud del vestuario, con tal de hacer partícipe a toda la plantilla de los éxitos y fracasos del curso. El Espanyol ha encontrado distintas maneras de afrontarlas con tres técnicos desde julio.

Con David Gallego, las rotaciones eran escasas. Y eso le ayudó a clasificarse para la fase de grupos y acabar invicto. Ante el Zorya, el técnico catalán alineó a seis jugadores que ya habían participado ante el Sevilla en la jornada anterior y a siete que lo hicieron ante el Alavés en la vuelta disputada en Zaporiyia. Redujo el número en sus dos siguientes compromisos antes del despido. Cinco que jugaron en Ipurua repitieron ante el Ferencvaros y otros cinco que cayeron en casa ante el Valladolid salieron de inicio en Moscú.

Pablo Machín diferenció claramente dos equipos. Solo repitieron dos jugadores en los dos encuentros ante el Ludogorets y ante el Ferencvaros en Budapest. Uno de ellos fue Diego López. El resultado fue sumar siete de nueve puntos. Ante el CSKA, ya clasificados, no repitió nadie de los que jugaron en el Bernabéu. El Espanyol perdió 0-1 y puso fin a su racha de 26 partidos seguidos sin perder en Europa.

Abelardo sigue el modelo Machín y eso que el Espanyol ha avanzado rondas. Ya en la Copa, en Anoeta, solo repitió un jugador de la victoria ante el Villarreal. Fue Javi López. El Espanyol cayó eliminado. En Wolverhampton repitieron dos (Wu Lei y Víctor Sánchez). Y el 4-0 habla por sí solo.