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Las terrazas con glamour hacen la competencia al Louvre en su reapertura

El Museo del Louvre, el más visitado del mundo, con 10 millones de entradas anuales, reabrirá sus puertas al gran público mañana lunes, en una situación y condiciones de distanciamiento forzoso, no solo físico, que comienzan por no suscitar un entusiasmo frenético. «Qué quiere que le diga, entre seguir una fila de señoras y señores enmascarados, para contemplar, durante unos instantes, algunas obras legendarias, o contemplar los reverberos de una puesta de sol en el cristal de la pirámide del Louvre, ante una compa de champán, me quedo admirando los rojos y rosas del atardecer, en una terraza próxima…», comenta Christophe Langlois, profesor de Historia del Arte, en Aix-en-Provence, que ha renunciado a visitar hoy el Louvre, ya hecha su reserva desde hace diez días.

El Louvre abrió su taquilla electrónica el 15 de junio. A partir de mañana, solo podrán entrar en el museo, por la puerta de la legendaria pirámide, los visitantes que hayan hecho sus reservas, dentro de unos horarios muy estrictos. Niños y beneficiarios de entradas gratuitas solo podrán entrar si tienen sus propias reservas.

Las grandes obras maestras, celebérrimas (la Victoria de Samotracia, la Venus de Milo, la Gioconda), podrán verse, pero siguiendo un trayecto previo, fijado con flechas, respetando distancias, con un tiempo limitado de contemplación individual. Casi todo el Louvre será accesible a los visitantes, pero seguirán cerradas grandes salas y espacios monumentales consagrados a la escultura medieval y renacentista, las artes de África, Asia y Oceanía, las artes del islam.

Solo se abrirán las taquillas de entrada directa, si el número de reservas (limitadas) así lo permite. La dirección del museo ha estudiado un modelo de visita en sentido único, marcado con flechas, sin posibilidad de retroceso o detenimiento excesivo. El respeto estricto del distanciamiento físico entre visitantes hará imposible el «vagabundeo»personal, al ritmo de la sensibilidad personal de cada visitante. El seguimiento de las flechas, al ritmo de la marcha colectiva, será la norma de rigor. El museo abrirá de 9 de la mañana a 6 de la tarde, salvo los martes, día de cierre. Quedan excluidas las visitas nocturnas. No habrá exposiciones especiales, hasta el mes de octubre que viene, cuando comience una nueva temporada.

El Louvre ha perdido 40 millones de euros de ingresos, durante el confinamiento. No será fácil recuperar esa pérdida, irreparable, que pudiera agravarse, si no se restablece con relativa rapidez el tráfico y la libertad de circulación entre Europa, Francia, París, EE.UU., China y otros países de varios continentes. «El 75% de los visitantes del Louvre son de origen extranjero, y muchos vienes de EE.UU., China, Corea y Brasil», comenta Jean-Luc Martínez, director del Louvre, agregando: «Esos visitantes extraeuropeos no podrán acompañarnos, claro está. Quizá sea una oportunidad para franceses y europeos, que tendrán el Louvre para ellos solos, digámoslo así».

El distanciamiento físico y la crisis de visitantes, para el Louvre, se ha transformado, en cierta medida, en una oportunidad para restaurantes, bares y terrazas próximas al gran museo nacional, antigua residencia real. El restaurante, bar y terrazas que funcionan en el mismo Louvre, con vistas, excepcionales, a la pirámide y el gran edifico, monumento nacional, se ha confirmado como un espacio ultraprivilegiado, donde se puede admirar el gran arte arquitectónico, clásico y contemporáneo, degustando vinos, aperitivos y comida muy «haut de gamme», a un precio consecuente.

Christine Le Fockmohan, que recibe a una clientela muy acomodada en la terraza del restaurante que se encuentra en una galería noble del Louvre, comenta: «Para nosotros, la crisis ha sido menos dura. Tenemos una clientela tradicional. Y estamos descubriendo una nueva clientela de turistas nacionales, que venían dispuestos a descubrir el Louvre y descubren que la degustación de vinos y buenos aperitivos puede ser un ocio muy cultural, a su manera».

El precio de la entrada al Louvre es de 17 euros, pagados con tarjeta a través de la taquilla electrónica, el mismo precio del cóctel «Blue Velvet» (ginebra, tónica, frambuesa y mora), un euro más caro que otro cóctel clásico de la casa, la «Palomita» (tequila, jugo de pomelo, limón y agua mineral con gas). Si el visitante se limita a mirar sin consumir, siguiendo las flechas del museo, el descubrimiento artístico quizá salga más barato que si decide abandonar sus ilusiones culturales, instalándose en una mesa, en la gran galería desde donde tiene la pirámide a sus pies, para hacer una comida ligera: las hamburguesas se cotizan por los 30 euros, las ensaladas por los 25, los sándwiches tradicionales por los 25/30. Los vinos franceses, entre 50 y 100 euros la botella. Los grandes champanes, de 200 a 390 euros la botella. Pero eso es ya gran gran arte muy clásico.

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