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¿Qué sabemos sobre el uso de la cloroquina e hidroxicloroquina frente al coronavirus?

Sociedad

CORONABULOS

EiTB

La OMS y varias agencias de medicamentos aseguran que su eficacia no está demostrada y advierten de sus efectos secundarios. Sin embargo, Trump y Bolsonaro se muestran favorables.

A pesar de que algunos dirigentes internacionales como los presidentes de Estados Unidos y Brasil, Donald Trump y Jair Bolsonaro, se muestren proclives a utilizar la cloroquina y la hidroxicloroquina para tratar la COVID-19, los expertos subrayan que su eficacia no ha sido demostrada en ninguno de los ensayos clínicos en marcha hasta el momento y advierten de que se pueden dar efectos secundarios graves en algunos casos.

De este modo, ante el revuelo surgido por las declaraciones realizadas por Trump en las que afirma que lleva un tiempo tomando hidroxicloroquina de forma preventiva junto con un suplemento de zinc, desde la iniciativa #Coronabulos puesta en marcha por EiTB para tratar de hacer frente a las noticias falsas que surgen alrededor del coronavirus hemos querido indagar sobre el tema.

Trump revela que toma hidroxicloroquina.

Esto es lo que se conoce hasta el momento:

Inicialmente recomendada por la Organización Mundial de la Salud (OMS) para tratar la malaria y otras enfermedades autoinmunes como el lupus, la cloroquina se ha empleado, al igual que la hidroxicloroquina, para intentar hacer frente a la pandemia provocada por el nuevo coronavirus. No obstante, la propia OMS advierte en su página web que "aunque están en marcha varios ensayos de medicamentos, hasta el momento no se ha demostrado que la hidroxicloroquina ni ningún otro fármaco puedan curar o prevenir la COVID-19".

Además añade que su uso indebido "puede provocar graves efectos secundarios y problemas de salud e incluso causar la muerte".

Advertencia de la Agencia Europea del Medicamento

En la misma línea, la Agencia Europea del Medicamento (EMA), a través de un comunicado hecho público el pasado 23 de abril, también descartaba que estuviese demostrada su efectividad: "Los datos clínicos obtenidos hasta el momento son muy limitados y todavía poco concluyentes, por lo que es necesario un mayor número de estudios antes de hacer conclusiones al respecto".

Asimismo, la agencia alertaba de que algunos estudios realizados recientemente muestran el surgimiento de "problemas médicos graves y, en algunos casos fatales, debido a la combinación de cloroquina con el antibiótico azitromicina".

"Es probable que estos tratamientos provoquen problemas hepáticos y renales, así como daños que pueden derivar en convulsiones e hipoglucemia", dice el texto.

En este sentido, la EMA recomienda al personal sanitario "supervisar constantemente" a los pacientes con coronavirus que estén recibiendo tratamientos con cloroquina y piden tener en cuenta posibles cardiopatías o problemas previos presentados por el paciente en cuestión.

"Se debe tener en cuenta la posibilidad de que se produzcan efectos secundarios, especialmente si se toman dosis altas, y actuar con gran precaución cuando se trata de combinar este tratamiento con otros medicamentos que puedan provocar efectos secundarios relacionados con el corazón", ha sostenido.

Trantornos del ritmo cardíaco y neuropsiquiátricos

La Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios (AEMPS) también ha mostrado en varias ocasiones sus reservas ante el empleo de la cloroquina e hidroxicloroquina en el tratamiento de la COVID-19,

Así, el organismo adscrito al Ministerio de Sanidad ya informó sobre sus posibles reacciones adversas el pasado 22 de abril. Así, según la AEMPS, su uso puede ocasionar trastornos del ritmo cardíaco en determinados pacientes, por lo que pide extremar la precaución, sobre todo cuando se den dosis altas y cuando se administren conjuntamente con otros medicamentos como azitromicina (antibiótico que se utiliza para tratar ciertas infecciones bacterianas).

La agencia recoge en su página web de que "aunque los datos son limitados, cloroquina/hidroxicloroquina constituyen un potencial tratamiento para COVID-19 y se están utilizando en la práctica clínica de forma extensa en estos pacientes, a dosis superiores a las recomendadas en sus indicaciones autorizadas y frecuentemente en asociación con azitromicina".

No obstante, recuerda que actualmente ningún ensayo clínico controlado y aleatorizado ha demostrado la eficacia de estos medicamentos para el tratamiento de pacientes con COVID-19.

De este modo, la AEMPS recomienda a los profesionales que informen a los pacientes que comienzan el tratamiento sobre los posibles signos y síntomas que sugieren un trastorno del ritmo cardiaco recomendándoles que consulten con el médico que les realiza el seguimiento en caso de que aparezcan.

Además, la AEMPS, igual que la EMA, advierte también de que cloroquina e hidroxicloroquina tienen otros riesgos potenciales, entre los que cabe destacar la hipoglucemia, los trastornos digestivos y los neuropsiquiátricos.

Al respecto de esto último, la Agencia Española de Medicamentos realizó una advertencia específica el pasado 14 de mayo donde señalaba que en pacientes tratados con hidroxicloroquina para hacer frente a la COVID-19 se habían notificado algunos casos graves de este tipo. En concreto, en estos casos los trastornos en el comportamiento han aparecido principalmente durante los primeros días de tratamiento y, o bien se habían descartado los antecedentes psiquiátricos o se desconocía esta información.

Según la nota publicada por la AEMPS, prácticamente la totalidad de los pacientes recibieron una dosis inicial de 800 miligramos el primer día seguida de una dosis de 400 miligramos diarios. "Aunque en la aparición de estos cuadros psiquiátricos pueden influir otros factores que pueden estar presentes en cada paciente como por ejemplo la propia enfermedad, estas reacciones están descritas para cloroquina/hidroxicloroquina", señalaba la AEMPS.

No obstante, añadía que la aparición de trastornos neuropsiquiátricos son "poco frecuentes".

Trump y Bolsonaro, a favor

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, es uno de los mandatarios internacionales se ha pronunciado en varias ocasiones a favor de la hidroxicloroquina, al que ha calificado de "muy poderoso", e incluso ha llegado a asegurar estar tomándolo.

Sin embargo, la propia Administración de Alimentos y Medicamentos estadounidense (FDA), agencia dependiente del Gobierno de Washington, ha matizado que se necesitan más estudios al respecto antes de poder sacar verdaderas conclusiones sobre su utilidad advirtiendo también de sus posibles riesgos relacionados con el ritmo cardíaco, por lo que únicamente recomienda su uso bajo prescripción médica.

Por su parte, el presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, también ha enarbolado la bandera de la cloroquina como salvación para la COVID-19 y ha ordenado su producción en masa al Ejército, una obsesión que ha provocado la renuncia del ministro de Salud, el oncólogo Nelson Teich, menos de un mes después de asumir el cargo.

El interés de Bolsonaro por este fármaco antipalúdico ha llevado a los laboratorios del Ejército a fabricar, en pocas semanas, 1,25 millones de comprimidos, sin que existan pruebas científicas sobre su verdadera eficacia contra la enfermedad, y ha precipitado la caída de Teich.

El mandatario ya destituyó al anterior ministro de Salud, Luiz Henrique Mandetta, por defender a capa y espada las medidas de aislamiento social, que censura con vehemencia el líder ultraderechista.

Además, Mandetta, en una entrevista concedida al diario Folha de Sao Paulo, ha explicado que ante la gravedad de la COVID-19 se optó por probar la cloroquina, un medicamento usado frente a la malaria, en "pacientes graves que estaban en los hospitales".

Los estudios desvelaron que el 33 de los pacientes "monitorizados con electrocardiograma continuo, tuvieron que suspender la cloroquina porque provocó arritmia que podría llevar a una parada", ha explicado, subrayando que esto era "un problema" ya que, si se imponía el uso generalizado, "puede ser que muera mucha gente en casa con arritmia".

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