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Una protesta color verde brócoli, verde esperanza

Los trabajadores del campo se levantaron este viernes con un ánimo distinto al de cada jornada cuando se dirigen a ejercer su labor. Ayer se despertaron, afinaron sus gargantas, se engalanaron con pitos, banderas, petos y bocinas y, con o sin tractor, emprendieron un viaje hasta la capital con el fin de defender sus derechos, dignidad y, muchos de ellos, «el pan de sus hijos». Los aledaños del palacio de San Esteban esperaban a miles de agricultores y ganaderos que deseaban catapultar sus reivindicaciones por las principales arterias de la capital de la Región.

Y así lo hicieron. Un grupo de trabajadores de Terra Fecundis fueron los primeros en llegar a la cita. Al grito de «¡compañero, únete!» o, incluso, al son del 'quejío' más profundo y reivindicativo, los integrantes del sector agrario entonaban distintos cánticos en defensa de sus trabajos. Fue pasadas las 10 horas cuando los representantes de las principales organizaciones entraron en escena. Como Miguel Padilla, presidente de COAG, que declaró previamente a la manifestación que «un tornillo sirve para apretar tuercas pero no te da de comer, no como los productos esenciales que aquí se defienden». También estuvieron figuras de UPA, Asaja, Proexport y Croem. Todos ellos pasaban por los micrófonos de los medios allí congregados cuando una de las noticias del día acontecía a pocos metros. La alcaldesa de Cartagena, Ana Belén Castejón, hacía acto de presencia frente a San Esteban y la gente reaccionaba abucheándola al grito de «¡políticos fuera!». Al otro lado, diputados de Vox como Pascual Salvador, Gestoso y Antelo, observaban la manifestación sin recibir improperio alguno y engalanados con un pin que rezaba: 'Lo primero, nuestro producto nacional'.

Larga espera

La música que salía de las gargantas de los agricultores amansó a todas las fieras y la manifestación siguió su curso. Minutos más tarde, los tractores, a los que se esperaba con ahínco para comenzar la protesta, enfilaban la Gran Vía procedentes del Campo de Cartagena, el Valle del Guadalentín y la Vega Media y Baja. Al mismo tiempo, los manifestantes daban sus primeros pasos. Pero solo unos pocos, porque no avanzaron ni 200 metros. Estos recibieron un alto en el camino al final de la calle Acisclo Díaz para que tractores y camiones continuaran su marcha. Sus conductores, sonrientes, quemando gasoil y fundiendo el claxon, fueron en procesión hasta la Delegación del Gobierno. Fue entonces cuando la cabeza de la manifestación emprendió su viaje por la Gran Vía, tras una espera de casi una hora en la que la impaciencia se dejaba notar en los rostros de los que allí se encontraban presentes.

Miguel Padilla, presidente de COAG: «Un tornillo sirve para apretar las tuercas pero no te da de comer»

El transcurso fue normal desde la casilla de salida hasta el destino final, donde se llegó a la hora de comer. Cuando el apetito se empezaba a abrir, los agricultores, deseosos de agradar a quienes les habían acompañado de la mano en defensa de sus derechos, sirvieron kilos y kilos de brócoli y coliflor directamente en la calzada. Todo esto, observado a vista de pájaro por el secretario general de la Delegación del Gobierno, Francisco Jiménez, desde la ventana del edificio. Algunos clavaban banderas de España en la verdura, pero la mayoría abrió sus bolsas y metió varios productos para degustar en casa de la mejor forma que saben: gratis.

Un anciano en el suelo

La lectura del manifiesto llegaba a su conclusión, y la protesta acariciaba el final cuando un señor de avanzada edad se caía al suelo y se golpeaba contra el bordillo de la acera. A pesar del revuelo formado y de que multitud de personas se acercaron en su ayuda, Alfonso Gálvez, de Asaja, no cesó en su 'speech' y continuó con la oratoria. El herido, que en un primer momento fue asistido por manifestantes, tuvo que ser atendido por servicios sanitarios.

Un anciano sufrió una dura caída en el final de la protesta y varias personas lanzaron brócolis a la Delegación del Gobierno

Cuando parecía que ya había acabado todo, uno de los organizadores pedía colaboración a los ciudadanos para retirar lo que los agricultores habían derramado, que no era otra cosa que centenares de brócolis y coliflores. Pocos ayudaron, pero algunos de los que lo hicieron no se llevaron el producto a casa: prefirieron lanzarlo contra las ventanas de la sede de la Delegación del Gobierno. Algo que cortó de raíz la Policía Nacional a los pocos minutos. Y así llegó a su fin la histórica protesta del sector agrario por las calles de Murcia con un color predominante: el verde, por el brócoli, y por el grito de esperanza que significa para los trabajadores del campo.

Caos circulatorio controlado en las calles del centro de la capital