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¡Yo, flexifeminista!

Me pregunto si a los partidos les pasará como a las personas: que vamos sustituyendo el ímpetu y la rebeldía de la juventud por el conservadurismo y el egoísmo de la resistencia; que quitamos el foco sobre el pastel de la vida (esa que nos íbamos a devorar) por el sentir nostálgico de lo zampado; y que acabamos por resignarnos a convivir con la atrofia insolente de los michelines. Lo digo por ese viaje al centro que todos nos venden y nadie se cree...

Dice un buen amigo que la escalera de la vejez es el estado angustioso (e irreversible) de la pérdida: ¡todo se cae! Literalmente. No hace falta soplar más velas de la cuenta para comprobar lo desagradecido que es nuestro ADN: miles de horas de sufrimiento para ponerte en forma y todo se pulveriza, ¡de la noche a la mañana!, con un insignificante esguince o la rotura de cualquier hueso. Los músculos se vienen abajo. ¡Sin contemplaciones!

Rosa Montero lo disecciona en La carne con irreverente desparpajo: cuando eres joven recorres el mundo con un cepillo de dientes y una muda; cuando te adentras en las edad madura, la maleta se llena de infinidad de cosas: las lentillas, la pomada antihemorroides, los laxantes contra el estreñimiento, los suplementos de soja para la menopausia, las píldoras del colesterol, la tensión y la próstata... ¡Si sigo me acusan de plagio!

No me extraña que con la pandemia se hayan disparado los trastornos. De todo sobre todo. Este lunes celebramos el Día de la Escritoras en la Biblioteca de Andalucía y todavía estoy recuperándome de la impresión: me colaron como periodista olvidando (perdonando) las muchas patadas que los medios damos al diccionario y la gramática. ¿Las prisas? ¡Gracias!

Qué insignificancia ante la afrenta de tres hombres que han tenido la osadía de ganar un millón de euros con el Premio Planeta escondidos bajo el pseudónimo de una mujer: Carmen Mola. ¡Insuperable! Me declaro 'flexifeminista'. Cada vez llevo peor lo de comer carne pero me tomo doblados los platos de jamón, y las chuletillas de cordero, y los platos de chacinas, y las lentejas con chorizo... Soy fan de la Alhambra pero llego a Sevilla y sucumbo a la Cruzcampo. ¡Qué chaquetera!

Pues eso. Que los partidos nos venden su viaje al centro (y hacemos como que nos lo creemos), que yo promociono mi aspiración vegana (y solo me falta irme con mis primas de matanza) y que orquestamos una crisis ética por publicitar una novela con nombre de mujer cuando llevamos siglos quejándonos de que nos sepultaban. ¡Me declaro flexifeminista! ¿Eso qué significa? ¡Soy todo oídos!