Guatemala
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De Guatemala a USA, con una taza de café

No estaré solo si comparto la profunda conexión, la fiel pasión que tengo hacia mi taza diaria de café. A ese líquido nobleza, aroma y energía, fusión de la extracción del grano caro de nuestra tierra. No es por nada que esta bebida sea calculada como la más popular en el globo, consumida diariamente por más de una tercera parte de su población total. El café despierta. El café conecta. El café conforta, une y es perfecta compañía para casi cualquier momento de la vida. La reunión, la celebración, la fiesta y el llanto; ahí, presente, en las manos que calienta, está la taza de café. Es casi incomprensible que graves tiempos de crisis hayan azotado a su industria, haciendo necesario crear una conmemoración anual para levantar conciencia. El 1º de octubre es el día internacional del manjar, ocasión que me hace pensar en oportunidades, que comento con una pequeña anécdota.

Hace unos años pasaba fines de semana en pueblos como uno llamado Cookeville, en Tennessee. Visitaba por una razón particular, pues millares de huehuetecos los pueblan. Una vez ingresé a una tienda de café en su parquecito central. El lugar llamaba la atención, pues la oferta culinaria en esa mayoritariamente rural región no es sofisticada, como sí lo era esa dedicada tienda. Se distinguía por presentar la región global de donde venían sus granos. Así, se podía pedir una taza de colombiano, de etíope, de costarricense o no recuerdo qué otras muchas famosas regiones. Pero me impactó la modesta (o nula) presencia del guatemalteco; eso, a pesar de nuestra afamada calidad. Pero, particularmente, a pesar de que tenemos una importante población en su pueblo. Sentado, ahí, pensaba en cómo los mayas huehuetecos se han asentado en lugares donde nuestra grande industria no ha podido.

Se calcula que dos terceras partes de estadounidenses consumen café todos los días. Con su población de 330 millones, se calcula que consumen 150 millardos de tazas anuales, que constituyen una industria con un valor cercano a Q700 millardos anuales. La tendencia cultural actual, en especial entre los más jóvenes, ha llevado al mercado a sofisticarse enormemente. Y un enfoque innegable es la importancia que se da al origen del producto. Guatemala, en eso, tiene una vital ventaja, pues nuestra topografía única la hace ser reconocida a nivel global como un lugar que produce granos de excelencia. A su vez, se calcula que en este siglo entre tres y cuatro millones de paisanos han llegado a asentarse a entre 35 y 40 estados de esa unión. Embajadores que considero naturales, consumidores nostálgicos, una base de consumo que no veo que aún haya sido aprovechada o tan siquiera tomada en cuenta.

Desde esta columna de opinión se ha enfatizado en la creencia de que el momento actual es único para potencializar la presencia de nuevos emigrados en la más grande economía del mundo. Nuestro café, en particular, es un producto que debería presentar una facilidad singular, por su afamada calidad. La industria tiene esta oportunidad que aún no ha sido explorada. Y los emigrados, en su más grande momento de crecimiento económico, también. Imagine usted una marca de café desarrollada por estos mismos emigrados. Una cadena de cafés guatemaltecos, en cada uno de los más de 300 poblados de ese país donde ya están radicados. ¡Cuánta oportunidad que se podría y debería tomar, más que el solo depender del envío de remesas! ¡Qué más rica oportunidad que una taza de café! Ese líquido nobleza, aroma y energía, fusión de la extracción del grano caro, que va de nuestra tierra a la suya.