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¿Qué es la depresión y cómo ayudar a un adulto mayor que pierde las ganas de vivir?

La soledad, la desesperanza, la sensación de ser una carga. Y encima esos dolores. Cuando se junta todo eso, puede ocurrir que las personas mayores necesitadas de cuidados pierdan las ganas de vivir.

“Ya no quiero más” o “Ojalá mañana ya no despierte”. Cuando la abuela o el padre dicen estas frases, la situación es muy difícil para los familiares. Y se preocupan porque la persona que tanto quieren se haga daño. ¿Cómo se puede ayudar? Algunas preguntas y respuestas sobre el tema:

¿Cuánto espacio ocupan temas como el fin de la vida y morir entre personas necesitadas de cuidados y sus familiares?

La propia finitud de la vida es un tema que ocupa a las personas necesitadas de cuidados. Y muchas de ellas no tienen ningún problema en expresar preguntas y pensamientos en torno al tema delante de sus seres queridos.

Así lo demuestra una encuesta reciente que realizó en Alemania el Centro para la Calidad en los Cuidados (ZQP) junto con el Programa Nacional de Prevención de Suicidios (NASPro). Para ello fueron encuestadas 1.000 personas mayores de 45 años, consideradas todas familiares encargados de los cuidados. El 85 por ciento dijo que la persona necesitada de cuidados habló con ellos sobre morir y la muerte.

Alrededor de la mitad de los familiares encuestados recordaban expresiones que indicaban pocas ganas de vivir. Lo más frecuente fue el deseo de no despertar (27 por ciento) y la sensación de ser inútil (27 por ciento). Un seis por ciento de los familiares señalaron que la persona que estaban cuidando había expresado el deseo de terminar con su vida.

¿Por qué exactamente se generan esos pensamientos de hartazgo de la vida?

Es bueno saber que cuando alguien expresa cansancio de vivir, eso no necesariamente implica que realmente tenga previsto quitarse la vida, es decir, cometer suicidio, señala ZQP. Pero la transición entre el cansancio de vivir y las ideas suicidas muchas veces es fluida, por lo que los familiares deben estar muy atentos.

Detrás del deseo de no querer vivir más, en muchos casos hay una depresión. “Es una enfermedad independiente y más que una simple reacción a las condiciones de vida. Muchas veces los síntomas son malinterpretados”, dice el psiquiatra Ulrich Hegerl.

En el desarrollo de una depresión juega un papel importante la predisposición. Quien ya haya padecido una depresión en una instancia anterior de su vida puede volver a tener episodios de la enfermedad.

Sobre todo, si -como en el caso de los necesitados de cuidados en la edad- se suman diversos factores que mitigan las ganas de vivir: dolores, la sensación de depender de otro, pero también la desesperanza, la vergüenza o los conflictos con los familiares.

¿Cómo debería reaccionar si alguien expresa hartazgo de vivir?

“Es importante detectar cuáles son las causas concretas y qué es lo que afecta especialmente a la persona necesitada de cuidados”, resumen Ralf Suhr, presidente del Centro para la Calidad en los Cuidados. Para ello hace falta una escucha abierta y repreguntas comprensivas.

Cuando se vislumbra de dónde proceden esos pensamientos oscuros, se puede organizar una ayuda adecuada. Quizá aún no se agotaron las posibilidades de una terapia contra el dolor. Quizá las familias pueden desarrollar ideas de cómo se puede reducir la soledad.

Según Hegerl, también es un paso importante aclarar con los profesionales si detrás de la falta de ganas de vivir hay una depresión o algún otro trastorno psíquico. Es decir, contactarse con un médico clínico o un psiquiatra, pedir una cita y acompañar a la persona a la consulta. 

Son todas cosas que los afectados difícilmente puedan hacer solos. “A las personas con una depresión les cuesta mucho pedir ayuda. El agotamiento, la desesperanza, la sensación de ser una carga para otros, todo eso viene incluido en la enfermedad”, dice Hegerl.

¿Cómo puedo detectar qué tan en serio son los posibles pensamientos suicidas?

Hegerl recomienda organizar una conversación en ese sentido en dos partes. En la primera parte, se trata de detectar qué tan elevado es el riesgo de suicidio. Y solo eso. “Eso quiere decir que uno debería evitar ofrecer consuelo y ayuda”, recomienda el psiquiatra.

En vez de eso, los familiares deberían plantear preguntas: ¿desde cuándo tienes pensamientos tan sombríos? ¿Haces planes concretos de quitarte la vida? ¿Alguna vez en tu vida estuviste a punto de hacerlo?

“Son diálogos muy comprometidos”, dice Hegerl. Pero pueden ayudar a los familiares a hacerse una idea de qué tan sería es la situación. De ello depende cómo pueden reaccionar y ayudar.

Y eso será en la segunda parte de la conversación. Entonces se puede proponer organizar una cita con un médico. O decir: “Me voy a ocupar de que en principio no estés solo”. Es importante tener presente que ante un riesgo elevado de suicidio hay que actuar inmediatamente.

Es importante, según los expertos, dejar a mano de las personas necesitadas de cuidados, teléfonos en los cuales puedan pedir ayuda en cualquier momento, por ejemplo, de familiares o centros de crisis.