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Mexico

El juego de las llaves

25 de Agosto de 2019

Por Santiago García Álvarez

Las últimas semanas he visto inundada la ciudad con publicidad de la serie El juego de las llaves. En las paradas de camión, en medio de las principales avenidas, en el celular, en la computadora y hasta debajo de los puentes podemos encontrar estos anuncios. Investigué de qué trataba. Resulta que ocho amigos, todos en situación estable, deciden entrar en un juego que les permite intercambiar parejas y “liberarse” de la rutina diaria, así como descubrir “su propia perspectiva de la sexualidad”.

La posición “políticamente correcta” en relación con la sexualidad, hoy en día, está estrechamente relacionada con la libertad. Se invita a hacer, cada uno, lo que le plazca. Estoy a favor del uso de la libertad de cada uno en la dirección que esa persona decida. Al mismo tiempo, me parece que existen temas que habría que analizar más a fondo, no sólo por su libre ejercicio o consentimiento mutuo, sino por su conveniencia y por sus consecuencias. Me parece que es el caso de la sexualidad, que ha sido trivializada, pero que precisamente por su alto valor tendría que analizarse desde una perspectiva más integral.

Un ejemplo que puede ayudar a comprender esta idea es el de la alimentación. Su comparación con la sexualidad es ciertamente imperfecta, pero no deja de arrojar algunas pistas. Actualmente, se ha logrado una mayor conciencia social en relación a ciertos hábitos de alimentación. Por ejemplo, hoy sabemos que existen prácticas alimenticias que aumentan el colesterol o los triglicéridos en deterioro de la actividad cardiaca, que el abuso de azúcares y harinas produce obesidad y puede generar diabetes. Los nutriólogos nos ayudan a evitar ciertos alimentos y a buscar un balance entre lo que consumimos. Aunque somos libres de consumir alimentos, sopesamos su conveniencia. Se trata de una práctica socialmente aceptada y es claro que la libertad no es el único factor a considerar.

En el caso del trabajo, el deporte, el descanso, el estudio, los hobbies y tantas otras realidades humanas que reconocemos como buenas, al mismo tiempo nos damos cuenta de que deben llevarse a cabo en su justa medida y proporción, que todo tiene un dónde, un cómo, un cuánto y un cuándo. ¿Somos libres de excedernos en el tiempo dedicado al trabajo? Sin duda. Aunque esto tendrá consecuencias. ¿Somos libres de injerir una cantidad excesiva de calorías al día? También, aunque seguramente nos cobrará factura.

Sin duda, la sexualidad es un tema que genera dinero, bastaría preguntarle a Amazon Prime, Netflix o HBO. También genera placer, ordinariamente más que otras realidades humanas. Sin embargo, tenemos menos conciencia sobre los efectos de su uso desordenado. La cultura actual suele idealizar a personajes televisivos que “usan” muchas parejas, pero no nos damos cuenta de que aquello, en la realidad, puede presentar importantes problemas sicológicos en las personas, una mayor propensión a ciertas adicciones y con frecuencia una falsa y efímera “felicidad”. Al mismo tiempo, la cultura actual no termina por resolver una gran contradicción, ya que parece aplaudir a los seductores y al mismo tiempo condenar el acoso. ¿Es posible la sabiduría práctica de una persona liberada en lo sexual, pero que al mismo tiempo jamás caiga en actitudes de acoso?

¿Se antoja tener una sexualidad muy abierta e intercambiar experiencias? La mayoría de las personas responderán sin duda que sí. ¿Conviene? Ahí está la pregunta clave. ¿Cómo, cuándo y dónde? Así como conocemos mucho sobre los efectos de la alimentación, el trabajo o el ejercicio desordenados, socialmente conocemos poco de los efectos de la sexualidad desordenada. Nos atrae mucho la figura de Harvey, Mike y Rachel en Suits y quizá creemos que es perfectamente compatible ser triunfador, flexible en lo sexual y con ninguna consecuencia. La realidad es más complicada de lo que vemos en las series, con mayores consecuencias y sufrimiento, pero tenemos tal inclinación por el tema que quizá no nos hacemos esas preguntas y nos dejamos llevar por el argumento de una libertad mal entendida.

Los protagonistas de El juego de las llaves son todos atractivos y seguramente serán idealizados, y lo que hace a los espectadores de la serie les incitará un mayor apetito sexual. Estamos muy abiertos a los placeres, pero pienso que estamos lejos de entender las consecuencias de determinadas conductas. En la realidad, las vidas desordenadas en cuestión sexual suelen estar acompañadas de mucho sufrimiento. Hemos trivializado este tema tan importante para el ser humano y es deseable observarlo desde una perspectiva más amplia. Una visión integral seguramente nos ayudaría a darle su justo valor y a que se convierta en una realidad humana que, verdaderamente, nos conceda una mayor plenitud como personas.

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