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Primera tiroidectomía en América Latina la hizo saltillense vestido de traje

¿Puedes imaginar que en tu propia casa te realicen una intervención quirúrgica y que el médico esté vestido de traje? Esta escena era muy común alrededor del mundo a inicios del siglo XX y Saltillo no fue la excepción.

Resulta que en aquella época los doctores no portaban batas blancas, cubrebocas, guantes o algún otro tipo de protección sanitaria. El acto apelaba a la elegancia, los cirujanos se vestían con traje y mancharse la ropa de sangre era considerado vulgar y una falta de dignidad profesional.

Las operaciones solían ser para extirpar el apéndice, revisar el abdomen y hacer corrección de hernias. Pero el médico saltillense Anselmo Cabello Aguirre renovó esta idea cuando realizó la primera tiroidectomía en América Latina.

Una tiroidectomía es la remoción de la glándula tiroidea, la encargada de producir hormonas que a su vez controlan el ritmo de muchas actividades físicas del cuerpo, como la velocidad con la que se queman las calorías.

Este procedimiento se realiza con una incisión en la parte frontal del cuello. Existen diversas razones para realizar una intervención como esta, el cáncer es una de ellas.

Aunque actualmente es una operación con muchos avances clínicos e investigaciones que han facilitado su ejecución, en 1909 la cirugía de tiroides era considerada muy riesgosa y difícil. Por eso solo se hacía en hospitales avanzados de Norteamérica y Europa.

Quizá fue esa complejidad lo que motivó a Anselmo a ser él quien realizara la primera tiroidectomía en América Latina.

Luego de egresar como médico de la Universidad de París y ejercer por siete años en el Hospital Peán, también en la ciudad parisina, Anselmo regresó a Saltillo y con él la búsqueda por lograr la gran hazaña.

TODO EN LA CASA DEL PACIENTE

Las condiciones en las que se realizaron no solo la tiroidectomía, sino en general las operaciones a inicios del siglo XX, en la actualidad nos parecerían cuando menos muy poco higiénicas.

Tanto las intervenciones quirúrgicas como los nacimientos, tenían lugar en la casa del paciente. Los hospitales solo eran considerados para tratar la salud mental o para atender a pacientes con enfermedades contagiosas.

En el caso de Saltillo, existía un leprosario y una llamada Casa de Salud, que ahora podríamos conocer como un Centro Estatal de Salud Mental (Cesame).

Por eso, hacer operaciones en los domicilios era una práctica común. Las paredes se cubrían con sábanas blancas y la camilla solía ser la mesa del comedor. Si al paciente le iba bien, le ponían una colcha para ablandar la superficie donde se recostaba.

Y si de instrumentos hablamos, la anestesia que se usaba era éter a través de una esponja y los familiares apoyaban al médico con compresas calientes que luego esterilizaban. Una vez que comenzaba la cirugía, la habitación quedaba clausurada y lo que ahí ocurría quedaba en secreto clínico.

Esta escena es comprobada con un par de fotografías que le tomaron al doctor Anselmo cuando se realizaba la tiroidectomía de la que hemos venido hablando. Él tiene el cuello de la camisa levantado y porta un moño. En una foto se le ve estar en acción durante la cirugía, en la otra, ya una vez concluido su trabajo, voltea a la cámara.

SU EQUIPO DE APOYO

Al doctor Anselmo lo acompañaron sus colegas Juan Cabello y Siller, quien usando un delantal sostiene las pinzas hemostáticas que sujetan la tiroides. El otro personaje en las fotos es el anestesiólogo Pomposo García, quien permanece al costado derecho de la paciente de nombre Margarita Aparicio.

La intervención fue un éxito. La mujer y su esposo, un hacendado de San Antonio, Texas, quedaron muy complacidos con el trabajo del doctor Anselmo y le regalaron cuatro caballos pura sangre.

Por haber pasado a la historia de la medicina, en honor al doctor Anselmo Cabello, una calle de Saltillo lleva su nombre. Se trata de una pequeña vialidad que topa en uno de sus extremos y que está ubicada a una cuadra de Prolongación Urdiñola, entre bulevar Francisco Coss y Paseo de la Reforma.

*Con información de Jorge Fuentes Aguirre y Medigraphic.