Nicaragua

¿Elecciones con o sin Ortega?

¿Elecciones con o sin Ortega?

La mayoría de los nicaragüenses no queremos dictadura orteguista y tampoco que se nos imponga otra. También ansiamos elecciones sin Ortega, así como el desmantelamiento ahora mismo de los paramilitares y de la Policía.

Pero, ¿esto es posible? Obviamente que la tiranía, que tiene la fuerza violenta de las armas y de su vocación autoritaria, militarista y sanguinaria, no lo permite.

Entonces, esos que claman a todo pulmón que el orteguismo sea desmantelado ya, ¿cómo creen que eso pueda ser posible? Esos que gritan que elecciones con Ortega es una traición al estallido social de abril del 2018, ¿qué plantean como alternativa? ¿Qué proponen? ¿Cuál es la alternativa?

Por otro lado, no existe una agrupación política que esté trabajando en serio en la reactivación organizada de la resistencia pacífica ciudadana para hacer la formidable presión interna que se requiere a fin de forzar a la dictadura a abandonar el poder o a tomar decisiones en línea con las urgentes demandas azul y blanco. Tampoco la presión internacional ha logrado influenciar de manera determinante al régimen.

Es lamentable que dirigentes populares afirmen en programas de entrevistas en la televisión que no es posible reactivar la resistencia no violenta de la ciudadanía porque hay represión y que, por tanto, es peligroso, como si la resistencia se hiciera solo cuando el adversario o enemigo lo permite y como si la misma no tuviera riesgos y peligros que los pueblos siempre han afrontado a lo largo de la historia. Un ejemplo de ello fue la resistencia francesa ante la ocupación nazi.

Volviendo al tema inicial, ¿a qué apuestan entonces quienes gritan que debe ser ya tal o cual cosa? Supuestamente son posiciones de principios —son “principistas”—, aunque, por más fuerza que le pongan al decirlo, incluso que vociferen y denosten, eso no es más que voluntarismo porque solo son buenos deseos que no se apoyan en la realidad y por tanto no tienen ninguna posibilidad de concretarse.

En este contexto, aunque sin ninguna certeza y con mucha incertidumbre, sí tiene alguna cuota de realismo pensar en elecciones con Ortega, aunque algunos se agiten y señalen ¡traidor!, pero únicamente bajo ciertas condiciones, como plantea José Pallais: reforma electoral suficiente para que los comicios sean libres (le agrego que incluya casilla propia a la Coalición Nacional), restitución de las libertades públicas –si no, ¿cómo hacer campaña?— y, por supuesto, libertad de las presas y presos políticos, incluyendo a Marvin Vargas, quien se ha convertido en el prisionero de conciencia con más tiempo encarcelado en la historia de Nicaragua.

¿Es posible que vayamos a elecciones libres? Es improbable porque la dictadura las perdería y como está aferrada al poder, no lo permitirá. Incluso un conocido comentarista político del orteguismo-murillismo recientemente lanzó una grave amenaza: la lucha armada –afirmó— no ha sido abandonada por el FSLN.

Aumentarían las probabilidades de que haya elecciones libres, si se diera una sólida e inquebrantable unidad alrededor de un programa de interés nacional, la reactivación de la resistencia popular pacífica organizada y un aumento de la presión internacional.

No sé bajo qué justificación hay quienes especulan sobre supuestas candidaturas presidenciales, incluyendo políticos a quienes no les importa participar en un fraude electoral con tal de agarrar su hueso, pero eso distrae de lo verdaderamente necesario y urgente, que es organizar en todo el país a la Coalición Nacional, por un lado, y elaborar un programa político nacional, por otro, al que se subordinen quienes eventualmente participen en la disputa de cargos de elección popular.

La necesidad del programa político está dada no solo por la posibilidad de que haya comicios libres, sobre lo cual hay una espesa cortina de inseguridad, sino por los requerimientos organizativos, porque la adhesión popular masiva a la Coalición Nacional en todo el territorio, no debe ser instintiva o emocional, sino con base en algo concreto, lo cual se expresa en la plataforma programática de una organización.

Por otro lado, debido a la improbabilidad de que haya elecciones libres, recobra fuerza el planteamiento de constituir un gobierno provisional en el exilio —pues no podría funcionar internamente—, que se convierta en un poderoso instrumento de presión a la dictadura y de gestión en organismos internacionales y gobiernos.

El autor es periodista y escritor.

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