Paraguay

Aglomeración, canto, baile y gritos en Villa Elisa: “Formá fila y esperá que me importe”

Por Juan Carlos dos Santos, juancarlos.dossantos@gruponacion.com.py

Fotos Eduardo Velázquez

“Algo hay que hacer”, fue lo primero que pensó Mónica Masulli mientras escuchaba en las noticias aquellos terribles testimonios de familiares de pacientes aquejados por el covid-19 cuando comenzaba a colapsar el sistema sanitario del país, en los primeros días del mes de marzo pasado.

Uno de estos testimonios, el de aquella mujer que había puesto su casa a la venta para poder hacer frente a los gastos que generaba tener a un familiar internado, hizo que tanto ella como su hijo Juan Ignacio (Nacho) pensaran en la manera de ayudar, sin tantas vueltas.

PUNTO DE PARTIDA

Lo primero que se les vino a la mente fue llevar algo de comer a esa gente que imploraba algún tipo de ayuda en los medios de comunicación. Vieron qué tenían disponible y, minutos más tarde, tras una vuelta por el supermercado, ya estaban poniendo manos a la obra a 30 platos de un guiso casero.

Aquella noticia y la decisión de hacer algo concreto para ayudar fue el punto de partida de un proyecto que cada día llega un paso más allá de lo imaginado.

Los 30 platos iniciales que prepararon para aquella primera noche y que Nacho los llevó tímidamente hasta el Ineram, a comienzos de marzo, hoy se han transformado en 2.000 y son entregados todos los días a familiares que aguardan con ansiedad y preocupación, pero con esperanzas, tener buenas noticias de sus seres queridos en los diferentes centros hospitalarios del Gran Asunción.

Aquella noche, recuerda Nacho, llegó con su carga de 30 platos de guiso hasta el Ineram, ya cuando los familiares de pacientes con covid-19 dormían en una noche fresca, algunos a la intemperie y otros en carpas.

En el lugar se encontró con un señor, quien aún permanecía despierto y fue el encargado de recibir y entregar a las demás personas la primera ayuda, tan valiosa como todas las demás que vendrían luego.

HAY QUE CONTINUAR

Tanto él como su madre se dieron cuenta de que deseaban continuar con esta tarea, pero no era fácil, comenzando por el costo de tamaño emprendimiento, considerando la cantidad de personas que necesitaban este y otro tipo de ayuda cada día y en mayor número.

Nacho compartió esta acción en sus redes sociales, contando lo sucedido y expresando el deseo de continuar, sobre todo porque comprendía perfectamente la situación por la que atraviesan tanto los pacientes como los familiares y el personal de blanco, pues todo su núcleo familiar ya había sido víctima del virus el año pasado.

Y la propuesta, con un pedido de solidaridad, surtió el efecto deseado y mucho más aún. La idea era seguir proveyendo de un plato de comida a los familiares de estos pacientes internados y, de ser posible, también hacerlo extensivo a parte al menos del personal de blanco.

CENTRO DE ACOPIO, PRODUCCIÓN Y DISTRIBUCIÓN

Un equipo de La Nación llegó hasta el lugar donde viven, un edificio de departamentos en el barrio Ciudad Nueva de Asunción y que ahora se ha convertido en el punto neurálgico de un proyecto solidario que recepciona y distribuye materia prima donada por personas solidarias y empresas, para que no falte al menos un plato de comida diaria a los familiares de los pacientes, quienes viven momentos de angustia, dolor y felicidad, todo de acuerdo a la evolución de sus seres queridos que luchan contra este enemigo invisible que ha puesto de rodillas a la humanidad en menos de un año.

Todas las habitaciones del piso que ocupa la familia de Nacho están repletas de víveres e implementos necesarios para la preparación de los 2.000 platos diarios, comenzando por la sala de recepción en el edificio, hasta los cuartos que estaban desocupados e incluso en la sala y, desde luego, en la cocina.

NO PARABAN DE LLAMAR

Ni el teléfono ni el timbre dejan de sonar. Cada llamada y cada visita es parte de la coordinación del proyecto que ha crecido notablemente. Llegamos en el momento en que Mónica preparaba, una tras otra, cerca de 250 milanesas de carne, mientras su hermano Marcos y su comadre y amiga Claudia preparaban en un enorme recipiente de aluminio una ensalada de poroto o acarreaban los insumos que llegaban y que salían.

Es que el proyecto solidario que comenzó con los 30 primeros platos se ha expandido gracias a que más personas voluntarias se han sumado al mismo. Todos aportan algo, desde la gestión de las donaciones, el transporte y la distribución así como los turnos rotativos de preparación de los platos.

El crecimiento desde aquella primera noche con los 30 platos que prepararon para los familiares en el Ineram se han transformado en 2.000 y eso cubre al menos una comida diaria a todos los familiares de pacientes internados en los hospitales del Gran Asunción.

LA SOLIDARIDAD DENTRO DEL EQUIPO

Mientras Chichona y Guma, las dos mascotas de la familia, están atentas a cualquier “accidente” que pueda ocurrir con las milanesas que sin pausa va preparando Mónica, nos enteramos de que a causa del covid-19 había fallecido el padre de una voluntaria, quien tiene a su cargo la preparación de las comidas para los hospitales de Fernando de la Mora.

El resto del equipo, gente que quizás ni se conocía antes de esta situación, la suple y se distribuye su trabajo. Muchos de estos voluntarios han sido personas que estuvieron luchando contra el virus, otros perdieron a sus familiares en esa lucha y en algún momento fueron beneficiados con la ayuda de este grupo de personas que, impulsadas por la solidaridad, desde su corazón contagian a otras y van por más y más ayuda.

“Esta pandemia vino a desnudar nuestra realidad. Esto ya no se trata de tener dinero ni recursos, es simplemente porque ya no hay lugar y nunca nos hemos preparado para una situación como la que estamos viviendo”, opina Mónica, quien conversa con nosotros mientras va dorando las milanesas que su comadre Claudia luego las carga en un recipiente de plástico.

CADA PLATO LLEVA UN MENSAJE DE APOYO

Apenas Claudia termina de completar un recipiente al que suma la ensalada, lo cierra y se pone a escribir en él un mensaje. “Las personas valoran tanto el contenido de la caja como los mensajes de ánimo que lo acompañan. La mayoría de ellos están solos y esperando que los llamen, pero cuando eso sucede, no saben si será para enterarse de lo peor o deberán iniciar una búsqueda desesperada de medicamentos, nuevamente”, explica mientras pone todo su empeño para que el mensaje escrito quede perfecto.

Recuerda el caso de una persona que le dijo que muchas veces las cajas de comida sirven para hacer llegar y recibir mensajes de sus familiares que se encuentran internados, sin posibilidad de comunicarse de otra manera.

Marcos, hermano de Mónica, entra y sale del departamento a cada rato. “Vienen de Cateura a buscar la carne”, dice, mientras ingresa cargando tres enormes bolsas de pan recién horneado.

UN FRENÉTICO RITMO DE TRABAJO

Eduardo, el reportero gráfico que forma parte del equipo, sube a una silla para ocupar menos espacio y poder tener una mejor toma del frenético ritmo que se vive en el interior del departamento, una vez que comienza la producción de los platos.

Ya no hay lugar para las bolsas de panes, que serán como 300 unidades. Hay que despejar todos los adornos que están sobre la mesa, en la sala para depositar las bolsas y continuar el trabajo.

Todos hacen su parte. Nacho comienza a contactar con los integrantes del grupo de transporte vía Whatsapp. “En este grupo organizamos la distribución, la entrega de la comida y otras cosas, todos los días”.

Ya no se trata solamente de paliar la necesidad de estas personas con un plato de comida, pues con el correr de los días fueron apareciendo más pedidos de ayuda, como pañales, medicamentos, carpas. “Se trata de cumplir con ellos en la medida en que se pueda”, explica Nacho.

El colapso del sistema sanitario, que obliga a las personas a permanecer prácticamente a la intemperie sin ayuda, con la ansiedad y la presión a cuestas, ha llevado a pensar en subir un peldaño más con la ayuda.

AYUDA PSICOLÓGICA PARA FAMILIARES

Nacho comenzó a buscar contactos con profesionales psicólogos y de manera directa o por recomendaciones de amigos o usuarios en redes sociales logró que al menos siete de ellos se presentaran como voluntarios para asistir, de alguna manera, a los familiares que lidian diariamente con una tragedia.

Una de ellas, Judith Grossi, psicóloga social, nacida en Argentina y residente hace más de 10 años en nuestro país, estuvo con los familiares de pacientes en el Ineram y en el IPS.

Explicó que trabaja en lo que es conocido como emergente social, una situación compleja, nueva, imprevista, poco predecible y de la que apenas tenemos información sobre cómo afrontarla. Exactamente como el covid- 19 ha hecho que nos comportemos desde hace poco más de un año en todo el mundo.

“Hoy a nivel mundial estamos viviendo una pandemia, que es una situación emergente. Yo me entero a través de una paciente del trabajo que viene realizando Nacho con su familia y me comunico con él, poniéndome a disposición, y si tengo que suspender tiempo de pacientes para ponerlo al servicio de la comunidad, lo hago, porque es mi profesión y me preparé para esto”, explicó.

Comentó que realizó asistencia a los familiares que se encontraban en las carpas en el Ineram. “Ellos estaban en una situación de desesperanza y de angustia. Es fácil imaginar todo lo que conlleva esta situación. La gente está a la espera de un resultado del estado de sus familiares”, añadió.

ENSEÑANDO A CONECTAR CON SUS SERES QUERIDOS

“Como latinos queremos visitar, estar y hablar con nuestro familiar que pasa por esta situación, pero hoy sabemos que eso es imposible por las circunstancias y, al ser la primera vez, no podemos estar cerca de ellos. Estábamos acostumbrados a acompañar siempre”, explicó.

Por ese motivo, la psicóloga enseñó a los familiares a realizar algunos ejercicios que los ayudarían a conectarse mental y espiritualmente con sus familiares internados.

“Es básicamente conectarse de ser a ser y hacerles sentir (a los pacientes) que estamos esperando por ellos. Es como una terapia porque no podemos hablar ante el dolor que sienten las personas en este momento”, mencionó la profesional.

APROVECHAR EL TIEMPO

Mónica, quien continúa la interminable sesión de milanesas, comenta que también surgió la idea de ocupar el tiempo que tienen los familiares de pacientes internados para hacer algo que los distraiga, les sea de utilidad y al menos cuando se vayan lleven algo.

Una maestra panadera se ofreció a capacitar a los familiares para que estos logren distraerse aprendiendo. Esa misma idea luego podría trasladarse hasta otras áreas, teniendo en cuenta que el tiempo que estaremos sumergidos en esta situación de pandemia no va a ser corto.

Las fotos ya están hechas, la conversación ya tiene lo necesario para ser transformada en una historia y mientras Marcos sigue acarreando víveres e insumos Claudia continúa escribiendo mensajes por las cajas y Mónica, como si fuera un mago que saca el interminable pañuelo de su galera, sigue depositando más milanesas recién doradas.

AL BORDE DEL QUIEBRE

Es cuando Nacho recuerda algo que lo lleva al borde de las lágrimas y que quizás expresa hasta dónde ha llegado la profundidad del gesto logrado por este grupo familiar y quienes de manera voluntaria se acercan a colaborar en la medida de sus posibilidades.

“Durante una de las entregas, una persona se me acercó y me preguntó con toda sinceridad si ellos podrían contar con nosotros, con nuestra ayuda, con esa cena tan apreciada, también durante días siguientes, para así poder rechazar a otros grupos que llegaban con la misma oferta, pero como parte de una campaña política”, dijo Nacho, quien quizás sus 18 años a cuestas lo ayudaron a tener más fortaleza que otros para no quebrarse recordando aquella expresión y aquel pedido con un contenido de la más pura dignidad y honestidad.

“Estamos totalmente comprometidos con este proyecto por situaciones como esas y buscaremos la manera de hacerla sustentable para que perdure”, comentó Mónica.

EL BUEN CORAZÓN

Tras despedirnos, salimos a la calle, acompañados por Nacho y su tío Marcos, cuando justamente frente al edificio se detiene una camioneta cargada de víveres donados por una familia.

Tras descargar los víveres y otro tipo de materiales, una joven casi de su edad se toma fotos con él, algo necesario para transparentar toda la ayuda que se recibe y también para animar a otros a sumarse a este emprendimiento, que comenzó de manera impulsiva, se viralizó en redes sociales y se sigue contagiando rápidamente a través de los buenos corazones.

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