Paraguay

Pandemia de covid-19 hunde a Brasil en un desempleo del 14%

La tasa de desempleo en Brasil escaló al 14,3%, que representa una cantidad cercana a los 14 millones de personas desocupadas.

El gobierno de Jair Bolsonaro informó este viernes que unas 13,7 millones de personas están sin trabajo desde que las restricciones rigieron por precaución sanitaria.

La demanda de empleos comenzó a ser más alta desde junio, ya que a partir de marzo se produjeron vacancias forzadas. Sólo en agosto, el aumento de desempleados fue de un millón de personas.

El porcentaje pasó del 10% al 14,3%, siendo esta una de las tasas más altas de desempleo en la historia del país, que se ve afectada por un contagio que supera los cuatro millones y medio de casos.

Este nivel de decaimiento refuerza la crisis desatada entre los años 2015 y 2016, cuando el producto interno bruto sufrió una caída de siete puntos porcentuales.

Solamente se ha registrado un insuficiente crecimiento anual del 1% y las estimaciones dan cuenta de que tras la pandemia, la caída económica estará en el orden del 5%.

El presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, afirmó este viernes que "quedarse en casa" para evitar la propagación del nuevo coronavirus es cosa de "débiles".


Fuente: EFE

Bolsonaro, quien llegó a estar infectado por el virus, realizó las declaraciones durante un encuentro con productores rurales, a quienes agradeció que siguieran trabajando durante los meses más críticos de una pandemia que ya deja 134.935 muertes y 4,4 millones de casos en el país.

"Ustedes no pararon durante la pandemia, no entraron en esa conversación floja de 'quédese en casa y la economía la vemos después'. Eso es para los débiles", señaló Bolsonaro durante un acto en el municipio de Sorriso, en el estado de Mato Grosso (centro-oeste).

"No podemos acobardarnos contra aquello que no podemos evitar. El agronegocio evitó que Brasil entrara en colapso económico", agregó el líder de la ultraderecha brasileña, quien no hizo mención a los incendios que han devastado una parte del Pantanal brasileño, uno de los mayores humedales del mundo y que comparten los estados de Mato Grosso y Mato Grosso do Sul.

Al igual que en anteriores ocasiones, ni Bolsonaro ni la decena de participantes que asistieron al evento, entre ellos varios de sus ministros, portaban mascarilla, pese a que los niveles de contagios permanecen aún elevados en el país.

Brasil sigue siendo uno de los países más azotados por la crisis sanitaria, pues ocupa el segundo lugar en número de óbitos, solo por detrás de Estados Unidos, y el tercero en número de casos confirmados, superado recientemente por la India.

El gigante sudamericano sumó 829 muertes y el total de decesos ascendió a 134.935, mientras que el número de casos confirmados ascendió a 4.455.386, según el boletín divulgado este jueves por el Ministerio de Salud.

La pandemia ha dado una leve tregua en las últimas semanas con una tímida mejora en el número de muertes y casos diarios, pero los especialistas temen una segunda ola debido a la relajación de las medidas de distanciamiento social.

Las imágenes de playas, parques y bares abarrotados se han repetido en los últimos días en diversos puntos de Brasil, especialmente con la llegada del buen tiempo, y el propio Bolsonaro ha provocado aglomeraciones en sus viajes por diversas ciudades del país.

Desde el inicio de la pandemia el mandatario ha restado importancia a la gravedad del coronavirus, que ya ha provocado más de 30 millones de contagios en todo el mundo, y llegó a calificar en diversas ocasiones la enfermedad de "gripecita".

Los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades de EE.UU. (CDC) dieron este viernes marcha atrás a una polémica directiva impulsada por la Casa Blanca que indicaba que los asintomáticos no necesitaban hacerse la prueba del nuevo coronavirus.


Fuente: EFE

La agencia gubernamental actualizó así sus anteriores recomendaciones y solicitó la realización de pruebas de COVID-19 a cualquier persona, incluidos quienes no presentan síntomas pero hayan estado en contacto cercano con algún contagiado.

En agosto pasado, tras recibir una orden del grupo de trabajo de la Casa Blanca sobre el coronavirus, los CDC actualizaron su guía sobre el control de la COVID-19 e indicaron que quien no tuviera síntomas, aunque hubiera estado en contacto con un contagiado, "no necesariamente" necesitaba someterse a una prueba.

Esa guía fue muy criticada por los médicos y los expertos en salud pública, que expresaron su temor a que impidiera el rastreo efectivo de los contagios para detener la propagación del virus.

Numerosos estudios han demostrado que las personas pueden portar el virus y propagarlo sin haber mostrado síntomas, tanto en los primeros días tras el contagio, en los que aún no se experimentan síntomas, como en los casos en los que estos nunca se desarrollan.

Los expertos de la Organización Mundial de la Salud (OMS) han destacado también la importancia de realizar pruebas a las personas que no presentan síntomas para cortar las cadenas de transmisión.

Según un funcionario de salud citado por The Washington Post, que el diario no identifica, los propios científicos de los CDC habían expresado su preocupación cuando se publicó la anterior directiva porque "no era una buena práctica de salud pública".

Ahora, la guía de los CDC, que la agencia presentó como "una aclaración", dice que las personas sin síntomas que han estado en contacto cercano con una persona contagiada "necesitan una prueba".

"Se recomiendan las pruebas para todos los que hayan tenido contactos cercanos con personas infectadas por SARS-CoV-2 (...) Debido al potencial de transmisión asintomática y presintomática, es importante que los contactos de las personas contagiadas se identifiquen y analicen rápidamente", dice la nueva guía.

Los propios CDC calculan que un 40 por ciento de las personas infectadas con el nuevo coronavirus nunca muestran síntomas y pueden ser altamente infecciosas y transmitir el virus a otras personas.

El presidente de EE.UU., Donald Trump, ha atribuido la alta incidencia del coronavirus en el país a que se hacen muchos test, ha dicho que muchos contagios confirmados ni siquiera deberían ser considerados como casos y, presionando para la reapertura de la economía, ha llegado a pedir que se hagan menos pruebas.

Estados Unidos, el país más afectado por la pandemia, contabiliza 198.197 muertos y 6,7 millones de casos confirmados de la COVID-19, según el recuento independiente de la Universidad Johns Hopkins.

Pekín.- Mientras prácticamente el resto del mundo sigue sufriendo la pandemia de coronavirus y los casos no paran de crecer, China -el país donde todo comenzó- parece haber superado al menos la fase actual y lleva ya 33 días sin ningún contagio a nivel local, aunque siguen llegando infectados desde el exterior.

Los innumerables controles y rigurosas cuarentenas a todo el que llega desde el extranjero, sea chino o foráneo, son una de las principales claves de China para evitar que el virus regrese desde algunos de los países que aún padecen sus estragos, aunque para muchos de ellos estén todavía cerradas sus fronteras.

No es el caso de España y otros países europeos, desde donde tanto los chinos como los extranjeros residentes en el país pueden volver siempre que se sometan a una prueba del virus en origen y al menos tres en destino, además de aislarse totalmente en un hotel durante 14 días, corriendo con todos los gastos.

Con todo, los vuelos disponibles siguen siendo escasos y muy caros (cerca de 2.000 euros un billete de ida Madrid-Pekín), mientras que desde regiones especialmente afectadas, como Latinoamérica, no se puede siquiera viajar a China.

Además del control de los viajeros, el riguroso confinamiento de las zonas donde han surgido brotes y el uso generalizado de las mascarillas son otras de las aparentemente exitosas herramientas chinas para controlar la COVID-19.

Todavía hoy, tras más de un mes sin nuevos casos, la inmensa mayoría de la población se cubre con mascarilla, incluso en el exterior, aunque sea solo ya obligatorio hacerlo en lugares públicos cerrados.

COMPLETAMENTE AISLADOS EN UNA HABITACIÓN DE HOTEL

De todas las medidas aplicadas por Pekín para combatir la pandemia, sin duda la más dura y polémica es la muy rigurosa cuarentena hotelera, en total aislamiento, para quienes llegan de fuera.

Quienes viajan desde cualquier parte a China deben realizar un primer test del virus en origen antes de que salga su avión, no sin antes haber reunido todos los requisitos para hacerse con el visado, entre los que están la residencia en el país o ser un "trabajador esencial" de alguna industria clave.

Si se dirigen a Pekín, tendrán que hacer la cuarentena en otras ciudades, adonde se han desviado los vuelos internacionales a la capital, que las autoridades chinas protegen con un celo extremo de cualquier contagio.

María Miret, una española profesora en Pekín que volvió hace cuatro días a China, cuenta a Efe que nada más aterrizar en la ciudad de Xian, en el centro del país, les llevaron a una zona separada y vacía del aeropuerto.

Allí les hicieron un test nasal del virus en ambos orificios y otro de garganta tras rellenar decenas de papeles con información sobre las ciudades en las que habían estado en España, con qué personas, el tiempo de estancia en cada lugar y un sinfín de comprobaciones sobre su vida en China.

"Cuando acabas ese proceso de unas tres horas, te meten en unos autobuses hacia el hotel, nunca sabes a qué hotel vas a llegar, te van bajando por tandas de diez y te empiezan a rociar entero con líquido desinfectante", relata esta joven valenciana.

Antes de que te conduzcan a la habitación hay que pagar las 14 noches de alojamiento y las comidas.

Miret explica que a una mujer de su vuelo tuvieron que prestarle dinero entre varios ya que no le alcanzaba para el hotel asignado, a razón en este caso de 500 yuanes, unos 63 euros diarios con comidas incluidas.

"Todo está cubierto de plástico, las lamparillas, los pasillos. Te llaman a la puerta al timbre tres veces al día y te dejan la comida en una mesita al lado de la puerta, las toallas no se cambian, ni se limpia la habitación. Nadie entra durante 14 días", explica la profesora.

Lo único que puede salir de la habitación es la basura, que se deja también diariamente en la puerta.

La gerencia del hotel deja desde el primer día en la habitación rollos de papel higiénico, champús y geles suficientes para que no haya que reponer en dos semanas.

Y tres veces al día hay que reportar la temperatura corporal en un grupo de la aplicación de mensajería WeChat (el WhatsApp chino), donde se reciben además las instrucciones de un funcionario sobre los test a realizar, uno más en mitad de la cuarentena y otro al acabarla.

Solo los diplomáticos están exentos del confinamiento en hoteles y pueden hacerlo en sus casas, aunque deben aterrizar también en una ciudad distinta a Pekín.

EL CÓDIGO VERDE COMO SALVOCONDUCTO

Otro instrumento clave en China para controlar la pandemia han sido las aplicaciones electrónicas de salud en el móvil, que detectan tus movimientos y saben si has estado en algún lugar o con alguna persona "de riesgo", tras lo que te aparece un código rojo -que te veta los accesos- o uno verde, el salvoconducto para hacer vida normal.

Sin el código verde casi mejor quedarse en casa: no puedes comer en ningún restaurante, entrar a un comercio, viajar a otra ciudad del país, coger un tren o un avión o incluso visitar a unos amigos o parientes en un complejo de viviendas, habituales en China.

Ahora incluso se ha añadido a la aplicación un botón para que tu mismo registres el lugar al que entras -por si acaso la tecnología ha sido incapaz de averiguarlo- y así "colabores en informar sobre tu ubicación "por el bien de todos", según rezan algunos carteles a la entrada de los locales.

Cada provincia china tiene su propia aplicación y sus propios códigos, de forma que el verde que puedas tener en Pekín no sirve para otro lugar y hay que instalar nada más llegar al aeropuerto una nueva aplicación provincial, que automáticamente te dice si gozas de ese color o sufres el rojo, en cuyo caso no podrás siquiera salir de la terminal.

Afortunadamente para los extranjeros, el personal en los aeropuertos ayuda en todo lo posible y te explica pacientemente qué datos debes introducir en cada aplicación (en chino) o te los rellena él mismo.

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