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El dilema sobre el trabajo de los cuidacoches en Montevideo y los sueldos: ¿cuántos son y cuánto ganan al día?

Hace 15 años Gabriel se quedó sin trabajo. Era guardia de seguridad en un hospital y, el día en que se enteró que lo habían echado, se sentó en el muro que está en la entrada de la emergencia. No sabe si por la “cara de triste” o porque “estaba más callado de lo normal”, se le acercó el cuidacoches de la cuadra y, después de contarle su situación, le ofreció trabajar con él. “Él me dio la escuela de decir gracias al que te da y quedarse callado con el que no. Porque hay que tener mucha psicología con la gente y entender que la mayoría de los que están viniendo al sanatorio tienen algún tipo de problema, entonces tampoco la tienen fácil. Yo trato de tener cintura para evitar los roces”, dice Gabriel mientras mira de un lado al otro para ver si se libera algún lugar en la cuadra de Parque Batlle en la que está desde entonces.

A pesar de que reconoce que “cada vez es más común” que la gente le pida perdón por no tener efectivo “porque se maneja todo con tarjeta”, gracias a los años de antigüedad que tiene en la cuadra “el trato es distinto y hay otros beneficios”, como las personas que le regalan ropa o comida por cuidarles el auto. Además, él dice que los que no le dan “se compensan” con otros que todos los días le pagan con billetes de tres cifras. Minutos después de decir esto se acerca un hombre mayor con un billete de 100 pesos y le dice: “Tomá, mijo”. A lo que Gabriel responde: “Gracias, doctor”.

Él es uno de los 645 cuidacoches registrados en la Intendencia de Montevideo (IMM) y por eso luce el chaleco verde con el logo de la comuna y en su bolsillo tiene el carné con su foto y nombre. En el registro de la IMM, además, figura la cuadra que le corresponde cuidar a Gabriel.

Sobre la misma calle, pero una cuadra antes que Gabriel, está Graciela Rodríguez. A diferencia del hombre, que llega a las siete de la mañana y se va a las ocho de la noche, Graciela va de once a cinco porque se cansa más. Con 72 años recién cumplidos, apoyándose en un bastón de metal y con una cartera cruzada por el pecho, a Graciela le cuesta cada vez más caminar por toda la cuadra y se pierde de algunas propinas por eso. “¿A vos te parece que es muy lindo cuidar coches? Imposible venir por gusto. Yo empecé por necesidad, como todos”, cuenta la mujer que cuida vehículos hace 22 años y además fundó la Asociación de Cuidacoches del Uruguay (ACU) hace 17.

Graciela y Gabriel son cuidadores de vehículos en Parque Batlle.
Graciela y Gabriel son cuidadores de vehículos en Parque Batlle.

Foto: Leonardo Mainé.

Graciela ahora tiene un vínculo directo con las autoridades e incluso sigue de cerca todo lo que generó un proyecto que presentó hace dos semanas el edil nacionalista Fabián Bravetti en la Junta Departamental de Montevideo. El proyecto, entre otras cosas, determina que los cuidacoches tengan un ingreso fijo que provenga de lo que la intendencia recauda con el estacionamiento tarifado. El texto prevé la firma de “cualquier tipo de convenio para la asignación de fondos provenientes de la recaudación por concepto de estacionamiento tarifado (...) siempre y cuando los cuidadores tengan un año o más de antigüedad en el registro especial de cuidadores de vehículos” de la IMM.

A pesar de que todavía no se votó, la posibilidad de regularizar el trabajo de los cuidacoches y que estos reciban un monto fijo similar a un sueldo generó tensión entre los ediles de Montevideo, que se diferencian a partir de cómo entienden el rol de los cuidacoches y también por quién entienden que tiene más responsabilidad sobre las personas que cuidan vehículos: si la intendencia o el Ministerio de Desarrollo Social (Mides). Todo parecería indicar que el proyecto no llegará a buen puerto por falta de apoyo de los ediles oficialistas, aunque todavía no es una certeza. Lo que sí es claro es que el Mides tiene intenciones de que se concrete el proyecto y la intendencia no.

Al ser consultada al respecto Cosse lanzó una frase tajante esta semana en una rueda de prensa: “Yo me pregunto por qué en los gobiernos del Frente Amplio todo era un problema del Mides y ahora en el gobierno del Partido Nacional todo es un problema de la intendencia”.

Regular o promover.

Bravetti cree que los cuidacoches “cumplen un rol social” y que por eso hace falta “una forma de dignificarlo y reglamentarlo” para disminuir los problemas de convivencia asociados a quienes realizan la tarea irregularmente.

“Hay que diferenciar entre el que se lo toma en serio, cumple un horario y trata bien a los vecinos del que hace la avivada de hacerse pasar por un acomodador para sacar unos pesos y termina presionando al dueño del auto cuando no le da nada o hablando mal. Con este proyecto beneficiamos a quien ejerce la tarea de buena manera y ayuda a la convivencia en la ciudad”, asegura el edil blanco.

Junta Departamental de Montevideo.
Junta Departamental de Montevideo.

Foto: @JBarriosBove

En la esquina de Parque Batlle que une la cuadra que cuida Graciela con la que cuida Gabriel hay un hombre que no tiene el chaleco de cuidacoches, pero se para ahí y, si puede, ayuda a estacionar a algún auto que los otros cuidacoches no logran ver. Además, el hombre ofrece lavar los autos que estacionan, algo que está prohibido en la regulación de la IMM para cuidacoches. “Estos me tienen cansada”, dice Graciela y apunta al hombre. Según información proporcionada por la IMM, de los 645 cuidadores de vehículos incluidos en el registro unos 42 son personas con antecedentes penales, que tienen el sello autorizado por la Dirección Nacional del Liberado (Dinali) en el carné.

Hoy la reglamentación para los cuidadores de vehículos de la capital es de 1990. Bravetti basó su proyecto en uno que fue “encajonado” y nunca vio la luz, que se presentó en 2019, después de que la intendencia que en ese momento dirigía Daniel Martínez solicitara la formación de una comisión para estudiar el tema, hasta que finalmente se presentó cuando Christian Di Candia asumió al frente de la comuna. El proyecto de Bravetti es casi idéntico al de 2019, salvo por dos grandes innovaciones: la posibilidad de que los cuidacoches reciban un ingreso fijo y la prohibición de la actividad irregular con fiscalización de la IMM.

Mientras la oposición en Montevideo cree que el proyecto sirve para “regularizar algo que ya existe”, los ediles del Frente Amplio aseguran que se está yendo más allá porque busca “promover” el trabajo de los cuidacoches. Nicolás Lasa, edil del Frente que además preside la Junta Departamental de Montevideo, dice que aún no hay una posición tomada con respecto a la votación en la junta, pero sostiene: “La estrategia que plantea este proyecto es para consolidar el rol de los cuidacoches y creo que antes hay que resolver una cuestión mucho más profunda y es ver si la tarea que hacen la desarrollan por una cuestión vocacional o por una cuestión de supervivencia, sobre todo por el vínculo que hay entre esa tarea y las personas en situación de calle y el consumo de sustancias”.

Según Lasa, la posibilidad de que los cuidacoches reciban un ingreso fijo “genera falsas expectativas en esa población” y desliza un dato: desde que se presentó el proyecto hasta la fecha aumentó el número de personas que acudieron a la Unidad de Cuidadores de Vehículos de la IMM, ubicada en la calle San José en el túnel del Palacio Municipal, y se interesaron el obtener el registro. De hecho, según informó el jueves El Observador, el registro pasó de estar sin inscripciones a 20 nuevos en pocos días tras el anuncio de Bravetti.

Por su parte, Graciela Rodríguez asegura que la cifra de cuidacoches “informales”, es decir no registrados por la comuna capitalina, “es infinito” y “debe ser más del doble” que los más de 600 que incluye el registro de la IMM. A pesar de lo que indican desde el Frente Amplio sobre el aumento de personas interesadas en pasar a la “formalidad” tras los anuncios de Bravetti, el edil blanco dice que para que no haya un “corrimiento masivo a la actividad” el artículo 3 del proyecto determina que podrán acceder a los incentivos económicos aquellos que integren el registro desde hace más de un año. “Ahí descartamos la posibilidad de que se le pague algo al que se registra solo para eso”, asegura.

Unidad de Cuidadores de Vehículos de la IMM.
Unidad de Cuidadores de Vehículos de la IMM.

ESTEFANIA LEAL

Pero no todos los que ejercen la tarea están seguros de querer recibir un ingreso fijo. Daniel, por ejemplo, reflexiona a pocos metros de la oficina de la IMM -a donde fue a buscar su nuevo chaleco- que no está seguro de querer la aprobación del proyecto “porque seguramente con eso se van a terminar las propinas”. Él cuida una cuadra en el Centro y gana aproximadamente 600 pesos cada día, aunque el monto es variable. Daniel cree que “si ya ha bajado lo que se recibe”, cuando se sepa que los cuidacoches tienen un ingreso fijo por la tarea, “va a seguir bajando”. En este sentido, la fundadora del gremio cuenta mientras ayuda a que un conductor estacione: “A mí me llamó Martín Lema y me preguntó cuánto pedimos que nos pagaran y yo le dije que no sé, porque sé que con esto vamos a tener menos propinas, pero creo que la dignidad de tener un sueldo vale la pena y por eso tiene sentido algo fijo”.

Según Lasa “hay que agradecerle a Bravetti por haber puesto el tema sobre la mesa, pero dice que lo cierto es que el enfoque es demagógico” porque “se busca precarizar el trabajo en lugar de fortalecerlo” sumado a que “se responsabiliza a la intendencia por situaciones cuando los organismos competentes son del gobierno nacional”. Desde el Frente Amplio aseguran que la discusión debe estar centrada en “la ayuda a las personas y no a la actividad de cuidar coches”. “No me queda claro que esta sea una actividad a promover sino más bien una población a atender”, dice Lasa.

Los que duermen en la calle.

La visión del Mides sobre el problema tiene que ver con un reclamo por mayor formalidad entre los cuidacoches, porque según una encuesta realizada por el organismo en agosto de este año, hay más de 1.300 personas que duermen en la calle y, dentro de estas, el 52% declaró trabajar como cuidacoche.

Al cruzar los datos de esas personas con el registro de la IMM, se ve que solamente dos personas de las que declararon ejercer la tarea en la encuesta del Mides están registrados por la intendencia. Además, entre los encuestados la mayoría decía que dormía en la calle “para cuidar su cuadra” y que otro no se adueñe de esta y empiece a cuidar los autos de allí, según el documento al que accedió El País.

A partir de esos datos y tras el conocimiento del proyecto de Bravetti es que la directora nacional de Protección Social del Mides, Fernanda Auersperg, solicitó una reunión con Mercedes Clara, directora de Desarrollo Social de la IMM, en donde estuvieron de acuerdo en que “la problemática alrededor de los cuidacoches impacta cada vez más a los vecinos”, según cuenta Auersperg. A pesar de que no habla de un respaldo concreto hacia el proyecto del edil, la directora del Mides dice que celebra que el tema “esté en agenda” y que “la normativa actual quedó bastante desactualizada” y “requiere de un abordaje mucho más profundo”.

Cuidacoche de Parque Batlle.
Cuidacoche de Parque Batlle.

Foto: Leonardo Mainé.

Tal como dio a entender la intendenta, los ediles también creen que es el Mides quien debe hacerse responsable del problema con los cuidacoches por tratarse de un conflicto social, más que de la ciudad de Montevideo. En este sentido, Auersperg responde: “Está clarísimo que en una sociedad ideal quizá no deberían existir los cuidacoches. Si nos quedamos en la idea de sociedad ideal no hacemos nada y esperamos a que esas personas dejen de hacer la tarea o consigan un trabajo formal, obviamente vamos a tener más problemas de convivencia y reclamos. Es similar a lo que pasa con los vendedores ambulantes y tantos otros roles. El problema está y hay que encontrarle una solución”.

A pesar de que la mayoría de las personas que duermen en la calle y dijeron trabajar como cuidacoches no están registrados por la intendencia, entre los 634 que sí lo están, hay 66 que asisten a refugios del Mides, según un informe del área de Políticas Sociales de la comuna publicado por El Observador. En este sentido, la directora del Mides dice que el ministerio está dispuesto a “flexibilizar todo lo que sea posible” para que, por un lado, más cuidacoches que integran el registro de la IMM accedan a las prestaciones del Mides y, por el otro, para que aumenten los registrados con una cuadra asignada y así no tengan que dormir en la calle.

Lo cierto es que, sobre todo en el Centro de Montevideo, buena parte de los que acomodan autos no tienen el chaleco de la intendencia y hacen el trabajo algunos días de la semana “para juntar unos mangos”, como lo resume Adrián, que cuida autos en la calle Cuareim desde hace cinco años. Se turna las horas con su mujer para que alguno se quede cuidando a su hija y, a pesar de que ya no viven en la calle, saben que deben recaudar 800 pesos por día para poder pagar la pensión en la que duermen ahora. Adrián es alcohólico y admite que tiene “algunos días malos”, pero las personas que trabajan en la cuadra en donde acomoda coches y estacionan allí le “sirven de ayuda” para estar bien porque lo conocen y le preguntan cómo está. “No puedo hacerme el loco porque sé que no me van a dar más”, dice y muestra los billetes que tiene en el bolsillo, la mayoría de 20 y 50 pesos.

En el caso de Gabriel, que está trabajando en la zona de hospitales en Parque Batlle, también vive en una pensión aunque pasó cinco años en la calle. Él asegura que “en un día malo” hace 1.000 pesos y “de ahí para arriba de acuerdo a lo que ligue”. La cifra está determinada “por la zona y por los años de confianza con la gente que estaciona” en esa cuadra, asegura. “Te da para vivir, pero rico no te vas a hacer”, dice Gabriel entre risas. Y Graciela, que está a una cuadra pero trabaja menos horas que Gabriel, dice que hacer 1.000 pesos en un día ocurre “solo si hay mucha suerte”, pero lo normal para ella es rondar los 800 pesos, aunque “también hay días de 200 pesos” porque “partís de la base de que hay gente que te da tres pesos”.

A pesar de que no pierde las esperanzas de que se concrete el proyecto que impulsa Bravetti, Graciela también piensa en el futuro y dice: “No es una locura pensar en que algún día tengamos un POS o un QR, porque la gente cada vez usa menos efectivo”.

Más allá del dinero, Gabriel cree que el trabajo de cuidacoches tiene ventajas: “No tengo un patrón al que reportar y además voy conversando y conociendo gente. Hoy charlo contigo, pero mañana capaz que pasa el Papa por acá”.

Sin el apoyo de los ediles frenteamplistas, el proyecto que contempla la posibilidad de que los cuidacoches obtengan un ingreso fijo parece estar destinado a no concretarse. Sin embargo, la presencia de estos hombres y mujeres en las calles montevideanas y de otras ciudades es un hecho innegable hace muchos años que preocupa a las autoridades. El problema es que estas aún no tienen claro de qué manera se debe regular su trabajo.

La anécdota del que no le cuidó lugar a Lacalle en Parque Batlle

Uno de los puntos incluidos en la normativa vigente para los cuidadores de vehículos de la Intendencia de Montevideo dice que estos no pueden reservar lugares en la calle para autos particulares.

En el último tiempo Parque Batlle se volvió un barrio con mucho tránsito y pocos lugares para estacionar, sobre todo cerca del Hospital Pereira Rossell, el Británico, el Sanatorio Americano y la Universidad de Montevideo. Ante la alta demanda, surgió el negocio y algunos cuidadores de vehículos de la zona comenzaron a poner conos o baldes blancos, a cambio de una buena propina, a pesar de que no está permitido hacerlo.

Consultado al respecto, Gabriel asegura que “jamás” ha reservado un lugar en la cuadra que vigila y cuenta una anécdota: “Hace un tiempo hubo un evento en la esquina acá en la Asociación de Laboratorios Nacionales y me pidieron que reservara lugar en la entrada. Yo dije que nunca hago eso y se rieron, pero no me dijeron para quién era. Al rato se liberó un lugar cerca y veo que estaciona el presidente Lacalle, que había estado dando vueltas hace rato. Se ve que le habían contado que no le quise reservar en la puerta y me hizo un chiste al respecto”. Gabriel bromea y dice: “Yo no cuido lugar, ni siquiera al presidente”.

Además de quienes ofrecen reservar lugar, también hay cuidadores de vehículos que ofrecen lavar el auto por entre 200 y 250 pesos. Incluso hay clientes que les dejan las llaves de sus autos para que se los laven por dentro. Hay, además, quienes hacen las reservas antes por teléfono para asegurarse el lavado antes de llegar a la zona de Parque Batlle.