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¿Encuestas de opinión?

Desde que irrumpió en escena a principios del siglo anterior el auscultar, descifrar y escarbar sobre el pensamiento de otros, las encuestas han sido un ejercicio permanente en muy diversos planos, especialmente en el político y económico pero también en otros andariveles de la vida.

No soy original si afirmo que aquí hay una cuestión epistemológica de primer rango. Cuando en una fábrica de producción en serie de tornillos se toma una muestra sabemos que -salvo accidentes imprevistos- representa ajustadamente al universo. Pero los seres humanos no son tornillos, cada uno es único e irrepetible por tanto en rigor una muestra no representa el universo sino estrictamente solo a la muestra en cuestión.

Básicamente esta es la razón fundamental de tanto yerro. Hay una dosis creciente de trabajos que se detienen a exhibir las equivocaciones de muy variadas encuestas en muy diferentes rubros y lugares, muchas veces sin aludir a la cuestión epistemológica sino que se cargan las tintas contra el mal manejo de los trabajos respectivos y eventualmente la emprenden con algunos profesionales.

Ahora viene otra cuestión que no es para nada menor. Cada uno de nosotros solemos hacer encuestas caseras, por ejemplo al hacer preguntas a taximetreros sobre distintos asuntos y a veces concluimos precipitadamente que las cosas serán como nos dijeron y luego nos sorprendemos si no suceden exactamente como lo vaticinado por nuestros interlocutores circunstanciales.

Y aquí viene el punto: pueden no ser exactamente como nos confesaron los taximetreros de nuestro ejemplo o muestras equivalentes pero muchas veces nos dan una idea de los resultados y por tanto sirven para vaticinios aproximados.

Esto es lo que sucede con las encuestas de opinión: nos dan una idea general, en ocasiones borrosa y en otras no tanto de sucesos futuros. Pero lo que estimamos es inadmisible es que se pretendan presentar las encuestas como algo “científico” con exactísimos desvíos de márgenes de error en un lado y otro con decimales incluidos.

Esto no es serio por las razones apuntadas sobre la condición humana, lo cual no quita que las pregun- tas a los encuestados pueden formularse con mayor o menor calidad, realizadas por especialistas ya sea de modo presencial, telefónico, escrito en tiempo real y las online asincrónicos que sortean el pretexto del “ahora no puedo”.

También debe tenerse muy en cuenta que a diferencia de los tornillos las cosas con los humanos no son iguales en cada muestra pues estos seres cambian de opinión.

El factor temporal es esencial tomarlo en cuenta en las encuestas. Esto del cambio de opinión se extiende a los metadatos que son datos que describen otros datos, en este contexto las investigaciones que indagan sobre cuales son las preferencias de cada uno según lo que buscan en Internet con lo que construyen los correspondientes algoritmos que intentan mantenerse actualizados según las modificaciones de cada cual aunque naturalmente se mantienen con atrasos según sean los giros de las preferencias.

Lo que señalamos se aplica por más esfuerzos en seleccionar grupos según características demográficas, antropológicas y sociológicas que la muestra pretenda representar.

Hay todavía un asunto más en este terreno y consiste en esbozar la teoría que sostiene que cuanto más masificada sea una sociedad más precisos tienden a ser los resultados de las encuestas puesto que esos seres se acercan a lo que es un tornillo y se alejan del cultivo de personalidades diferentes. Lo que consignamos se aplica también a los sondeos que se diferencian de las encuestas porque se circunscriben a una sola pregunta mientras que estas últimas comprenden una faena más detectivesca hurgando en más profundidad.

En este sentido es pertinente explorar pasajes de la obra de Gustav Le Bon titulada Psicología de las multi-tudes y de José Ortega y Gasset en El hombre y la gente, donde ambos autores alertan sobre los inmensos peligros de la masificación que aplasta la muy valiosa individualidad.

En varios ensayos se desprende que allí donde se respetan los valores de la sociedad libre curiosamente es donde más fallan las encuestas.

Curiosamente es en estos países donde generalmente las encuestas sobre las encuestas revelan más quejas e insatisfacciones y, por el contrario, como queda dicho, estudios bien documentados y calibrados muestran que allí donde predominan las recetas autoritarias del estatismo en ámbitos masificados es donde las encuestas en general aciertan más porque hay una mayor abundancia de hombres-tornillo.

Por supuesto que este análisis no toma en cuenta posibles deshonestidades en las encuestas, lo cual dejo para otra nota.

En resumen, el tema de las investigaciones de opinión consideramos que debe tomar en cuenta estas reflexiones, lo cual no significa que se abandonen estas pesquisas, solo que con una dosis mayor de modestia y con las limitaciones del caso.

Espero que esta nota periodística sobre una materia espinosa e intrincada resulte útil para el debate en curso.