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Esteban, el joven educador del Marconi que pensó hasta en cambiarse el apellido para escaparle a la violencia

Como si su historia hubiese estado marcada desde el primerísimo instante de su existencia por la violencia, la cárcel, las drogas, Esteban Ferrón fue concebido por sus padres en el Penal de Libertad. En una de las visitas conyugales que hacía su madre a su padre, que estaba preso por haber matado a una persona.

Esteban, un joven de 30 años que nació y vive en el barrio Marconi, conoció a su padre recién a los cuatro años, cuando quedó en libertad. Pero, después estuvo preso "ya no sabe cuántas veces", su hermano se volvió adicto a las drogas y algunos de sus tíos se vincularon con el narcotráfico. Todos familiares cercanos, que vivieron con él o en la misma cuadra del barrio. Creció entre allanamientos policiales, detenciones, familiares presos y otros muertos de parte de la familia de su padre.

El  joven parecía predestinado al camino de la delincuencia, el consumo y venta de drogas, el de manipular armas, el de resolver los problemas mediante la violencia.

Pero se convirtió en educador en el Movimiento Tacurú, se aceró a la Iglesia Católica, formó una familia con dos hijos biológicos y otro, el más grande, que terminará de adoptar esta semana cuando finalice los trámites y decidió militar en la lista 40 del Partido Nacional.

Según él "no tiene ni idea de política", pero quiere cambiar las cosas en el barrio desde adentro y los dirigentes de esa lista –los diputados Rodrigo Goñi y Gabriel Gianoli– lo conocieron y enseguida se dieron cuenta de que era un líder, dijeron.  Para el ministro Javier García, líder de la lista 40, Esteban, el militante, es un "ejemplo de compromiso social".

A él le gusta hablar. Mientras recorría el barrio saludaba a los vecinos por su nombre, los conoce a todos, les sonríe. Cuando era un niño veía cómo su padre y sus tíos se peleaban entre ellos y con otros vecinos. "Si había un problema ya querían ir 500 a pegarle a alguno", contó. Pero sus padres y sus tíos "ya están viejos" y la nueva generación "lucha" por cambiar ese pasado marcado por la violencia.

La figura clave

Antes de doblar al pasaje de tierra donde está su casa, Esteban saludó a un hombre. Fue un saludo casual de vecinos. "Ese de ahí es mi padre", comentó unos metros después. El vínculo entre ellos existe, pero no es cercano, pese a que su padre se alejó de la delincuencia y de la violencia después de haber probado la pasta base. Su padre "nunca estaba en la casa" porque, mientras Esteban era un niño, él se dedicaba a "vender drogas, a robar".

Con su madre tampoco tiene un vínculo cercano, va "una vez cada tanto a tomar un mate con ella" y los ojos se le ponen vidriosos cuando lo dice. 

Cuando era un adolescente tenía "un montón de amigos" en Marconi. Al contarlo, los divide entre los que consumían pasta base y los que no. Y él prefería a estos últimos. Alguna vez fumó marihuana, pero la mayoría de las veces se inclinó por el alcohol, por sentarse a tomar vino en alguna vereda del barrio. Aunque admitió que fue su madre la referente que lo sacó de ese camino, los ojos tristes igual aparecen.

Es tristeza, pero también enojo. Sus padres se separaron cuando él tenía 10 años, pero los vínculos familiares seguían en el barrio y, por eso, fue "difícil" para su madre "sostener la separación definitiva porque si él se desequilibraba, ella tenía la responsabilidad de asumir y estar".

Inés Guimaraens

Esteban Ferrón, militante de la lista 40

Su madre no tenía que ver con el mundo de su padre. Su familia de esa línea son militares. Y él le ha cuestionado varias veces "qué le vio". Para Esteban, la mujer es "dulce, cariñosa, íntegra, culta, dedicada, laburante, pero que cede y la he responsabilizado de mi historia", dijo. "Mientras mi padre se iba al Interbailable y tomaba merca como loco, mi madre andaba haciendo limpiezas para que yo pueda comer".

Pero, aunque Esteban reconoce el esfuerzo de su madre, ahora tiene incluso menos vínculo con ella que con su padre, porque así lo eligió. Mientras lo contó, buscó un motivo: que su madre "apaña" y "justifica" a su hermano, que es adicto a la pasta base. "Somos todos capaces de equivocarnos, pero hay cosas que yo no acompañaría", argumentó.

Esteban, el padre

"Diez mil quinientas ochenta veces", respondió sobre si sus hijos tienen más oportunidades de las que tuvo él, porque ahora él está en ese lugar, en el de ser padre. 

Los tres niños de cinco, 10 y 12 años, "viven la cultura salesiana, comulgan lo mismo que yo", van a misa, a Tacurú, a la escuela de deportes Villa Teresa, van a la escuela del barrio y pese a que Esteban y la madre de los menores están separados, ambos "están presentes" en la crianza de sus hijos.

Carolina, la referente de deportes del Movimiento Tacurú da cuenta de eso. Ve a Esteban cuando lleva a los niños y considera que además de acompañar a sus hijos, lo hace con los demás padres y niños del lugar. "Él es muy carismático y conoce las carencias. Siempre quiere aportar algo más, que los demás también estén bien", dijo.

Esteban predica con la palabra y la habilidad en la oratoria también la usa para educar a sus hijos. "Les hablamos constantemente, y cuando te hablo en plural es porque no soy yo solo, Ana también. Les hablamos para bien, no desde el cuestionamiento, porque entendemos que también son seres humanos, que pueden ser caprichosos. No los castigo. Les digo que se apropien de lo bueno, que cuando les pese ir a la escuela, cuando les pese ir a la cancha y perder o cuando les pese la maestra que entiendan que la vida es así. La vida pesa, pero tiene satisfacciones".

A Esteban también le pesó tener el apellido Ferrón porque en el barrio siempre estuvo vinculado con la delincuencia y la violencia y hasta pensó en quitárselo. Pero, llegó a aceptarlo y a llevarlo con orgullo para que los Ferrón puedan ser otra cosa. Por eso, aunque al mayor de sus hijos lo cría desde que tiene un año y tres meses, esperó a que el niño desee que él lo adopte y cuando lo aceptó, inició los trámites. Los Ferrón "son oportunidad. En la familia también hay obreros, gente de bien. Y yo respeté sus procesos y sus tiempos hasta que él quisiera tener mi identidad", contó.

Sus hijos están lejos de su historia porque no vieron morir a alguien. Pero, también padecen las consecuencias de vivir en un barrio permeado por la violencia porque "salen poco". Esteban y Ana compraron el terreno donde viven a $150.000 y allí dejaron un espacio para que sus hijos jueguen al fútbol y "cuando se sienten las metras (en referencia a las metralletas) los hacemos meterse para acá adentro".

Inés Guimaraens

El campo donde sus hijos juegan al fútbol

Pero, a la plaza pública del Marconi prefiere no llevarlos. Alguna vez los llevó a la plaza de Mendoza y Leandro Gómez "porque es más abierta, en lugares con más campo es más difícil que hayan trifulcas", explicó.

El Movimiento Tacurú

En la escuela N°191, la "Mercosur" Esteban repitió tres años. No se podía concentrar. De repente llegaba a clase y la tarde anterior habían allanado su casa, o su padre y sus tíos se habían golpeado, o habían llegado drogados o borrachos.

Cuando tenía 17 años su madre lo acompañó a llevar la documentación al Movimiento Tacurú, porque necesitaba trabajar y allí no le pedían experiencia laboral. Pero, se encontró con un lugar que no era un trabajo convencional, sino en el que también se iba a poder educar. Ingresó primero por la firma de un convenio y una segunda vez también. Pero le fue mal las dos veces. No estaba enfocado, no estudiaba, no rendía. "Desaproveché esas oportunidades, elegí mal ahí", admitió.

Pero, en el Movimiento lo fueron sosteniendo. "Fui tocado por Dios, algo bueno veían en mí", dijo. Y volvió como barrendero. Pero, además asumió roles que no tenía. "Escuchar, abrazar, educar" y entendió que esas habilidades tenía que potenciarlas y que debía seguirse educando. "Ahora hice una pausa en el bachiller, tengo que retomar. Pero, Ciclo Básico lo aprobé por Tacurú", contó.

Inés Guimaraens

Esteban Ferrón en un pasaje del barrio Marconi

En Tacurú Esteban trabaja con chicos con historias similares a las suyas y quiere traspasarles su experiencia. Ahora es educador para jóvenes que trabajan en barridos en ferias en Piedras Blancas, Peñarol o Pocitos, por ejemplo.

"En ese momento estás coordinando la tarea, pero nunca deja de faltar lo educativo. Porque son gurises que están desmotivados y ahí se busca la motivación, y en el tirón de orejas también busco potenciarlos. Les enseño valores, que eso no tiene costo económico. Algunos ni buen día te dicen, entonces yo trato de inculcarles eso, un buen día, un beso", dijo.

La militancia

Al diputado del Partido Nacional Gabriel Gianoli le llamó la atención la forma de ser de Esteban. Lo conoció mientras recorría los barrios en la campaña en 2018 a través de Carlos Badaracco, otro vecino del barrio Marconi que fue candidato a alcalde del Municipio D.

"Para nosotros, los que hacemos política, es muy importante un transmisor de ese tipo. Es un líder carismático y tiene una gran virtud que es que no se victimiza por lo que le tocó pasar", dijo Gianoli.

Aunque siempre votó al Frente Amplio, a Esteban ningún político lo había ido a buscar hasta ese momento. Pero, de repente se vio en su casa compartiendo con los diputados Goñi y Gianoli, con el senador Sebastián Da Silva y con encuentros con el ministro de Defensa, Javier García. Los dirigentes de la lista 40 creen que la historia de Esteban "derriba mitos".

Tanto García como Gianoli dijeron que ambos están vinculados con el trabajo con jóvenes salesianos, como Esteban y que, por eso, se identifican con él. "Esteban decidió desde su vocación de servicio, involucrarse políticamente para poder concretar las cosas en las que cree. Para nosotros es también una gran responsabilidad el abrir más espacios para que gente como él aporte su visión a la política", dijo el ministro. 

Según dijo Esteban, él no quiere estar en una banca en el Parlamento. Pero sí quiere "sacarle provecho" a la política para cambiar su entorno. "La olla me la sigo pagando yo, me sigo inundando", dijo, para aclarar que su militancia no tiene ningún rédito económico.

Pero, militar también le ha traído críticas en el barrio, sobre todo por la seguridad. "Me vinieron con reproches como si yo fuese Luis Lacalle Pou. Yo soy yo y no voy a negar nunca la realidad. ¡No me puedo hacer cargo de Astesiano, de Marset!", dijo.