Uruguay
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Experto que viene a Uruguay dice que la prohibición de las drogas “ha fracasado”

Cuando las puertas de la asamblea se abrieron, en el comienzo de la revolución francesa, de “casualidad” los delegados más progresistas y seculares se sentaron a la izquierda, mientras que los más conservadores lo hicieron a la derecha. Los libros de Historia cuentan que ese fue el puntapié a partir del cual la humanidad dividió las cosmovisiones políticas en el binomio izquierda-derecha.

Tres siglos después, la literatura politológica sostiene que la división izquierda-derecha mantiene vigencia siempre y cuando haya ciudadanos capaces de situarse más cerca o lejos de los extremos de esa clasificación.

Pero la discusión sobre la regulación del mercado de drogas, tras más de un siglo de prohibicionismo, adquirió fuerza en la última década y rompió la lógica del binomio. Hubo gobiernos tildados de “derecha”, y los hubo de “izquierda”, que legalizaron el cannabis. Hubo partidos políticos con diferencias de posturas a su interna, pero con coincidencias con sus competidores electorales. Sencillamente: hubo un cambio de paradigma que sacudió el tablero de las ideologías.

¿Y ahora qué? John Collins, director de participación académica de la Iniciativa Global Contra el Crimen Organizado Transnacional, expondrá este jueves en Montevideo sobre las innovaciones en la lucha contra el narcotráfico. Lo hará invitado por el Centro de Estudios de Políticas Públicas del sector Ciudadanos del Partido Colorado, una colectividad que da cuenta a su interna de que el binomio izquierda-derecha sirve de poco para la discusión sobre el nuevo paradigma de drogas.

Global Initiative

John Collins.

Previo a su llegada a Uruguay, donde intercambiará con el asesor del Ministerio del Interior Diego Sanjurjo, fue entrevistado por El Observador.

¿Qué consecuencias generó el prohibicionismo de las drogas?

 Existe un claro reconocimiento general de que la guerra contra las drogas, que es una implementación extrema de la prohibición, ha fracasado. Algunos argumentan que esperamos demasiado de la prohibición y que, en todo caso, reduce la escala general del mercado. Sin embargo, (en la academia) todo el mundo reconoce que esto conlleva un costo inmenso, especialmente para los grupos pobres y marginados de la sociedad. La prohibición convierte a los mercados, por definición, en criminales. Da control a las bandas criminales, incentiva la corrupción y distintas formas de violencia. Impone daños a los consumidores y a quienes participan en el mercado, y otorga ganancias a individuos y grupos que utilizan esas ganancias para socavar aún más el tejido social. Entonces, la pregunta a nivel global durante la última década es si los “beneficios” de la prohibición, suponiendo que los haya, superan los costos.  Muchos han llegado a la conclusión de que la regulación es un nuevo enfoque que debe adoptarse.

¿Llegó el momento de legalizar el mercado de todas las drogas?

La regulación debe ser parte del conjunto de herramientas de políticas públicas. Sin pruebas extensas no podemos tener una conclusión acabada. Pero, dados los problemas de la prohibición, es importante que los países prueben nuevos enfoques, incluidos experimentos limitados con regulación legal y cambien el marco de políticas hacia un nuevo enfoque.

¿Es posible que un país regule el mercado de drogas sin un acuerdo regional?

Es posible, pero es más complicado. En última instancia, un país puede regular su mercado de consumo interno, pero los mercados de drogas están intensamente globalizados e interconectados. Si los estados finalmente avanzan hacia la regulación legal, los acuerdos regionales probablemente resultarán necesarios, pero no son un requisito previo. La legalización del cannabis en todo el mundo nos ha demostrado lo que pienso.

Sin embargo, Uruguay reguló el mercado de cannabis hace diez años y todavía hoy las farmacias que comercializan esta droga tienen que trabajar con dinero en efectivo…

Gran parte de esto se debe a enfoques preventivos de las corporaciones, muchas de las cuales tienen su sede en jurisdicciones donde las regulaciones nacionales siguen siendo prohibicionistas. Tampoco creo que la ONU tenga mucho que ver con esto y se está convirtiendo en un actor menos relevante en las discusiones sobre la legalización del cannabis. No tiene poder para obligar a los Estados miembros a hacer nada en este campo y la interpretación de las convenciones está cambiando gradualmente para aceptar que la legalización del cannabis encaja dentro del sistema multilateral, incluso si persisten las tensiones.

Con el objetivo de satisfacer la demanda, el Instituto de Regulación y Control del Cannabis de Uruguay lanzó una variante con mayor efecto psicoactivo y se prepara para ofrecer otra nueva: ¿es un riesgo que las políticas de los gobiernos cabalguen a la par de los deseos de los consumidores?

Es el punto de equilibrio al que se enfrentan los gobiernos. Si se regula y restringe excesivamente las opciones de los consumidores o se sobrevalora el producto, la gente permanecerá en los mercados ilícitos o volverá a ellos. No hay bala de plata. En última instancia, los gobiernos deben diseñar y perfeccionar la legislación para alejar a los consumidores del mercado criminal y al mismo tiempo intentar limitar los impactos en la salud social e individual. Aquí hay una compensación y los incentivos a las ganancias no necesariamente se alinean con los objetivos de salud pública. Es por eso que necesitamos experimentar y aprender de las experiencias y, en última instancia, avanzar de manera incremental e interactiva.

¿Existe una contradicción entre ofrecer variantes de cannabis y limitar la oferta, por ejemplo, de tabaco aromatizado?

Las drogas son bastante diferentes. El tabaco es un producto altamente adictivo con impactos en la salud pública ampliamente demostrados. El cannabis tiene su propio perfil de riesgo que requiere regulación y aceptación de compensaciones entre salud y elección del consumidor. No lo veo como una contradicción, se trata de abordar las realidades de diferentes productos que tienen riesgos para la salud pública e individual.

El tráfico de drogas es el medio de vida de muchos delincuentes. ¿Qué papel cree que asumirán esos criminales si el Estado les compite en el mercado de las drogas?

La criminalidad no desaparecerá y los delincuentes se adaptarán para encontrar otros mercados. Pero las drogas son un mercado enorme y muy rentable. La prohibición se lo pone muy fácil a los delincuentes y atrae a personas a la delincuencia que de otro modo no se verían involucradas. Por lo tanto, podemos suponer y esperar que los mercados bien regulados reduzcan la escala de los mercados criminales.

¿Hasta qué punto la legalización de las drogas puede reducir la violencia?

Es demasiado pronto para sacar esta conclusión en la mayoría de los lugares que han legalizado recientemente. Pero si el mercado criminal se reduce significativamente, entonces debemos suponer que la violencia también se reducirá. Simplemente no podemos sacar conclusiones tajantes aún.

¿Qué proyecto piloto de regulación se podría implementar en un país como Uruguay?

Creo que es hora de empezar a examinar formas innovadoras impulsadas por el Estado para controlar los mercados de drogas más problemáticas. En los casos de una población de consumidores dependientes arraigada y marginada, los gobiernos deberían considerar programas piloto para examinar formas de sacar a esas personas del mercado ilícito a través de canales regulados y estrictamente controlados. No pensaría en esto como “legalización”, lo consideraría como un Estado que busca abordar la dependencia de drogas y los problemas de salud pública a través de nuevos modelos de control.