Uruguay
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La historia de dos sanduceros que se fueron a vivir a Colón y pagan menos de $ 5.000 de alquiler

La dinámica se sostiene. Y ni miras de un cambio en el corto y mediano plazo. Argentina está baratísima para los uruguayos y el constante flujo hacia el otro lado del río Uruguay se mantiene: para hacer el surtido, para cargar nafta, para ir a la peluquería, para hacer el service del auto, para comer, para renovar los lentes, para acudir al dentista, para iniciar un tratamiento de adelgazamiento, para hacer terapia, para una intervención quirúrgica, para visitar a un médico de la especialidad que sea. Para todo. También, para vivir. Mientras se trabaja en Uruguay. Claro.

Paysandú tiene a Colón, Entre Ríos, a sólo diez kilómetros. La demora en el puente no resulta un impedimento. La gente espera lo que haya que esperar, también ha ganado el expertise de saber cuál es la mejor hora, para cruzar la frontera. Según el último Indicador de Precios Fronterizos, del Observatorio Económico de la Universidad Católica, Salto se encuentra 144% más caro que Concordia para el conjunto de bienes seleccionados (60 artículos).

Este punto resulta clave para aquellos que han decidido alquilar en Argentina, mientras trabajan en suelo sanducero. Una intención que se acrecienta pero que se da contra una realidad: no hay suficiente oferta inmobiliaria en Colón, una ciudad de más de 60 mil habitantes.

El fenómeno se da también en otras ciudades fronterizas como Gualeguaychú y Concordia, y en Concepción del Uruguay en menor medida.

Zulma Boujón, de Boujón Propiedades y Servicios en Colón, y referente del Colegio de Corredores Inmobiliarios de Entre Ríos, dijo a El Observador que para radicarse en su país resulta necesario sacar la residencia en migraciones que se puede tramitar en Concepción. Luego, respecto a la garantía que se exige para alquilar, les piden a los uruguayos que abonen por adelantado dos o tres meses, “como respaldo”. Y, en general, el contrato “bajo leyes argentinas” es a tres años.

Guillermina Urrutia

Colón se volvió para los sanduceros una oferta atractiva para ir a comprar de todo e incluso para vivir

Colón, ciudad tranquila, segura y con marcado acento turístico -algo que los propietarios tienen en cuenta al momento de alquilar-, genera su propio atractivo, más allá de lo económico.

Desde la reapertura de las fronteras, y como consecuencia de los puentes que unen Uruguay y Argentina, la frecuencia del pasaje de uruguayos se incrementa cada día. Este expansivo interés por vivir en Entre Ríos, según Boujón, existe desde mediados de 2022. Y ya hay quienes “ven la posibilidad de comprar”.

“Si bien siempre hemos tenido esos altibajos en la economía, en el que había momentos que nos convenía ir a nosotros para allá, ahora se dio vuelta. Pero de querer venir la gente a vivir acá a Colón, sí es algo más novedoso, de estos últimos tiempos”, aseveró.

Según esta corredora inmobiliaria, el perfil de uruguayo que se interesa por vivir en su ciudad tiene “un rango de 40, 45 años para arriba”, y suele tener familia. Las consultas suelen ser diarias, pero las respuestas, de ella y de las otras inmobiliarias, es la misma: nada disponible. Los alquileres en Colón, de una casa tipo -dos dormitorios, cocina, comedor, baño-, salen alrededor de 80 mil pesos argentinos “para arriba” (menos de $ 5.000, a cotización interbancaria).

“Es mucha la demanda en alquileres, pero no solo de lado de la gente de Uruguay, sino que se está complicando para los mismos argentinos también”, agregó Boujón quien suele tener entre cinco a seis clientes uruguayos, aunque “podría tener más”. También comentó que la garantía la piden en dólares, “para que no se desvalorice tanto”. “Así queda más estable y podemos defender los intereses del propietario”, dijo.  

A su vez, los propietarios en Colón prefieren poner en alquiler por temporada o por meses o días, con un marcado objetivo turístico. Les reditúa más.

En junio de 2020 se modificó la ley 27.551 que regula los alquileres en Argentina. Esa ley pone un tope a los contratos de un mínimo de tres años. La actualización del importe es anual, y en ese índice está la inflación. “Al propietario no le sirve, porque esperar un año entero para hacer un reajuste de monto del alquiler, con la inflación que nosotros tenemos, en el transcurso de ese año termina cobrando monedas. Hay que ser sinceros. Al inquilino tampoco le sirve, porque al año tengo que ajustarle un 80% o un 90%”, explicó.

Además, “el deterioro de la propiedad es mucho menor con un alquiler turístico y te reditúa mucho más. Porque por ahí lo que sacás en un mes con un alquiler de una propiedad, lo sacás en una semana”.

Ir y volver a ir

Luis “Chipi” Torres, de 32 años, y su novia Valentina son sanduceros, viven en Colón, pero trabajan en Paysandú. Torres, que trabajaba en una zapatería y que ahora está dedicado a la música, ya tenía la experiencia de haber vivido en la vecina ciudad argentina -casi dos años-, pero la pandemia se lo impidió, con el cierre de fronteras, y decidió pasar ese período del lado uruguayo.

Incluso, ya en aquel tiempo el alquiler estaba mucho más barato en Argentina por lo que siguió viviendo del otro lado entre cuatro a cinco meses porque “no sabía qué iba a pasar”. Finalmente entregó la casa y se quedó en Paysandú hasta que volviera la oportunidad. Que apareció.

En marzo de 2022 los puentes volvieron a circular y Torres salió a buscar algo para vivir en Colón. En un principio, consiguió que le alquilaran por tres meses un monoambiente. Pero justo antes que finalizara ese plazo, “volví a contactar con la muchacha que me alquilaba antes, por el mismo apartamento donde estaba, y lo conseguí. Fue todo redondito”, dijo Torres a El Observador. Y está bien ubicado, a media cuadra de la costa sobre el río Uruguay y de la rambla colonense.

Entre el alquiler de un apartamento que ya estaba amueblado, el gas por cañería, la luz, el agua y el cable paga unos 75 mil pesos argentinos, poco más de $ 4.000. La diferencia resulta abismal.

Este año se fue su novia a vivir con él y cada día suelen cruzar juntos el puente. Lo hacen a media mañana: ella entra a trabajar a las 13.30 en una farmacia, por lo que si tienen algún tiempo libre se quedan en la casa de los hermanos de Valentina o en la de los padres de Torres. También regresan juntos a Colón, luego de las 19.30 horas.

El habitual fastidio es la espera que puede suponer pasar por Migraciones y Aduanas, por la cantidad de autos que cada día y cada hora pretende cruzar hacia Argentina. “A veces no hay nadie, a veces hay algo de cola. Si sabemos que va a haber cola, nos venimos temprano. Generalmente, lo diario es demorar una hora. Desde que salimos allá hasta que llegamos. Y los sábados ella trabaja de mañana, entra a las 7, y a esa hora no hay nadie. Entonces ahí demoramos unos 25 minutos, media hora, más o menos”, explicó Torres.

Agregó que pese a la incertidumbre del cruce en auto y a los 1.200 pesos argentinos -el precio con tarjeta vecinal- que debe abonar de peaje en cada pasada, todo se compensa. “Es el único gasto importante”, dijo. “Es mucha la diferencia, todo te resulta tres veces menos de lo que pagarías en Uruguay”.

Torres, que está tramitando la residencia legal en Argentina, canta y toca la guitarra, pero también quiere emprender algo propio, como un kiosko. En eso está y su padre, herrero, lo está ayudando con el montaje. De todos modos, piensa seguir viviendo en Argentina y no visualiza un cambio pronto.

“Lo único que podría cambiar de manera brusca sería una pandemia o algo así, que se cierre el puente y que tengas que decidir qué hacer. Pero ahora, que la realidad cambie, no lo sé. Hoy en día es mucho más viable trabajar acá, vivir allá, como lo hago yo. Pero no sé hasta cuándo será eso. Yo también tengo que ir viendo a ver cómo se va manejando o cómo va cambiando la situación. No sé, sinceramente. Hoy sé que es esta la realidad”, reflexionó.

Voy en auto, voy en moto

Edison González (32), docente de informática y ajedrez, representa otro de los casos sanduceros que decidieron mudarse a Colón. Tentado por los precios de los alquileres, más la suerte de haber dado con una casa en esa ciudad, se instaló allí el pasado enero.

“Se me terminaba el contrato de alquiler en Paysandú, entonces estaba la necesidad de ver si me quedaba en un lugar o si buscaba otro diferente”, comentó. Calculando precios y al conocer a algunas personas que ya vivían en Colón, se fue adentrando en esa chance. Eso sí, se dio de bruces con la realidad: la falta de oferta.

“Vi que era muy complicado buscar en las inmobiliarias, prácticamente no tienen nada. Pero tuve la suerte de encontrar rápido; me cayó de la nada. Me dijeron que me decidiera a ver qué iba a hacer, porque había más gente interesada, y lo tuve que señar con unos 4.000 pesos argentinos”, ahondó.

González sintió en carne propia la galopante inflación argentina, aunque el precio siga conviniendo, y a los ajustes de los propietarios: empezó pagando $ 48 mil argentinos y ahora abona $ 80 mil por mes. “Si lo ves así es un montón, pero como cambio los dólares allá más o menos es lo mismo”, indicó. Así y todo, paga unos $ 4.500 de alquiler, cuando en Paysandú le salía $ 12.000.

Este docente usa tanto el auto como la moto para hacer el cruce por el puente internacional General Artigas. Con el birrodado el peaje es más barato. Sus horarios varían: puede pasar por la frontera temprano en la mañana y retornar de tardecita, como salir luego del mediodía y pegar la vuelta por la noche.

Guillermina Urrutia

La diferencia de precios hace que la oferta de propiedades para alquilar escasee

González, que entrenaba en un equipo de fútbol colonense y debió dejar por las horas de los entrenamientos, goza de residencia argentina y tiene en trámite el DNI de ese país. “Tengo la precaria que le llaman ellos. Lo que sí te piden es que cuando cruzás de Colón para Paysandú, presentes ese documento en trámite y cuando vas de Paysandú para allá, muestres tu cédula”.

De cualquier modo, no piensa quedarse por mucho tiempo. Tiene dos hijos, chicos -de seis y cuatro años-, a los que ve entre semana y no ha podido llevarlos a Colón, hasta ahora. “Mi idea es volverme a fin de año o en las vacaciones. No tengo un plan a largo plazo”, aseveró.

Por el momento, como cada sanducero o uruguayo que tiene la posibilidad de ir seguido a Argentina, saca provecho de la enorme diferencia cambiaria. Hasta que los vientos cambien.