Uruguay
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Matías Valdez y Márama: la tarde en la que dos ídolos de la música tropical coparon una plaza de Tres Cruces

Tres amigas se ríen con cierta vergüenza y especulan, con ansiedad adolescente, sobre lo que está por venir. Una pareja joven espera con un ramo de flores, claveles amarillos y rosas pálidas con el borde coral. Alguien elige hacerse una selfie con el ploteo del ómnibus negro estacionado sobre la calle Avelino Miranda y una niña, en ese mismo ómnibus, dibuja un corazón. Un muchacho pasa, pregunta qué ocurre, la respuesta lo desconcierta. En minutos, Matías Valdez y Agustín Casanova bajarán de los vehículos y filmarán, en la Plaza de la Bandera, su nuevo videoclip.

Matías Valdez es el cantante más relevante de la música tropical uruguaya actual: viene de agotar un Antel Arena, acaba de anunciar un Gran Rex en Buenos Aires, supera el millón y medio de escuchas mensuales en Spotify y tiene, ahora, una faceta ligeramente más mediática como participante del concurso de cocina Fuego sagrado de Canal 12. La semana pasada, su molestia por la devolución del jurado lo ubicó en un plano de la conversación al que no está acostumbrado. Unos días después iba a decir en su cuenta de Instagram que gracias a la gente, esa que lo sigue aun cuando él se equivoca.

Agustín Casanova estuvo al frente de una de las últimas grandes modas de la música nacional. Con Márama y a la par de Rombai, revolucionaron las pistas rioplatenses con un sonido nuevo y lideraron un fenómeno de efectividad efímera. Recuperó su grupo tras un período de inactividad por conflictos legales con Fer Vázquez, el productor de ambos proyectos, y hoy Márama se rearma mientras que Casanova se expande. Consolidado como una figura de televisión y jurado en La Voz de Canal 10, su momento más mediático fue un pasaje a medias por Bailando, en 2017; se fue con renuncia.

Valdez transita hoy lo que Casanova ya recorrió. En la Plaza de la Bandera, frente a Tres Cruces y debajo de un flameante Pabellón Nacional, en uno de los puntos más uruguayos de todo Montevideo, por momentos se ve desconcertado. Los Márama se mueven con plena comodidad: están de invitados a la canción, pero parecen los dueños de la fiesta.

Matias Valdez y Agustin Casanova
Matías Valdez y Agustín Casanova en la Plaza de la Bandera.

Foto: Estefanía Leal

Ayer, después de haber colaborado en La Voz y haberse subido al tema “Sé que no” del cordobés Ulises Bueno, del que también participa El Polaco, Matías Valdez y Márama estrenaron “Tengo ganas”. Habían pasado siete días del rodaje.

En el rodaje de Valdez & Márama

Alcanzan un par de pasadas para que el estribillo edulcorado y pegajoso quede prendido. En menos de 10 minutos, la pequeña multitud alrededor del escenario coreará “Tengo ganas / de pasar el fin de semana / calentando la misma cama / conociéndonos mejor” como si la supiera de toda la vida.

Todo ocurre demasiado rápido. Es jueves 21 de setiembre pero la tarde está plomiza y filosa, como si se esforzara por alejarse, todavía, de la primavera. Bajo un cielo que en cualquier momento podría desarmarse, los narcisos amarillos que aparecen entre el público son un alivio ante tanta grisura.

Agustin Casanova
Agustín Casanova se toma una selfie en el rodaje de "Tengo ganas" de Matías Valdez.

Foto: Estefanía Leal

Pronto, varios de esos narcisos estarán en el güiro de Pablo Arnoletti, el percusionista de Márama que es de los primeros en cambiar el ómnibus de los artistas por el calor de la gente. Accede a todas las fotos, charla, no deja de sonreír. Después, en escena, su campera de estampas furiosas contrastará con el atuendo campestre de los cantantes, que van a juego y sobrios: pantalón, chaleco, boina que Casanova acaba de aprender a usar.

El videoclip de “Tengo ganas” se filma —y se edita— en tiempo récord. Apenas pasadas las 17.30, Valdez y Casanova bajan del ómnibus, son escoltados por su equipo, un par de periodistas y algún espectador que no quiere perder pisada, y toman posición en un escenario pequeño, hacia el final de la Plaza, donde se concentra todo. Cantan “Tengo ganas” una y otra y otra vez, y en los momentos en los que la música no suena, lo único que se oye son los pedidos rabiosos de aquellos que reclaman su foto, su saludo, su instante, su beso.

Y eso es todo. La banda toca, ellos cantan y demuestran que lo disfrutan, las cámaras cubren el territorio, la gente levanta los brazos y corea. Un centenar de personas se queda pegada a los artistas y el resto mira de lejos, aplaude, silba. Media hora después, todo habrá terminado.

Matias Valdez
Matías Valdez en el rodaje de "Tengo ganas", en la Plaza de la Bandera.

Foto: Estefanía Leal

Antes de bajarse del escenario, mientras el público le regala una versión espontánea y a capella de su hit “Latidos”, Valdez dice a El País: “Poder compartir música con amigos es de las cosas que más disfrutamos, así que esperemos que la gente disfrute aún más que nosotros”.

Casanova, relajado, completa: “Está loca la gente. Nos gusta tener éxito o triunfo en nuestro país, es algo muy lindo, y después que pase afuera. Pero primero siempre queremos estar acá, que nos reciban así, de esta manera”.

Mientras, las manos de la gente se siguen estirando en busca de un contacto, un abrazo, un recuerdo con los ídolos.