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Sebastián Ciganda: el uruguayo que pasó de la Liga Universitaria al Mundial de Clubes sin dejar su empleo

Sebastián Ciganda se disculpa antes de avisarle al periodista que no va a poder hablar a la hora pactada. El motivo no es familiar, tampoco es por un entrenamiento, es porque tiene que trabajar. ¿Un futbolista que en diciembre estará jugando el Mundial de Clubes tiene que trabajar? Sí, a pesar de que disputará el torneo más importante a nivel de clubes, sí tiene que trabajar.

“Hago el mantenimiento de una casa cuando el dueño se va del país. Le cuido al perro, le hago jardinería y si es necesario también pinto o le arreglo alguna cosa”, le contó Ciganda a Ovación.

Y de hecho, estas tareas requieren de mucho menos esfuerzo respecto a las que realizaba antes cuando trabajaba en una empresa de hidrolavados en la que tenía que andar colgado de alguna ventana o en los techos de diferentes casas.

Este arquero uruguayo de 30 años, nacido en José Enrique Rodó, Soriano, nunca dejó de lado el trabajo, sobre todo por necesidad porque jugar al fútbol en Nueva Zelanda implica hacerlo en un fútbol semiprofesional y en la que, en los mejores casos, apenas se cobran los viáticos como le ocurre desde junio de este año cuando comenzó a defender al Auckland City, el equipo clasificado al Mundial de Clubes 2023 representando a Oceanía.

Sebastián Ciganda defendiendo al Auckland City.
Sebastián Ciganda defendiendo al Auckland City.

Foto: Gentileza.

“En Nueva Zelanda ya hace siete años que estoy viviendo. Estoy en una isla hace seis años que se llama Waiheke que tiene una colonia muy grande de latinos, más que nada argentinos, pero también hay uruguayos y chilenos”, comenta Ciganda quien llegó con una visa Working Holiday, donde trabajar es una prioridad.

“Por suerte en mi primer año pude recorrer casi todo el país, trabajar y viajar y después me instalé acá en la isla”, y confiesa que allí se asentó porque había algo que le llamaba la atención: un equipo de fútbol.

Waiheke United, homónimo de la isla, empezó a tomar fuerza cuando en 2013 llegaron tres argentinos. “Jugaba en la octava división de Nueva Zelanda, empezaron a llamar a amigos y empezó a caer gente de todos lados y comenzó a ascender y yo cuando llego en la temporada 2018, hice las pruebas y quedé y ahí el equipo ya estaba en la Segunda División”, cuenta Ciganda.

Sebastián Ciganda defendiendo los colores del Waiheke.
Sebastián Ciganda defendiendo los colores del Waiheke.

Foto: Gentileza.

Con esa meteórica proyección que tuvo el club, el sueño máximo estaba en llegar a la Primera División y en 2021 lo consiguió, pero se iba a encontrar con un obstáculo inesperado: “Salimos campeones y ascendimos, pero justo la Federación puso una regla que solo podían jugar cuatro extranjeros por equipo y después tenían que ser todos locales y el club no tenía muchos porque vivimos en una isla de 8.000 personas que estamos a 40 minutos en ferry de Auckland y la mayoría termina los estudios y se van de acá y eso hacía difícil mantener un equipo fuerte y de nivel. Tuvimos que afrontarlo porque era eso, que nos lo habíamos ganado en la cancha, o jugar en Tercera porque ahí no hay requisitos de extranjeros. La jugamos igual, lo intentamos y obviamente los resultados no se dieron porque era un equipo nuevo y solo podíamos jugar cuatro extranjeros y los resultados no se dieron: ganamos uno y empatamos cinco y descendimos”.

Más allá del hecho de terminar en la penúltima posición, su rendimiento llamó la atención del equipo que está considerado como uno de los mejores del país: Auckland City.

“Me lo enfrenté jugando con Waiheke y tuve la fortuna de jugar los dos partidos contra ellos y por suerte anduve bien en ambos y siempre mantenía una regularidad y como nos llegaban muchas veces tenía chances de mostrarme. El cuerpo técnico de Auckland es español y cada vez que podían ver a Waiheke, iban a vernos y me estuvieron siguiendo hasta que me hablaron y me dijeron si me quería sumar como tercer arquero y me explicaron las condiciones porque en Primera División hay una regla que tienen que jugar menores de 20 años cierto porcentaje de minutos, entonces el segundo arquero es uno de ellos y tiene prioridad y estoy peleando el puesto, pero lo hago muy contento”, confió el guardameta.

A diferencia de lo que ocurre en otros clubes, al propio Ciganda le hicieron una oferta desde Auckland que le permitiría enfocarse más al fútbol: “Hay clubes que emplean a sus propios jugadores como técnicos de categorías inferiores y así tener otro sueldo sin tener que hacer trabajos físicos, pero yo preferí quedarme a vivir en la isla”.

Otra de las particularidades es que el club entrena apenas tres veces por semana y luego juega sábado y domingo, aunque podría aumentar a cuatro prácticas semanales de cara al Mundial de Clubes. Son esos días los que Ciganda hace el recorrido en ferry ya que, mientras pueda, no se quiere mover de la isla que lo recibió hace ya seis años.

La Isla Waiheke donde vive Sebastián Ciganda.

La Isla Waiheke donde vive Sebastián Ciganda.

Y claro está que cuando desde el club se pusieron en contacto con él no lo dudó, sobre todo por el desafío que tendrá la institución a fin de año: “Desde el día en que me llamaron y me comentaron que estaba el Mundial de Clubes mi ilusión y mis ganas están en pelear el puesto e intentar jugar. Está difícil, pero es fútbol y puede pasar cualquier cosa, pero no paramos de pensar que vamos a enfrentar a Karim Benzema, N’Golo Kanté o Fabinho, yo todavía no caigo. A eso sumale que vamos a jugar en un estadio enorme”.

Es que el conjunto oceánico abrirá el Mundial de Clubes cuando se enfrente a Al Ittihad, clasificado al torneo por ser el último campeón de la liga de Arabia Saudita, país donde se llevará a cabo el torneo.

Antes de llegar a Nueva Zelanda, Ciganda jugó al fútbol en nuestro país, pero siempre lo hizo de manera amateur.

“Toda mi vida jugué al fútbol, más que nada fútbol regional en el Fraternidad FC, también jugué en Club Deportivo y Social Santa Catalina de Soriano y también jugué en Liga Universitaria en el San Eugenio”.

De todas maneras, tuvo un intento de jugar de forma profesional cuando su entrenador en Liga Universitaria le consiguió una prueba en Nacional, no quedó, pero siempre le estará agradecido y ese entrenador era el recientemente fallecido Waldemar Victorino, gloria del equipo tricolor.

Cuando leí la noticia me chocó mucho y me dio mucha pena que haya terminado así. Inmediatamente me comuniqué con mi hermano y amigos para saber qué había pasado”, indicó.

“Tenía un vínculo grande porque lo pasábamos a buscar cuando íbamos a entrenar. Era muy humilde y siempre contaba sus anécdotas, yo lo peleaba porque soy de Peñarol, pero siempre con buenas intenciones nunca con ganas de hacerlo enojar. Terrible persona”, agregó.

Para Ciganda, el fútbol siempre estuvo en su cabeza. “Desde que salí de Uruguay le dije a mi familia y amigos que quería jugar. Todavía no caigo mucho porque fue un salto grande”, admite. Un salto que le permitió cumplir el sueño de muchos.