Uruguay
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Uruguay “está carísimo” y cae la llegada de argentinos: en 2023 se fueron más de los que entraron

Cuatro de cada diez argentinos son pobres. La inflación anual en ese país supera el 124%. Las encuestas señalan que el peso argentino se devaluará en un 45% antes de fin de año. Y la inseguridad se coló en la discusión electoral. Ante este escenario, varios argentinos buscaron una estabilidad en otro lugar.

Los datos del Instituto Nacional de Estadísticas de España confirman la tendencia: desde 2017 crece de manera ininterrumpida la cantidad de argentinos viviendo en el país ibérico. Pasó de 70.221 a 97.257 (o, lo que es lo mismo, subió 39%).

En Uruguay la evidencia también venía demostrando esa “fuga” desde la Argentina. Durante el primer año de la emergencia sanitaria por covid-19, cuando ese país atravesaba la calificada como la “cuarentena más larga del mundo”, más de 6.800 argentinos solicitaron la residencia uruguaya. Al año siguiente, “en el año récord”, los pedidos crecieron a 12.489. Los medios hablaban de “boom”, de la extensión de Punta del Este, de la “ola”.

Uruguay venía siendo, en ese sentido, el quinto destino preferido por los argentinos: solo lo superaban España, Brasil, Chile, y Estados Unidos. Pero poco a poco el flujo empezó a desacelerarse. El Observador ya había contado que, tras el récord de 2021, el año pasado el inicio de residencias había caído 42% (seguía igual en niveles altos si se compara con la pre-pandemia). Y los nuevos datos de la Dirección Nacional de Migración muestran una baja todavía más marcada.

Porque según las cifras oficiales y preliminares a las que accedió El Observador, durante los ocho primeros meses de este año se vienen solicitando un promedio de 250 residencias de argentinos, un ritmo muy similar a los registrados hace ocho años.

Como la información administrativa no siempre es precisa —mucho menos cuando las estadísticas de residencias que estaban en dos organismos pasaron a centralizarse solo en uno—, los demógrafos recomiendan tomar los datos como síntomas.

Los médicos lo saben muy bien: un conjunto de síntomas no siempre dan un diagnóstico certero, pero nos acercan al cuadro del paciente. En esa línea, otra información de la Dirección Nacional de Migración apunta a lo mismo: en lo que va del año salieron de Uruguay más argentinos de los que entraron. Muchos más. Unos 66.000 más.

Eso no significa que esos ciudadanos argentinos vivían en Uruguay y lo abandonaron. Ni siquiera significa que eran residentes en Uruguay. Porque el dato toma en cuenta a la nacionalidad del documento presentado en el puesto de entrada o salida al país. Pero, otra vez, “es un síntoma”.

Mucho más lo es si se tiene en cuenta que, en los ocho primeros meses del año, Uruguay tuvo un saldo migratorio positivo (como le dicen los demógrafos a la diferencia a favor de los ingresos al país en relación a las salidas).

De hecho, hubo una llegada “sorpresivamente alta” de brasileños, peruanos, chilenos y venezolanos. Pero los argentinos cayeron.

Al doctor en Economía Matías Brum, especializado en migración internacional, no le sorprende que el argentino “medio” ya no llegue a Uruguay: “está carísimo”.

Brum explica que está habiendo un fenómeno inverso: “uruguayos que vivían cerca de la frontera se pasan al lado argentino porque el costo de vida les conviene”.

Pese a estas tendencias coyunturales, los pronósticos de los demógrafos sostienen que el censo poblacional que cierra la semana entrante tiene que confirmar la crecida de extranjeros y, entre ellos, de argentinos.

En 2011 había unos 26.000 argentinos viviendo en Uruguay y, según las proyecciones por datos administrativos, ahora podría estar encima de los 34.000. Pero este ni siquiera es un síntoma, sino un simple pronóstico más próximo a un juego de adivinanzas que a la ciencia pura y dura.

¿Quiénes son los argentinos que sí están viniendo a vivir este año? Los datos de la Dirección Nacional de Migración indican que es una población un poco más envejecida que la media: uno de cada diez supera los 65 años, y seis de cada diez son mayores de 30 años.

Pero al igual que el resto de las residencias solicitadas en los primeros ocho meses, hay un poco más hombres que mujeres.