Venezuela

La guerra no es la salida, por Omar Ávila

Leyendo el análisis del licenciado Jesús Seguías, el cual tituló “La guerra de los otros”, coincido con él, y por ello en el desarrollo de mi artículo de esta semana voy a citar (entre comillas) algunos fragmentos del mismo, así como comentar y resumir otras frases: En Venezuela, tenemos un gobierno que no gobierna, que mantiene al país en ruinas, donde la mayoría de los chavistas no están de acuerdo con lo que está ocurriendo, pero juega cuadro cerrado con Nicolás Maduro para mantener su unidad interna; mientras del lado opositor sin liderazgo, nos mantienen desarticulados; y los que pretenden asumir ese rol, solo piensan en sus intereses personales, pretendiendo llenar el vacío, mientras que más de 30 millones de venezolanos siguen a la deriva, desesperanzados, al punto que más de la mitad solo ve como salida irse del país.

En medio de este patético escenario, en el que no hay elecciones confiables, ante la imposibilidad que tiene esa mayoría de poder buscar un escape a la crisis más allá de las fronteras, de creer en soluciones mágicas, en una salida a la fuerza, es decir en una supuesta “guerra”.

Nadie duda de la capacidad bélica de Estados Unidos, como tampoco se pone en duda que Colombia es una de las fuerzas armadas más poderosa de toda América Latina. Por lo que ni Trump, ni Duque le temen a la guerra convencional, sino a las consecuencias, es decir, a la guerra asimétrica por las experiencias ya vividas. Por esa razón, estos dos países no tienen decidida ninguna ocupación militar para Venezuela. “No existe ningún plan para empantanar a soldados estadounidenses y colombianos en las selvas y barriadas populares venezolanas. Decir lo contrario es seguir creando falsas expectativas y seguir alimentando la desesperanza”.

En fin, Estados Unidos tiene un protocolo de guerra, y según éste Venezuela aun no llena los requisitos para la entrada de los marines. Por una sencilla razón, y es que no hay aun ni la más mínima amenaza a la seguridad de su país. Ahora si es por la defensa de la democracia y de los derechos humanos, entonces el camino es vernos a nosotros al frente de la guerra, y esa simplemente no existe.

En pocas palabras, ni los estadounidenses, ni los colombianos tienen el más mínimo interés en ser más venezolanos que los mismos venezolanos.

De haber una acción, el objetivo no iría más allá de disuadir a las Fuerzas Armadas a que den un golpe de Estado a Nicolás Maduro y se encarguen de la situación, y esta posibilidad tampoco existe por la sencilla razón, de que hay fuertes detractores en la opinión pública, como el New York Times, que en un reciente editorial deja claro y raspao que: “Estados Unidos no debe involucrarse en golpes de Estado”. Así como el comunicado del Grupo de Lima, y eso pesa mucho en esta nación.

“Ciertamente, Donald Trump tiene poder, pero no todo. En los Estados Unidos existe “otro poder”, incluido el Deep State (Estado Profundo), tan poderoso como la presidencia de la nación. Y Trump en particular, que no tiene buenas relaciones con el otro poder, corre el riesgo de perder las elecciones legislativas de noviembre, lo cual le amarraría más las manos”.

“De manera que la opción militar para dilucidar la crisis venezolana no tiene el mayor consenso ni en los Estados Unidos ni en Colombia, mucho menos en Brasil y otras naciones latinoamericanas”.

“Y esta es la pregunta de oro que se hacen en Washington y Bogota: ¿quiénes mantendrían el orden en todo el territorio venezolano en caso que los hipotéticos ataques aéreos se realicen y obliguen al gobierno y a los militares a una retirada, y con un chavismo armado y activado en la guerra asimétrica? Ante la inexistencia de fuerzas opositoras armadas y organizadas militarmente, ante la ausencia de tropas extranjeras, entonces todos los caminos conducen hacia la actual Fuerzas Armada Nacional Bolivariana, las mismas que han sido el soporte fundamental del gobierno de Nicolás Maduro, y han sido eje central de la crisis”.

“Esto significaría, en términos prácticos y sin rodeos, que los opositores que propician la salida de la guerra están reconociendo que a estas alturas el cambio en Venezuela pasa por el chavismo (incluida su ala militar), más no contra el chavismo. Buen avance autocrítico, pues por allí apunta la nueva estrategia y la nueva narrativa política opositora”.

“Lo que sí parece estar claro es que la solución a la crisis sigue estando en manos de los venezolanos. A trabajar duro pues, porque sí hay que encontrar la solución”. A mi modo de ver se nos va a presentar una oportunidad de oro para organizarnos, cerrar filas en un objetivo común; y no es otra, que ante la inminente consulta para la aprobación de la nueva Constitución. Debemos salir mayoritariamente a decirle que NO.

Porque la salida de fuerza cada vez en más inviable, como es igualmente imposible que Maduro renuncie. Con lo que ante esta coyuntura en la que nos encontramos hoy en día los venezolanos, en la que no hay solución pacífica, ni de fuerza a la vista en el corto plazo, y estando atenazados por una catástrofe humanitaria sin precedentes, es que urge no solo que busquemos opciones, que encontremos coincidencias en esa mayoría que hoy queremos un cambio, la primera de ellas a mi juicio es que la comunidad internacional cumpla con la obligación de proteger a una población hambrienta, que sino la mata el hambre, la mata la inseguridad, la falta de medicinas o simplemente el alto costo de la vida.

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