Dominican Republic

Activismo de Abinader y debilidad de Danilo fragmentan eje del poder

El Hostal Nicolás de Ovando, en la parte colonial, ha sido un centro de gran actividad desde que Abinader mudó sus oficinas.

SANTO DOMINGO.- Desde el día 6 de julio el poder político ha sufrido una fragmentación, una bilocación tal vez, que ha dejado al presidente Danilo Medina en una posición incómoda.

Esto es el fruto de que las autoridades anunciadas para el 16 de agosto y el presidente electo acaparan el interés y se han convertido en vigilantes activos de las acciones de un gobierno que se va, pero que sigue revestido de legitimidad hasta el 16 de agosto, aunque la suya sea una autoridad mellada por la vigilancia firme de unos activistas que no le dan tregua.

Este efecto de doble eje del poder ha sido establecido sobre la base de una numerosa clientela política que no cesa tras los nombramientos, la debilidad en medio de la que llega el gobierno a su etapa final luego de haber sido derrotado en tres procesos electorales, uno de ellos fallido, falta de presupuesto y la constitución de una casa de gobierno provisional en la calle Las Damas, de la Ciudad Colonial, a donde se ha mudado el interés de la opinión pública.

El poder simbólico

El Hostal Nicolás de Ovando está a unos cuantos pasos del que fuera edificio de las Casas Reales, hoy museo, sede del gobierno colonial y del republicano antes de que fuera construido el Palacio Nacional, entre el año 1944 y el 1947.

La más rancia vena del poder pasa por allí y en su entorno fue Luis Abinader a establecer lo que ha venido a ser un segundo eje del poder político en el país a partir de su victoria.
El Hostal Nicolás de Ovando también está a una pedrada del Palacio de Borgellá, sede del gobierno durante la ocupación haitiana.

En los tiempos en que estas instalaciones eran sedes administrativas el poder en República Dominicana era fundamentalmente político en el sentido de partido, grupo, facción o tumulto que se hacía con el control de los resortes del Estado en cuanto ello era efectivo.

El poder hoy

Hoy día el poder entre nosotros es bastante más complejo, pero a la vez más estable, tal vez porque algunos de los elementos de este macropoder son de facto y no dependen, como consecuencia, de concursos de simpatía y de la disponibilidad de efectivo para llegar fuerte hasta el final del mandato.

Un francés, Michel Foucault, estudioso de las palabras, la sexualidad y el poder, hace una taxonomía exhaustiva que no deja fuera ni siquiera la fuerza física, las relaciones familiares y la cama como espacios y expresiones de poder. El poder social puede ser llevado al detalle hurgando en la intimidad del pueblo dominicano de hoy. Esto, desde luego, es materia de un tratado.

Sin embargo, entre las expresiones más visibles del poder en el país destaca la política. En ella coinciden todas sus formas, vista la importancia que reviste para todos los sujetos el control del Estado o alguna vía, directa o indirecta, para influir en las decisiones administrativas. Por esta razón allí podemos encontrarnos con la danza de las palabras, el dinero y el sexo sin la necesidad de valernos de una lupa.

También son formas notables del poder hoy día en República Dominicana, el dinero del narco, los grandes negocios, la prensa y otros medios de comunicación, el pensamiento articulado en los grandes centros de estudio y hasta el miedo, que tiene entre nosotros una categoría geopolítica.

El miedo que se le tiene a las intervenciones del Departamento de Estado en los asuntos locales, y hasta personales, ha adquirido en estos tiempos de grandes fortunas y de mecanismos directos e indirectos de coacción, uno de los resortes del poder seguido con interés por la opinión pública.

Antecedentes

El inesperado y pronunciado fenómeno de dos ejes del poder político, uno en fase creciente establecido en las instalaciones del Hostal Nicolás de Ovando, y otro en menguante por la falta de dinero, alojado en el Palacio Nacional desde 2004, no es novedoso, pero esta vez ha dejado prácticamente en el aire al que debería ser el eje principal hasta el día 16 de agosto.

En 1966 la única garantía que tenía Joaquín Balaguer de que iba a concretar el control administrativo del Estado era la presencia de las fuerzas de ocupación, en el país desde hacía algo más de un año; en 1978 el tránsito del poder no estuvo seguro hasta que Antonio Guzmán lo recibió en el salón de la Asamblea Nacional; en 1982 Salvador Jorge Blanco, sacudido por el suicidio de Guzmán, no tuvo la certeza hasta que juró en el Congreso Nacional ante el vicepresidente, Jacobo Majluta, quien completó el período; en 1986 Balaguer tuvo que esperar pacientemente la conclusión de un largo proceso de alternativas, cuento, recuento y mediación para jurar en su regreso a Palacio tras ocho años en la oposición política; en 1996 Leonel Fernández y los ahora oficiantes del elitismo político dominicano tuvieron que hacerse los pendejos hasta el último momento para relevar a Balaguer; en el 2000 se vivió en pequeño, con Hipólito Mejía, algo parecido a lo que ahora acontece, y en 2004, con la vuelta de Fernández y el PLD al poder el proceso de transición fue moderado, incluida la visita al entorno del lago Enriquillo, donde una riada había provocado grandes daños y cientos de muertes.

El cansancio

Con las administraciones largas, como la del PLD, pasa siempre igual entre nosotros. La de Lilís y el Partido Azul cansó hasta la exasperación y el magnicidio, la de Trujillo hasta el terror y el magnicidio, la de Balaguer hasta la desesperación, el precipicio y la intervención foránea, y la del PLD hasta la coronilla, la división y la confusión de la nueva clase media.

Las administraciones personales o partidistas no deberían de extenderse más allá de 8 años. Este período es bastante para concretar planes o ideas y materializar aspiraciones de sectores sociales. Cansa, pero no hasta la exasperación, y si llegaran a producirse enconos internos extremos, no siempre desembocan en Güibia, como el 19 de noviembre de 1911, con el asesinato de Mon Cáceres, sino que pueden limitarse a una división, como la del PLD a partir del 6 de octubre del año 2019.

Una administración de 8 años, como la del PRD entre 1978 y 1986, es bastante para la concreción de programas y la reorientación de las formas en la política. Permite, además, rotar las tendencias sociales en el poder y evitar, en cuanto ello sea posible en un pueblo con marcados rasgos de impaciencia, los malos sentimientos que generan los gobiernos con ambiciones infinitas.

Los resortes del poder giran en torno al Palacio
es amble
—1— El Hostal
Irse a bosquejar el gobierno a la Ciudad Colonial lleva una rancia evocación.
—2— Todo pasa
El poder político no es hoy apabullante como hace 50 años.
—3— Ilusión
Un cambio de partido en medio de la crisis es una oportunidad.

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