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Peru

Yma Súmac: ¿Por qué sigue siendo importante su legado musical en estos tiempos?

Esta semana, Yma Súmac hubiera cumplido 97 años. A lo largo de su carrera, la soprano peruana produjo once discos que la convirtieron, gracias a su irrepetible voz, en un ícono de la música en el mundo.

Se han escrito innumerables páginas sobre el trato indiferente que tuvo el Perú con ella. De esa relación fría y distante que, gracias al gestor cultural Miguel Molinari, llegó a buen puerto la tarde del 2 de mayo de 2006. Ese día, Yma Súmac volvió al país para recibir la Orden El Sol en grado de Comendador. Así, el gobierno peruano intentaba saldar una deuda histórica con una mujer que había logrado poner los ojos del mundo en nuestra cultura. Mucho antes que Gastón, Juan Diego o Vargas Llosa.

“La música peruana es preciosa, pero no puedes repetirla continuamente, se vuelve monótona. Cuando comencé, pensé que debía ensalzar la canción, porque si usted repite los compases, la gente se cansa, por más linda que sea la pieza. Eso fue lo que hice y eso fue lo que me dio el éxito. Canté por todo el mundo y a todos les encantaba”, dijo Yma Súmac, con sinceridad, en una entrevista con El Comercio, a propósito de su visita.

Aquella vez, pocas personas llegaron a conocerla de cerca. Una de ellas fue Mabela Martínez, conocida melómana y conductora del programa “Sonidos y sabores del mundo” (TV Perú). “Tuve la suerte de entrevistarla por unos 35 minutos. La sentí emocionadísima, pero muy frágil y vulnerable por volver a este Perú que le dio la espalda”, recuerda Mabela.

Dos años después de ese encuentro, Yma Súmac falleció en Los Ángeles tras batallar por varios meses contra un cáncer de colon. Su vida se apagó, pero su voz se escuchará por siempre.

-DIVA DE DIVAS-

Yma Súmac es la cantante peruana con más ventas en la historia. Es, también, la primera intérprete latinoamericana en formar parte de un teatro musical en Broadway. Actuó con Charlton Heston y tiene una estrella de la fama en Hollywood. Alguna vez, Frank Sinatra fue su telonero. Aun así, no se consideraba una diva. “Nunca me he creído eso. Solo intentaba hacer grande la música del Perú”, le comentó a este Diario.


Debutó en la radio de Lima en 1942. Ese mismo año se casó con Moisés Vivanco (de quien luego se divorció y volvió a casar), compositor y director de orquesta. Tras la segunda Guerra Mundial, se instalaron juntos en Nueva York y no pasó mucho tiempo para que descubrieran su talento. En 1950 fue fichada por Capitol Records, con quienes grabó los espectaculares discos “Voice of the Xtabay” y “Mambo!”

Yma se atrevió a mezclar la música folclórica con el jazz, el mambo y el rock. Debido a esa fusión musical, fue rechazada por los críticos más puristas. Los peruanos de entonces tampoco le perdonaron el hecho de haber adoptado la nacionalidad estadounidense. “En 1955, cuando ella se encontraba en el segundo puesto de las listas de música en Estados Unidos, solo por detrás de Bing Crosby, ella debía pagar, como extranjera, muchísimos impuestos. Si no gustaba en el Perú, y en Estados Unidos tenía tanto éxito, era lógica su elección”, sostuvo el fallecido crítico de canto lírico Alejandro Yori.

¿En qué radicaba su éxito? Mabela Martínez tiene una teoría: “Se convierte en un ícono por muchos motivos, pero, principalmente, por su talento innato. Su talento era un milagro, era algo fuera de este planeta. La primera vez que la escuché me destapó el cerebro. Solo Dios sabe cada cuántos siglos aparecerá una Yma Súmac”.

Y es que, aunque suene difícil de creer, nadie le enseñó a cantar a la soprano peruana. Mucho menos a componer. Lo suyo fue un ejercicio empírico que cultivó desde niña, imitando con su voz el canto de las aves y todo lo que se pudiera imitar. Con el tiempo llegó a alcanzar un registro vocal que impresionaba al público cada vez que se subía a los escenarios. Hasta ese momento, nunca se había escuchado algo parecido en el mundo.

“Al tener una voz tan especial, tan perfecta, con un registro tan flexible, desde los más bajos hasta los más altos, volvió locos no solo a los norteamericanos, sino también a los rusos, a los alemanes, a los italianos… la mujer era una diosa”, comenta Mabela. “Es para estudiarla musical y antropológicamente. Fue, como siempre la llamaban, un ave rara”, añade.

Yma Súmac, por su parte, se encargó de cimentar su propia leyenda: se proclamaba princesa inca y descendiente del emperador Atahualpa. No le molestaba que la calificaran como “exótica”. También se encargó de reinventarse. Se hizo enormemente popular en la Unión Soviética, donde grabó en directo con la Sinfónica del Bolshói (1961) y luego se acercó al rock con el álbum Miracles (1972).

“Años después, en los noventa, Capitol relanza una serie de discos de esa época, y la nueva generación se engancha con ella, justo cuando comenzaba el Internet. Los djs empezaron a usar parte de su mambo en su propuesta. Entonces, Yma se pone de moda de nuevo. Ese es parte de su encanto”, afirma Mabela Martínez.

Hoy no sorprende que su música sea remezclada y sirva de fuente de inspiración para artistas de varios géneros. La cantante Vanessa Paradis la cita en la canción “Joe le taxi” y el español Guille Milkyway tiene un tema titulado “La nueva Yma Súmac”. El legado musical de Ima Súmac, de alguna u otra forma, trascenderá el tiempo y su voz será inmortal. //

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