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Mexico

Estigmatizar es revictimización

Cuando se establece que es necesaria la gobernabilidad para el desarrollo, lo que se busca es que el gobierno genere las condiciones necesarias para que el desarrollo social sea posible, sin descuidar el cumplimiento de las demandas de los ciudadanos. Una manera de concretar y cristalizar estos retos es ser un país donde el campesino no sólo sea un mero proveedor de un tercero que se beneficia de su trabajo diez veces más que él, sino que el obrero también pueda favorecerse en la misma proporción

19 de Agosto de 2019

La gobernabilidad para el desarrollo es un tema que debe tomarse mucho más en serio y actuar consecuentemente con ello.

Anteriormente, he planteado en qué se basa la gobernabilidad; en pocas palabras, es la capacidad que tiene un Estado, a través del gobierno, para cumplir con las demandas de la población en sus diversas facetas y estratos.

Cuando se establece que es necesaria la gobernabilidad para el desarrollo, lo que se busca es que el gobierno genere las condiciones necesarias para que el desarrollo social sea posible, sin descuidar el cumplimiento de las demandas de los ciudadanos.

Una manera de concretar y cristalizar estos retos es ser un país donde sea una opción real y viable el hecho de trabajar en un lugar formal y estable; y no sólo eso, donde existan prestaciones de vivienda, salud y jubilación digna. Donde el campesino no sólo sea un mero proveedor de un tercero que se beneficia de su trabajo diez veces más que él, sino que el obrero también pueda favorecerse en la misma proporción. Una arena económica donde el derecho de agrupación también se traduzca en empresas y cooperativas entre productores para ser más eficiente y rentable el fruto de su mano de obra.

Este estilo de política gubernamental busca que el tejido social sea restablecido por nosotros; siempre juntos, pueblo, gobierno e industria. Nunca más debemos decir que el problema de la pobreza ha sido uno de voluntad o, como lo han dicho algunas personas: “el pobre es pobre porque quiere”, eso jamás.

Lo que faltó en el pasado fue sentarse y empujar la carreta entre todos. Dar la mano a todos los sectores, solidarizarnos y ser fraternales con el prójimo. Fue una lástima que anteriormente se pensara que el problema se acabaría beneficiando a unos cuantos. Sólo fueron cómplices de la desigualdad, esta misma que se los cobraría en el futuro o, como es hoy, que nos ha pasado la factura a todos los mexicanos: pagando justos por pecadores.

No es casual que por la desatención de los grupos más vulnerables (que hoy son la mayoría de la población) tengamos las crisis que tenemos.

Cuando sea más fácil tener un empleo digno en los sectores formales que en el crimen organizado, ahí habremos rescatado a nuestros jóvenes, que hoy son más de la tercera parte de la población. Cuando las instituciones funcionen correctamente, de tal manera que un campesino obtenga la tenencia de su tierra de manera expedita, ahí habremos solucionado un problema que tiene más de 150 años en el país. Cuando dejemos de revictimizar y estigmatizar a nuestras poblaciones más económicamente vulnerables —y ellos sean los protagonistas del desarrollo—, en ese momento, en esa etapa de la historia, habremos avanzado junto con más de 50 millones de mexicanos.

Eso lo iremos logrando —como lo dice el presidente Andrés Manuel López Obrador— cuando nos ocupemos de las causas.

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