Mexico

La patria mexicana envuelta en la oscuridad

Ernesto Arévalo Galindo (*)

La liberación del general Salvador Cienfuegos Zepeda, extitular de la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena) durante el sexenio de Enrique Peña Nieto, gracias al ejercicio de la política, no de la justicia, sepultó la poca imagen de Andrés Manuel López Obrador como Presidente de México, porque su osada batalla contra la corrupción y la impunidad la perdió muy pronto; es decir, antes de cumplir dos años de haber asumido el poder.

No se trata de la inocencia o culpa de un alto integrante de las fuerzas armadas mexicanas, ya que no hubo un juicio, sino de la derrota de México ante un “poder más elevado” que la propia patria.

El mismo “poder más elevado” que Andrés Manuel López Obrador prometió, durante más de 20 años, combatir y derrotarlo, pero que al asumir la Presidencia de la República lo doblegó prácticamente de inmediato, ya que lo obligó a no detener a Ovidio Guzmán Loera, hijo de Joaquín “el Chapo” Guzmán; lo obligó a saludar de mano a la madre de Joaquín “el Chapo” Guzmán”; lo obligó a no llamar por su mote a Joaquín Guzmán, y lo obligó a retractar su beneplácito por la detención de Salvador Cienfuegos; al grado que, a través de la diplomacia mexicana por medio del “vicepresidente” de México, Marcelo Ebrard, logró su liberación y lo trajo de vuelta a casa.

Una vez más, México será un gran “escenario” para un nuevo “espectáculo” de “impartición de justicia pronta y expedita” tan degradante que continuará alimentando todo lo prohibido… consumo de drogas, agresiones, robos, secuestros y asesinatos.

Por su parte, López Obrador seguirá con su propia política de exterminio contra la sociedad y el “pueblo bueno y sabio” para terminar de imponer la Cuarta Transformación como un régimen de izquierda totalitaria y radicalizada, definitivas en la vida nacional. Una grave consecuencia, debido a que desde hace muchos años se dejó de vivir con la verdad, en un México de políticos mentirosos.

Pero de los políticos mentirosos, México pasó a los políticos crueles… ¡más crueles! La clase política, especialmente la ligada a Morena, no deja de festejar la desgracia de millones de mexicanos. En días pasados, México se convirtió en el cuarto país de todo el mundo en rebasar la cifra de 100 mil muertos por Covid-19, después de Estados Unidos, Brasil e India.

El “Dr. Muerte” (Hugo López-Gatell Ramírez, subsecretario de Prevención y Promoción de la Salud) reconoció que la cifra es “inusual”. Así de simple y sencillo, sin reconocer el más mínimo error del gobierno oficial para proteger a la gente.

Por supuesto que México, ya superó el millón de contagiados. Sin embargo, también es necesario aclarar que el número es producto de la irresponsabilidad de miles de ciudadanos; en muchos casos, consecuencia del mal ejemplo que ha dado Andrés Manuel López Obrador al no utilizar cubreboca, ya que “la fuerza del Presidente es moral, no es una fuerza de contagio”, con base en lo declarado por el “Dr. Muerte”.

Tampoco omitir la dicho por Irma Eréndida Sandoval, secretaria de la Función Pública, quien afirmó que la crisis sanitaria vino como “anillo al dedo” a la Cuarta Transformación, porque en el periodo neoliberal, las emergencias se convirtieron en “terreno fértil para esa corrupción estructural”.

Basta escucharlos; basta verlos, para atestiguar cuánta maldad hay en sus personas, a través de sus palabras y sus conductas. Hay una gran diferencia entre una pandemia (de carácter mundial) y una emergencia. ¿En qué momento, México creó seres tan inhumanos? ¡Miserables!

Tabasco, la tierra del malogrado Presidente de México, sufre a causa de su “hijo predilecto”. Su decisión de dirigir las aguas hacia las comunidades más pobres, sin antes desalojar a la población, para evitar la inundación de Villahermosa, “ahogó” más a sus paisanos. A los mismos que prometió sacar de la pobreza. Todo por la ignorancia, todo por incompetencia, todo por la ocurrencia al momento de aplicar los protocolos de emergencia, cuando la naturaleza se enfurece; precisamente, por la actuación del ser humano.

En “El libro de arena”, Jorge Luis Borges escribió: “Sentí lo que sentimos cuando alguien muere: la congoja, ya inútil, de que nada nos hubiera costado haber sido más buenos”.

Andrés Manuel López Obrador, en su pobre visión como Presidente, se siente supremo ante las desgracias de México. Él es un claro comparativo con los pañales a los cuales hay que cambiarlos a menudo, por el mismo motivo.

Y este cambio podría venir no nada más de la oposición, porque no lo es todo en el país, sino también de la sociedad organizada. Y, cuidado, porque el “poder más elevado” y sus propios allegados de la Cuarta Transformación están viendo a un individuo muy ajeno a sus “intereses” y a la realidad nacional, envuelto en la oscuridad.

La luz es el bien; las tinieblas son la noche, el reino del pecado y el imperio del mal. En Andrés Manuel López Obrador no hay luz, solamente…

¡Tinieblas!— Cozumel, Quintana Roo

Periodista

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