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Agregar valor, el incentivo de las Buenas Prácticas Agropecuarias cordobesas en 2021

Córdoba lo hizo de nuevo. Por quinto año consecutivo (de hecho, es ley) presentó el programa de Buenas Prácticas Agropecuarias (BPA) que reconoce y premia a los productores agrícolas y ganaderos de todos los tamaños por sus acciones sustentables. En 2020 llegaron a certificar 3.447 productores lo que representó 1,4 millones de hectáreas bajo BPA en la provincia mediterránea. Estiman este año poder repartir 250 millones de pesos.

Clarín Rural consultó a productores de diferentes actividades y tamaños para conocer de primera mano el impacto de las BPAs no sólo en sus establecimientos, sino también en sus vidas. “Lo más importante de las BPA es sentirse reconocido por lo que hacés, lo segundo es la capacitación que nos sirvió mucho tanto en la época que podían ser presenciales como ahora que son virtuales, y, finalmente, lo económico, que puede parecer que no es gran cosa, pero para el pequeño productor sí es importante, para reinvertir y mejorar infraestructura”, contó Sonia Bustamante, odontóloga de profesión, quien junto a sus hermanos continúa el legado de su padre como pequeños productores en Chañar Viejo, unos 180 km al norte de Córdoba capital, cerca del límite con Santiago del Estero.

“La ruralidad ocupa el 60% de nuestro tiempo, nos organizamos de modo que 3 días está mi hermano mayor y los 4 restantes yo, además, mi hermana se ocupa de los contactos de negocios o para vender animales”, resumió Bustamante, quien ponderó que “el Programa cuenta con un equipo muy sólido en donde siempre vas a encontrar alguien que te ayude”.

Sonia Bustamante, odontóloga de profesión, quien junto a sus hermanos continúa el legado de su padre como pequeños productores en Chañar Viejo

Sonia Bustamante, odontóloga de profesión, quien junto a sus hermanos continúa el legado de su padre como pequeños productores en Chañar Viejo

Los Bustamante hacen ganadería en 150 hectáreas donde tienen 70 hembras (terneras, vaquillonas y vacas) y un solo reproductor. En algún momento fueron mas diversificados, de hecho, apuestan hoy a volver a aquella diversidad pecuaria con bovinos, ovinos (tienen 7 ovejas, pero para consumo), caprinos y porcinos. “Lo que hacemos es genuino y, como hoy tenemos otras actividades, todo lo que se obtiene del campo se puede reinvertir en el campo, no como antes mi padre que tenía que destinarlo a vivir y a la educación, nosotros eso lo tenemos cubierto por otras actividades”, apuntó la odontóloga.

Bustamante ponderó la capacitación porque les abrió la cabeza para empezar a organizarse un poco: “Me cansé de tener que ir a buscar las vacas al monte, por eso empezamos a caravanear y usar boyeros que nos sirven también para segmentar por categorías, ajustamos el plan sanitario, mejoramos la calidad del agua, hoy con paneles solares y bebederos que se llenan solos con una bomba automática, aprovechamos mucho las capacitaciones, escuchamos y aprendimos”. Todo eso son buenas prácticas.

Entre los desafíos, los Bustamante sueñan con volver a tener cabras y ovejas “porque comen de otra manera y se puede aprovechar mejor todo el pasto”, con implementar un manejo holístico, y, más en lo inmediato, poder comprar otro reproductor o probar inseminando algunas hembras de primera parición. “Comprar un reproductor no es como comprar un auto, pero tiene su precio y hay que buscarlo bien”, cuantificó Bustamante.

En 2021 se distribuirán 250 millones de pesos para incentivar a los productores. Así como en 2020 el motor fueron las AgTech y antes lo había sido el riego, en 2021, la línea directriz motivadora es el valor agregado.

“El Gobernador de Córdoba entendió los beneficios del agro y la agricultura que viene, que tiene que ver con buscar los techos de producción, pero cada vez con menor uso de agroquímicos, incorporando gramíneas a las rotaciones, apostando por la fertilización y usando todas las tecnologías que permitan hacer un uso eficiente de los insumos”, resumió Sebastián Deym, productor del sur de Córdoba (con campos de Achiras a La Carlota, sobre la Ruta Nacional 8).

La empresa familiar que lleva adelante con tres hermanos se dedica exclusivamente a agricultura con trigo, soja, maní, maíz, coriandro y otros cultivos de servicio. También producen en Santa Fe y Buenos Aires.

“Tenemos una rotación equilibrada de gramíneas y leguminosas, trabajamos todo en directa y empezamos a avanzar con siembras de precisión y por ambiente, gestionamos las pulverizaciones en tiempo real y estamos viendo la posibilidad de incorporar un sistema de aplicación selectiva de herbicidas, que es una herramienta que permite en cualquier caso usar menos agroquímicos, igual que la incorporación de cultivos de servicio como centeno, triticale, cebada y vicia”, contó Deym, que es el responsable de la Mesa de Integración con la Comunidad de AACREA en su zona (Río Cuarto y sur de Córdoba), desde donde trabajan acercando las bondades de las BPAs tanto a los productores como a los ciudadanos.

Sebastián Deym, productor del sur de Córdoba

Sebastián Deym, productor del sur de Córdoba

También usan coriandro, que brinda un servicio, pero también es rentable. “La desventaja es que tarda para arrancar y deja más tiempos descubierto el suelo, pero repele insectos, por lo que nos permite usar menos insecticidas”, contó Deym.

El programa de BPA de Córdoba (que desde hace dos años es ley -Nro. 10.663-, por lo que es una política de Estado gobierne quien gobierne) fue diseñado con el INTA y más de 50 instituciones, que conforman un consejo consultivo. Tiene dos tipos de incentivos económicos, uno es el puntaje por las prácticas que validan, y, desde 2020, un descuento de un 5% del impuesto inmobiliario rural.

Además, cuando un productor coloca en su tranquera el cartel de la certificación establece una comunicación implícita con la comunidad que es muy importante.

También las escuelas

Lo interesante es que no sólo productores chicos y grandes califican para obtener los beneficios del Programa BPA cordobés. También las escuelas. Es el este caso del Instituto Provincial de Educación Agrotécnica (IPEA) N° 291, de General Cabrera, donde los alumnos se reciben de Técnicos en Producción Agropecuaria, que participa del Programa desde la primera edición.

Son 22 hectáreas en las que hacen casi de todo. El campo empieza a 50 metros del edificio donde cursan los alumnos y desde el que la directora, la ingeniera zootecnista María Elena Gauna, habla con Clarín Rural.

Alumnas del Instituto Provincial de Educación Agrotécnica (IPEA) N° 291, de General Cabrera, que participa del Programa de BPAs desde la primera edición.

Alumnas del Instituto Provincial de Educación Agrotécnica (IPEA) N° 291, de General Cabrera, que participa del Programa de BPAs desde la primera edición.

“Como escuela agroténica, dependiente del Ministerio de Educación de la provincia de Córdoba, con el apoyo de la dirección de Escuelas Técnicas y la Inspección Regional Rio IV, nos hemos puesto desde un comienzo en contacto con el Ministerio de Agricultura para poner en marcha las BPAs, porque siempre hemos tratado de formar a los jóvenes en la conservación del ambiente”, contó Gauna. Y agregó: “Las escuelas agropecuarias o agrotécnicas tienen que estar en la primera línea de acción siempre que queramos promover algo en el campo, porque muchos de nuestros alumnos son hijos de productores, o se van a insertar en algún establecimiento o empresa o agroindustria y deben tener esa formación de base para conservar el suelo y el agua”.

En el IPEA tienen producciones típicas de la zona y otras que no, pero apuestan a diversificar para lo que los alumnos puedan ver un abanico amplio de producción e industrialización.

Entonces hacen cultivos extensivos como maíz, soja, maní, forrajeras, sobre todo alfalfas, para consumo interno y para comercializar. También tienen un invernadero en el que enseñan el arte de la floricultura y tienen horticultura, que también tienen al aire libre.

Otra parte importante es el monte frutal y la silvicultura, “para cumplir con la Ley de Forestación de la provincia de Córdoba”. “Creamos conciencia de la silvicultura en la región, además, en esta zona los vientos son bastante erosivos y poner arboles detiene la degradación de los suelos”, contó Gauna.

Después están las aves, con pollos parrilleros y ponedoras. También pavos reales y gansos. Conejos para carne y en la parte pecuaria tienen siete madres porcinas, que les proveen los lechones que venden al frigorífico y luego, en parte, se traen la media res para enseñarle a los alumnos a hacer embutidos.

En ovinos, tienen cabaña hamshire down puros de pedigree con 30 años de trayectoria. “Somos la única escuela que ha exportado genética al Mercosur, precisamente a Paraguay, y también hemos importado genética neocelandesa proveniente de un carnero de Uruguay”, contó, con orgullo, la directora.

La escuela tiene una cabaña hamshire down puros de pedigree con 30 años de trayectoria.

La escuela tiene una cabaña hamshire down puros de pedigree con 30 años de trayectoria.

Además, una majada de 11 hembras de cabras para producción de carne. Y unas llamas para ahuyentar predadores.

El programa BPA cordobés se enmarca dentro de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), una iniciativa mundial impulsada por Naciones Unidas en 2015, donde 193 países acordaron una agenda que lleva por título “Transformar nuestro mundo: la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible”.

Trabaja sobre tres pilares de desarrollo sostenible: las personas (con capacitación, asociativismo y responsabilidad social empresaria); el planeta (el cuidado de los recursos, la conservación del suelo, la rotación de cultivos, el aporte de gramíneas); y la prosperidad (con incorporación de tecnología, de innovación y conocimiento científico-técnico).

Más allá de lo técnico y económico, es fundamental el reconocimiento y el vínculo que permite con la sociedad, que muchas veces critica el sector agropecuario.

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