Argentina

Dogmatismo y ciencia

Robótica. De esto deberían discutir las universidads argentinas y no del neoliberalismo y otras rémoras de la Guerra Fría. Foto: cedoc

En el estado monástico de Monte Athos no se admiten mujeres, ni hembras de animales domésticos, con excepción de las gatas. El país tiene más de mil años, está habitado exclusivamente por monjes de comunidades ortodoxas que creen que las mujeres son la personificación del mal. Esta idea no tiene ninguna base científica, no existe un solo país poblado solamente por hombres, perros, toros y gallos, que se haya desarrollado. Cada uno puede creer lo que quiera, pero éste no parecería un buen modelo de desarrollo para nuestros países.

Enorme cambio. Con la Revolución Industrial se produjo un cambio tan enorme como el que vivimos con la Revolución de la Inteligencia. Los desajustes provocados por el surgimiento del capitalismo cambiaron todo. Algunos creyeron que llegaba el fin del mundo, que el ferrocarril era un demonio anunciado en el Apocalipsis y se produjo la mayor emigración de la historia de la humanidad. Algunos se asustaron tanto, que hasta ahora no usan electricidad, automóviles, ni herramientas modernas. Son alrededor de dos millones de Menonitas, Amish, Shakers y miembros de otras iglesias presbiterianas. Sus creencias son respetables, pero felizmente no gobiernan nuestros países: ninguno se ha desarrollado sin electricidad y tecnología.

Irán es la principal sede del chiismo duodecimano. En Quom están los lugares sagrados como el santuario de Fátima al-Masuma, hija del séptimo Imán. El Ayatolá Jamenei, máxima autoridad del país dijo en febrero que era imposible que ingrese ningún virus a esos lugares santos y los mantuvo abiertos. Persistieron algunas costumbres que produjeron una masiva infección de Covid-19, como lamer las puertas del santuario que provocaron una extensión agresiva de la enfermedad. Tuvieron que cerrarlos. Los ritos religiosos son respetables, pero cuando los números dicen que están matando a la gente es mejor limitarlos.

Pandemia. Las cifras de la pandemia son claras. En Argentina hubo 28 defunciones por millón de habitantes. En Estados Unidos fueron 426, en Brasil 310, en Chile 319, en Ecuador 529, en Perú 312. Si Argentina manejaba la pandemia como Estados Unidos habrían muerto 19 mil, si como Brasil 13.600, si como Chile 13.800, si como Ecuador 23.540. En Guayaquil llegaron a morir 460 personas diarias en septiembre, pero gracias a una campaña implementada por la alcaldesa Cynthia Viteri y el Comité de la Empresa Privada presidido por Jaime Nebot, bajaron a un promedio de un muerto por día durante las últimas tres semanas. Este combate al Covid fue calificado por The Wall Street Journal como el más exitoso del mundo. Más allá de las ideologías de los mandatarios, los números permiten saber si fueron eficientes combatiendo la pandemia. Es preferible que en Argentina haya 1.350 muertos y no 23 mil, y que en Guayaquil la mortalidad diaria haya bajado de 460 a uno.

Es errónea la idea de que no importa la muerte de unos pocos si así funciona la economía. Trump llegará a las elecciones de noviembre con 200 mil muertos sobre su espalda y con una economía que se desmorona. El Cirque du Soleil se declaró en bancarrota, cientos de empresas como Airbnb dicen que han tocado fondo, las autoridades económicas afirman que esta crisis será mayor que la de 1930 ¿Sirvió para algo que muera tanta gente? Políticamente esto tampoco funcionó. La candidatura de Trump se derrumba en los estados que le dieron el triunfo hace cuatro años. Importantes dirigentes republicanos que tratan de recuperar el partido formaron The Lincoln Project, el grupo que produce la mejor propaganda anti-Trump de la campaña. Los números dicen que a pesar de los muertos la economía no ha florecido.

Soberanía. En plena globalización, algunos temen la competencia, persiguen a pilotos y empresas extranjeras. Hacen fiesta cuando miles de trabajadores pierden su empleo porque Latam sale del país después de tanta persecución. Quieren que no haya competencia, para cobrar cualquier tarifa, buscar más subsidios del Estado y dar un servicio deficiente. Si son coherentes con su nacionalismo deberían prohibir el vuelo de los aviones imperialistas que no han sido inventados, ni producidos en el país. Si pretenden reemplazarlos con transporte ecuestre deben acordarse que los caballos son animales colonialistas, traídos por los españoles. Terminarán transportando objetos en su cabeza, como lo hacían los americanos precolombinos ¿Podremos aislarnos del mundo cuando se produjo la Revolución de la Inteligencia? ¿Podremos prescindir de los avances científicos y tecnológicos? ¿Cuántos se producen en toda América Latina y cuántos en Silicon Valley?

La soberanía energética es relativa. Estados Unidos carece de ella aunque es uno de los exportadores de petróleo más importantes del mundo. No es probable que su gobierno expropie la Exxon para convertirle en institución estatal que vive de subvenciones. En ese país las compañías petroleras no viven de los impuestos de la gente, sino que ganan mucho dinero y pagan impuestos que ayudan a financiar al país. Pertenecen a miles de ciudadanos que compran acciones en la bolsa y participan de sus ganancias. Las leyes protegen sus derechos y las empresas que cotizan en bolsa están sometidas a rígidos controles, porque son propiedad de la gente. Volvamos a los números: ningún país se ha desarrollado promoviendo empresas estatales a las que subvencionar, son muchos los que lo han hecho promoviendo a una empresa privada que pague impuestos ¿Podemos hacer la cuenta de cuántos son los unos y cuántos los otros?  

La estatización de empresas agrícolas y la entrega de tierras a los pobres de las ciudades propuesta por algunos dirigentes sociales ya provocaron genocidios en el siglo pasado. La primera experiencia fue la “colectivización forzosa” de la tierra que quiso convertir al campesino en proletario con el plan quinquenal de 1932 en la URSS. Ucrania, Kazajastán y el norte del Cáucaso fueron las regiones más afectadas por una hambruna que dejó diez millones de muertos. La segunda fue el Gran Salto Adelante de Mao que terminó en 1961 con alrededor de treinta millones de muertos. Fue el episodio que mató más gente por hambre en el siglo XX, apoyado activa o pasivamente por intelectuales y políticos occidentales filo-maoístas. La tercera la hizo el gobierno de Pol Pot quien sacó a la población de Camboya de las ciudades, para construir una utopía campesina. Murió el 25% de la población del país en dos años. Estas tres estatizaciones del agro provocaron más víctimas que todas las guerras mundiales. Otra vez volvamos a los números: ¿hay algún país del mundo que se haya desarrollado estatizando la producción agrícola? No. ¿Entonces qué sentido tiene hacer esos experimentos?

Comunismo. Hace treinta años quebraron todos los países comunistas. Casi todos adoptaron la economía capitalista, manteniendo a veces estructuras políticas autoritarias, comunistas, zaristas o de otro tipo. China se había adelantado con las reformas iniciadas por Deng Xiaoping en 1975. El sistema de comunas fue desmantelado, los campesinos volvieron a administrar su tierra y pudieron vender sus productos en los mercados. Deng repitió la frase que le trajo tantos problemas durante la revolución cultural: enriquecerse es “glorioso”.

En 1980 creó seis “zonas económicas especiales” en las que leyes capitalistas desplazaron a la legislación nacional. Una de ellas fue Shenzhen que pasó de ser un pueblo de pescadores, al Silicon Valley de China. Si todos los países que experimentaron con la economía centralmente planificada quebraron ¿vale la pena repetir el experimento fracasado en América Latina? El tema no es ideológico sino práctico: ¿cuántos y cuáles son los países que llegaron a ser prósperos con una economía estatizada?

En el siglo pasado muchos creyeron que los trabajadores habían construido países que superaron las desdichas del capitalismo. Se habló de un nuevo hombre que había nacido en la URSS y en Cuba. Nunca de una nueva mujer porque fueron países machistas ¿Cuántos pobres de Europa trataron de emigrar al paraíso comunista? Por el contrario ¿cuántas personas se jugaron la vida en el Muro de Berlín para ir a Occidente para ser explotados? Cientos de miles de cubanos se exiliaron en los Estados Unidos huyendo de la Revolución. Empezaron desde cero, con su trabajo, sin subsidios lograron ser los latinoamericanos con mejor nivel de vida y construir la ciudad hispana más próspera de América ¿Cuántos homeless, miembros de minorías étnicas o explotados norteamericanos trataron de llegar a Cuba? ¿Cuántos sobrevivientes de los experimentos socialistas de Argelia, Somalia, Irak, tratan de cruzar el Mediterráneo para establecerse en la Europa Capitalista? ¿Cuántos explotados y pobres europeos trataron de instalarse en la Argelia de Khadafi? Los números nos dicen si la gente ha preferido la libertad socialista o la esclavitud capitalista.

Neoliberalismo. La pandemia profundizó el enfrentamiento de la ciencia con el dogmatismo. Durante la crisis se han fortalecido grupos que defienden la supremacía blanca en EE.UU., nacionalistas y magos de distinta pelambre. Algunos dicen que la gente quiere más Estado y menos libertad. Contemos ¿Cuántas manifestaciones piden gobiernos de mano dura que les quiten la libertad y cuántas se hacen en contra de la autoridad? Las personas atadas al paradigma de la Guerra Fría son los Amish de esta revolución. Desaparecerán pronto o permanecerán transportándose en sus añosas carretas ideológicas mientras llega la singularidad, la humanidad conquista el espacio, y desparece la pobreza.

En algunos países de América Latina se discuten temas que desaparecieron de las universidades importantes del mundo, sobre todo de las que son el corazón de la Revolución de la Inteligencia. Hay quienes combaten al “neoliberalismo”, seguramente diferente y peor que el liberalismo clásico. No está claro si son neoliberales Nguyễn Phú Trọng, presidente de Vietnam, y Xi Jiping, presidente de China, cuyos gobiernos otorgan plenas garantías tanto en inversión nacional como extranjera, dan a los empresarios poderes casi totales y a los obreros muy pocos. Tal vez no son neoliberales, sino liberales manchesterianos, del tiempo en que los sindicatos no habían logrado que existieran leyes sociales.

El concepto tampoco sirve para distinguir a Trump de Biden, a Johnson de Merkel, o a Berlusconi de Beppe Grillo: ¿cuál sería entre ellos el neoliberal y cuál el liberal clásico? ¿Cuántos seminarios o publicaciones de las Universidades importantes de Estados Unidos, Europa, Rusia o China discuten el tema? En cambio, ¿cuántos analizan los problemas del medio ambiente, el desarrollo de los ordenadores, la impresión 3D, la robótica, la inteligencia artificial y las ventajas y problemas de la sociedad hiperconectada que está cambiando todo? Muchos miembros de nuestras élites están atrasados con un siglo. Es mucho tiempo cuando los conocimientos científicos se duplican cada 220 días y se aceleró tanto la historia.

*Profesor de la GWU. Miembro del Club Político Argentino.

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