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Argentina

El actor del grupo Caviar que ganó mil batallas: "Agradezco al ACV, porque me despertó"

Si un guionista aunara tantos obstáculos en un mismo personaje, lo tildarían de exagerado, de escritor barroco: adicción a las drogas, cáncer, pérdidas humanas, ruina económica y un ACV para coronarlo todo. Walter Soares sabe que su biografía llevada a una serie de Netflix sería inverosímil, por eso prefiere contarla con detalles, como una línea de tiempo excepcional de la que supo salir ileso y "beneficiado".

Tomó tragos junto a Tina Turner. Se alojó en casas de presidentes internacionales. Formó parte de fiestas montado a elefantes. Recorrió Alemania, Francia, Italia, España, Ecuador, Colombia, Chile, Brasil y otros países que ya no recuerda. Todo gracias al grupo Caviar, mucho más que transformismo y purpurina. Una compañía pionera, una escuela, una marca poderosa que ahondaba en Sudamérica y que pese a la muerte de su creador, Jean François Casanovas, continúa. 

Soares en su casa, que a veces se convierte en teatro. (Foto Lucia Merle)

Soares en su casa, que a veces se convierte en teatro. (Foto Lucia Merle)

Walter Soares es -para llamarlo sin omitir los apellidos del DNI- Walter Soares da Concicao García. Hijo de un chef brasileño y una ama de casa argentina. Nació en el Argerich de La Boca y se crió entre Avellaneda y Villa Devoto, con visitas al Italpark cinco días a la semana. Desde hace 27 años alquila una casa en Boedo, donde guarda lo que compró con el dinero de la vivienda que vendió: plumas, telas, piedras y todos los accesorios que embellecen un escenario.

A los 19 años, época en que frecuentaba la discoteca gay "Área", de Avenida Santa Fe y Junín, conoció al excéntrico Jean François, quien lo doblaba en edad. "Él era un tipo raro, de orejas grandes, inteligentísimo. Me acerqué, nos besamos y fuimos pareja un año. Después fuimos hermanos, amigos, como tío y sobrino", se emociona. "Yo no sabía ni quién era. Él venía de una gira por Puerto Rico y me hizo arrancar como vestuarista y hacer dos numeritos". Por entonces Caviar se aliaba a Moria para protagonizar un espectáculo en Michelangelo.

(Foto Lucia Merle).

(Foto Lucia Merle).

Casanovas fue su gran maestro, un ilustrado nacido en París que se había radicado en Buenos Aires. Además de actor, bailarín, director y coreógrafo, Jean era Licenciado en Filosofía y Literatura y hablaba cinco idiomas. El estudio era su gran obsesión. Es que había estado enyesado desde los ocho hasta los dieciséis años por una descalcificación de la cabeza del fémur. Condenado a una cama, con cúmulos de libros contra el aburrimiento, terminó sobreinformado. Gran parte de ese conocimiento, lo compartió -décadas después- con quien hoy lo recuerda, Soares.

En medio de esas giras de dos o tres meses en cada país, Walter intentaba mantenerse en eje, pero los espejismos de la popularidad amenazaban. La agrupación Caviar era venerada, por ejemplo, en Río de Janeiro, ciudad que les suplicaba maratón de funciones en el Canecãolos. O los requerían de Caracas para actuar durante tres meses en el Teresa Carreño, uno de los complejos culturales más importantes de Latinoamérica. Llegaron a cuerpear allí 27 funciones al hilo, más que las que hacía el propio Frank Sinatra. 

Puro empuje. Walter Soares, actor de Caviar.

Puro empuje. Walter Soares, actor de Caviar.

"Se había muerto mi mamá y empecé a consumir cocaína. En esa época era como comer chocolate para las grandes figuras del país", se anima Soares (54), recuperado después de un tratamiento de tres años. "Ese consumo me hizo vivir un infierno. Una vez, estaba durmiendo en la casa de un empresario en Pilar, y se cayeron las puertas. Nos sacaron con metralletas. Me metieron en la cocina, me sentaron y pusieron cigarrillos prendidos en los ojos. '¿Dónde está la droga?', preguntaban los policías, con picana, pero yo no sabía nada. Era un ignorante total".

"Todo eso me marcó. Nunca en la vida me voy a olvidar lo que me hicieron", relata y crece su intensidad y su angustia. "Me llevaron en un auto, me tiraron en una zanja, me llevaron luego a una comisaría cerca de Tribunales. Seguían torturándome con palos en la nuca, dos días de palizas, siete días encerrado. Ahí empecé a tenerle miedo a las drogas. Era difícil distinguir, porque veía gente muy importante del medio que lo hacía".

-¿O sea que decís que gran parte del medio artístico arrastra a eso?

-Sí. Usan la droga como perfume. Y hablan como si se tratara de chocolates. Y le hacen comer eso a cualquiera. No hay responsabilidad. Para mí eran caramelos. Aprendí que adicción significa a-dicción, no dicción, el que no dice, el que no habla. El mundo se vuelve una pelotita de ping-pong. Hubo épocas en que no compraba comida para poder consumir. No me interesa señalar, pero digo: la droga te va matando y mata al que te quiere. Traten de cuidar sus energías, porque te va aniquilando.

-Llevaste tu arte por el mundo, llegaste a ganar mucho dinero. ¿No supiste invertirlo?

-Cuando era joven gastaba todo. Disfrutaba todo, he estado en castillos con príncipes. Yo no nací para tener plata. No entiendo mucho al dinero. Nunca me importó. Uno en la vida está rodeado de columnas, que son tus seres queridos. Cuando se van esas columnas, te caés. Yo perdí a mi madre, a mi padre, a Jean. Y veo todo distinto. Creo que los animales tienen las cosas más claras. Los humanos siguen prendidos al dinero y no tienen claro esto de la muerte. Será que también pasé por un cáncer. 

-Y volviste a levantarte...

-Me diagnosticaron en 1998. Me descubrí un bulto en el abdomen. Tenía cáncer de pulmón, garganta, testículo, abdomen. Curioso: nunca había tenido ni  caries y a los días de eso ya tenía metástasis. Yo iba llorando y una señora en la calle me preguntó por qué lloraba, me agarró del brazo y me llevó caminando a la clínica Bazterrica. Me hicieron la quimio más fuerte, permanecí dos meses internado. Y el 23 de diciembre me dieron el alta. Me separé de Caviar, volví a la compañía en 2011. Y en octubre de 2018 abrí mi casa como teatro.

Soares en su casa, que a veces se convierte en teatro. (Foto Lucia Merle)

Soares en su casa, que a veces se convierte en teatro. (Foto Lucia Merle)

-¿Hacer teatro en casa fue un acto de desesperación porque no te convocaban para trabajar?

-No, he trabajado en todos los pubs y discos gay del país, pero no me sentía bien tratado. Así que decidí hacer funciones a la gorra. Fue hasta el 6 de enero, un día antes del ACV. Salí a comprar chocolates para desayunar, estaba en la calle, y sentí que todo se movía en cámara lenta. Sentí que me habían desenchufado el cable. Que todo se terminaba. Se me fue el habla y estuve 15 días internado. Cuando regresé, sabía todos los libretos que había dicho en mi vida, pero no los podía decir. Tuve que volver a aprender a hablar. Al día de hoy, hay cosas que están en mi cabeza, pero no sé nombrarlas, y decido seguir y no angustiarme. Me quitó parte del decir, pero agradezco al ACV.

-¿Qué agradecés?

-Me despertó. Me hizo dejar de ser cobarde hasta el último día. Al primero que se aparezca hoy a molestar, adiós. Soy muy feliz y ya no quiero permitir que vengan a romper mi paz. Todo se va como si nada y no podés no valorar a los seres que te cuidan y quieren. Los seres humanos no se comunican, abrazan cuando alguien está enfermo o se está por morir, esperan a una situación límite. Me da desesperación pensar que la materia se termina y algunos nunca aprenden.

Sex, la obra de José María Muscari

Soares participa junto a una troupe de artistas diversos que se mezclan y potencian a pura música, baile y teatro. Sex, viví tu experiencia, con dirección e idea de Muscari. Espectáculo apto para mayores de 18. En el Gorriti Art Center (Avenida Juan B. Justo 1600). Con Militta Bora, Magui Bravi, Daniela Cardone, Gloria Carrá, Jorge Dorio, Tucu López, Noelia Marzol, La Queen, Diego Ramos, Agustin Sierra y Gabo Usandivaras.

"Sex", la obra de José María Muscari.

"Sex", la obra de José María Muscari.

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