Argentina

El calvario de Annet Negesa tras la salvaje operación para poder competir: "No quiero que eso le pase a otra persona"

En 2012 era una joven promesa del atletismo africano y tenía las valijas armadas para viajar a Londres y disputar sus primeros Juegos Olímpicos. Un par de semanas antes, la Federación Internacional (la ex IAAF, desde 2019 denominada World Athletics) le comunicó que no estaba habilitada para competir por sus niveles altos de testosterona y le dio una solución mágica: una operación. Meses después se sometió a una gonadectomía que no solo la sacó del circuito y de la universidad sino que cortó su único ingreso económico.

Ocho años después, la ugandesa conoce su historia. Sabe qué le hicieron, aunque sigue sin entender el porqué. Persigue un objetivo: que ninguna otra atleta sufra lo mismo que ella, que encima 900 dólares por esa cirugía monstruosa. Así se lo cuenta a Clarín una semana después de que se publicara su historia.

Esto es discriminación y racismo. Mi consejo para los atletas jóvenes es siempre que consulten a expertos, abogados y otros atletas afectados y tomen una decisión informada. En ese momento me sentía sola y me sentí obligada a tomar medidas médicas. No quiero que le pase eso a ninguna otra atleta joven”, dice la atleta intersexual desde Berlín, donde reside desde el año pasado porque en Uganda la comunidad LGBTI es perseguida y encarcelada.

Negesa tenía 19 años cuando el 1 de septiembre de 2011 disputó la clasificación de los 800 metros del Mundial de Daegu, la misma prueba que luego ganaría la sudafricana Caster Semenya. Antes de competir en su primer Mundial de mayores, le sacaron 16 muestras de sangre. “Pensé que era parte de la norma. Probablemente fue cuando la IAAF introdujo el pasaporte biológico. Pero me enteré de eso recientemente”, recuerda.

Annet Negesa no sabía hasta el año pasado que debía realizar un tratamiento hormonal luego de la operación. Foto Archivo personal Annet Negesa

Annet Negesa no sabía hasta el año pasado que debía realizar un tratamiento hormonal luego de la operación. Foto Archivo personal Annet Negesa

La ugandesa hace referencia a lo ocurrido en diciembre de 2010, cuando la Federación Internacional de Atletismo comunicó una “campaña ambiciosa y sin precedentes de controles de sangre", conocida como pasaporte biológico. “Permitirá establecer la completa 'huella dactilar' biológica de los participantes. Es un método indirecto de detección que consiste en medir y monitorear ciertos indicadores biológicos, cuyas variaciones anormales podrían ser indicativas de prácticas dopantes", anunciaban entonces.

Durante nueve meses, Negesa no supo sus resultados. Hasta que recibió un llamado poco antes de viajar a Inglaterra para los que serían sus primeros Juegos Olímpicos. “Los esperaba con ansias. Era mi sueño. Pero un par de semanas antes, recibí una llamada de mi manager internacional. Dijo que había algo en mis muestras de sangre y que no podía competir en los Juegos Olímpicos”, rememora ocho años después.

Su sueño se puso en pausa a los 20 años. Miró el Estadio Olímpico de Londres por TV. Salió poco de su casa, porque supuestamente estaba lesionada, y no habló con los medios de comunicación.

Annet Negesa volvió a entrenarse y sueña con competir. Foto Archivo personal Annet Negesa

Annet Negesa volvió a entrenarse y sueña con competir. Foto Archivo personal Annet Negesa

“Después de los Juegos Olímpicos de Londres, un médico de la IAAF se puso en contacto conmigo y me pidió que viajara a Niza para una evaluación médica. Me contactó a través de mensajes y correos electrónicos. Volé sola a Niza. Mi manager internacional estuvo conmigo en el hospital, donde los médicos le hablaron en un idioma que no conocía. Me hicieron varias pruebas, incluidos análisis de sangre, y me remitieron a un hospital en Uganda”, enumera los hechos de aquellos días de 2012.

El diálogo de la IAAF no era directamente con ella, por eso no le explicaron “mucho durante ese proceso”. “Sabía que quería volver a competir en el deporte. Entonces sentí que debía seguir lo que decían. No me di cuenta de que iban a hacer una cirugía. Pensé que sería como una inyección”, advierte sobre aquella gonadectomía que le realizaron en el Womens Hospital International & Fertility Centre de Kampala.

“Me di cuenta de que tenía cortes después de despertarme en el hospital. Me sentí tan débil después de la cirugía que no volví a correr. Meses después, intenté entrenar de nuevo pero me sentía muy débil. Lo intenté una y otra vez, pero ya no me sentía bien con mi cuerpo. No sabía que necesitaba hacer una terapia hormonal de por vida hasta 2019, siete años después de la cirugía”, informa.

Annet Negesa tenía 20 años cuando le realizaron una gonadectomía por sus altos niveles de testosterona. Foto Archivo personal Annet Negesa

Annet Negesa tenía 20 años cuando le realizaron una gonadectomía por sus altos niveles de testosterona. Foto Archivo personal Annet Negesa

Sin controles post operatorios ni tratamientos, Negesa intentó volver a su vida normal. Por entonces, cursaba el primer cuatrimestre de la Universidad. Pero sin resultados deportivos, la posibilidad de estudiar también se esfumó. “Me descartaron de la Universidad porque ya no era buena para los deportes. Me sacaron la beca”, explica.

Sin apoyo de su federación (“Solo te hacen un seguimiento mientras estés corriendo; si estás fuera del circuito, no les importás”, denuncia), pasó de atleta a changarín en Uganda. “No tenía trabajo. Ganaba a través del deporte y de repente no tenía dinero para mantenerme. Los años siguientes fueron duros. Hice trabajos manuales para llegar a fin de mes”, remarca.

Sumida en una realidad para la que no se había preparado, en 2019 conoció a la doctora Payoshni Mitra, una activista por los derechos de los atletas. Contenida y apoyada, se animó a sacar a la luz su caso. Denunció lo que le ocurrió y reafirma en el diálogo con Clarín que “indudablemente no es ético” que World Athletics les demande a sus atletas tratamientos hormonales y/o intervenciones quirúrgicas para competir.

Annet Negesa con la doctora Payoshni Mitra, quien la apoyó para que contara su historia. Foto Archivo personal Annet Negesa

Annet Negesa con la doctora Payoshni Mitra, quien la apoyó para que contara su historia. Foto Archivo personal Annet Negesa

También dejó Uganda, se radicó en Alemania y volvió a correr. Y se ilusiona con un futuro mejor, uno que se parezca a ese pasado que una federación internacional puso en pausa hace ocho años: “Me encanta correr y me siento feliz de poder volver a entrenar. Así que todavía espero poder competir de nuevo”.

HS

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