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El escritor y el árbol de Navidad

A los treinta y pico había terminado de escribir su primer libro y entonces solo le quedaba plantar un árbol. Su hijo ya correteaba por ese campo fértil rodeado de primos, higueras, nísperos y ciruelos. Elegir el lugar para que creciera aquel cedro azul, de poco menos de un metro, nacido en el vivero de la tía Elsa, llevó varios días de deliberaciones familiares. Que pegado a la ligustrina, debajo de las casuarinas; que mejor atrás, al lado del rosal; que no, más cerquita de la magnolia. ¿Y por qué no al lado del enano que el abuelo rescató de un basural y le fabricó un brazo con alambre?  Finalmente, la mayoría votó para que la ceremonia tomara lugar a dos metros del jazmín, con brindis y aplausos para el escritor que se había convertido en jardinero para la foto. Fue hace 18 años, en noviembre, o diciembre tal vez. En las imágenes, de rostros felices y ropas livianas, asomaban algunos pimpollos de jazmín y la vieja quinta de La Plata parecía navegar serena hacia el verano. Allí todo olía a pinos, a tierra vivificada. Debajo de la galería de tejas rojas, frente al nuevo cedro azul, comenzaban a erguir por fin los agapantos celestes. Igual que ahora, con una explosión de aromas y colores. Este 8 de diciembre habrá que poner más alta la escalera para decorar el arbolito y colocar la estrella en la última rama. El escritor, Pablo Calvo, ya no estará en la mesa de Nochebuena. Pero si es cierto que esa estrella significa la esperanza, habrá  motivos para volver a brindar. Todo lo que pasó se ha ido, pero lo que queda es mucho. Tanto, que aquel libro que alumbró al árbol de Navidad, La muerte de Favaloro, hoy se convertirá en serie.

"Ceremonia". Pablo Calvo, con su hijo León (el que sostiene la regadera) y sus sobrinos

"Ceremonia". Pablo Calvo, con su hijo León (el que sostiene la regadera) y sus sobrinos

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