El gobierno de Mauricio Macri se negó a hablar de golpe de Estado en Bolivia y no condenó los hechos de violencia política que llevaron a la salida del presidente Evo Morales. El canciller Jorge Faurie fue la voz oficial que salió a través de una señal de cable a eludir de todas las formas posibles hablar de un derrocamiento. "Las Fuerzas Armadas se declararon prescindentes, pidieron una solución a la política y eso fue lo que ocurrió", fue la explicación de Faurie. En el único comunicado oficial, el gobierno nacional hizo eje en las irregularidades en la elección que destacó la OEA.

Macri tuvo siempre una relación distante con Evo Morales y ya demostró, en medio de la crisis en Chile de su aliado Sebastián Piñera, que no está dispuesto a condenar violaciones a los derechos humanos por fuera de las fronteras de Venezuela. Este diario le preguntó a un hombre del PRO que talló en la política exterior de Macri desde sus comienzos cuál era la mirada del presidente sobre Bolivia y respondió: "Estamos teniendo problemas profundos en la región". Nada más. 

En público, la posición del Gobierno fue hacer eje en las irregularidades en el proceso electoral que señaló la OEA y en el llamado a nuevas elecciones, y pasó por alto las situaciones de violencia, el rol de las policías y los militares y finalmente la renuncia de Evo Morales y sus funcionarios. El comunicado oficial publicado en la página de la Cancillería decía que "ante la inestabilidad política vivida por Bolivia tras las elecciones presidenciales del pasado 20 de octubre, el Gobierno argentino toma nota del informe preliminar de la misión electoral de la OEA, cuya auditoría confirma las denuncias de irregularidades del proceso de escrutinio y recomienda la realización de nuevas elecciones". "El Gobierno argentino entiende ineludible la decisión del Gobierno boliviano de convocar nuevas elecciones y, para ello, renovar con transparencia la integración del Tribunal Electoral", señalaba el mismo comunicado. La Cancillería argentina había emitido opinión sobre las elecciones de Bolivia desde el primer día. Lo hizo en un momento en que ascendían las condenas por la represión en Chile, tema que no mereció en ese momento ninguna mención. 

En el comunicado recordaron que la Argentina se sumó al pedido de Estados Unidos y Brasil, es decir, de Donald Trump y Jair Mesias Bolsonaro, de revisar la elección. E hizo hincapié en "las garantías de libertad y transparencia para que se pueda conocer sin distorsiones de ningún tipo la verdadera voz y voluntad del pueblo boliviano". El comunicado quedó viejo rápidamente a medida que se sucedían los hechos de violencia política, los ataques directos al Gobierno y finalmente, la renuncia de Evo Morales.

No obstante, tras estos hechos, el Gobierno argentino mantuvo silencio por horas. Finalmente, salió a hablar Faurie quien reiteró que ese comunicado era la única posición del Gobierno argentino: "Nosotros emitimos un comunicado donde recogimos la opinión de la OEA", fue su respuesta ante las reiteradas preguntas en la señal TN sobre si se trataba de un golpe de Estado o no. También le mencionaron una comunicación del presidente electo Alberto Fernández con Macri y Faurie no pudo dar precisiones: "El Presidente de la República y el presidente electo harán recomendaciones. Esto se verá entre quienes dialoguen", eludió.

Sobre lo que sí estuvo interesado en hablar Faurié fue sobre la elección en Bolivia: "La OEA fue clara: hubo un proceso irregular. Morales lo reconoció el sábado. Las Fuerzas Armadas se declararon prescindentes, dijeron a la clase política que busque una salida y esto es lo que ha ocurrido", fue su particular lectura de los hechos. "Las dudas sobre esas elecciones quedaron ratificadas de algún modo a partir del informe de la OEA. El gobierno de transición es interino para llamar a elecciones", aseguró Faurie, pese a que Evo Morales tenía mandato hasta enero de 2020.

El canciller no confirmó un rumor que circulaba y que indicaba que Evo Morales volaría a la Argentina y podría pedir asilo. Distintas fuentes del Gobierno señalaron a este diario que no tenían ninguna información en ese sentido y que tampoco había habido ningún ofrecimiento de asilo por parte de Macri a Morales. 

El senador Federico Pinedo se sumó con la idea de que el gobierno nacional no apoya "ni fraude ni golpe alguno". 

La única voz discordante dentro del oficialismo fue la del diputado Daniel Lipovetzky, quien sí dijo que era un golpe: "¡Si mueve la cola y ladra es un perro! Si las Fuerzas Armadas 'recomiendan' (léase obligan, exigen) la renuncia de un presidente elegido democráticamente esto es un golpe de Estado. ¡Es necesario que se aplique la Carta Democrática Interamericana de OEA y que dicho organismo intervenga ya!", planteó el diputado macrista. Fue como un solo de batería en medio de un profundo silencio.