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En las entrañas de un submarino nuclear francés de nueva generación

En un muelle de alta seguridad, un mastodonte de acero de 100 metros de eslora emerge de las aguas de la rada de Toulon, en el sur de Francia. En su proa, una pequeña esclusa permite acceder a las entrañas del primer submarino nuclear de nueva generación francés que entrará en servicio en los próximos meses.

Este modelo de sumergible, equipado con las tecnologías y el armamento de última generación, tendría que haberse exportado a Australia en cantidad de doce ejemplares de su versión convencional, sin propulsión nuclear.

Pero muy a pesar de París, Canberra prefirió en septiembre cerrar una alianza estratégica con Estados Unidos y Reino Unido, anulando el contrato con los franceses para hacerse con submarinos de propulsión nuclear estadounidenses.

La Marina francesa invitó a numerosos periodistas en una rara visita al nuevo buque de 5.000 toneladas, el Suffren, el primero de una serie de seis submarinos nucleares de ataque que reemplazarán en 2030 la generación anterior de Rubis, en servicio desde los años 1980.

El programa bautizado Barracuda, con un costo estimado de 9.100 millones de euros (10.500 millones de dólares), lleva tres años de retraso.

El objetivo es equipar a la Marina de sumergibles "más discretos, más resistentes y más armados", para proteger buques como portaaviones o submarinos lanzadores de misiles, rastrear naves enemigas y tareas de inteligencia, resume el capitán del buque Jérôme Colonna D'Istria, comandante de la escuadra de submarinos nucleares franceses.

En fase de ensayo, el Suffren realizó una primera travesía de larga distancia este verano boreal, bajo el comando del capitán Laurent Coggia.

"Bajamos hasta el ecuador a probar su funcionamiento en aguas cálidas y verificar su resistencia en larga duración. Después, a mediados de septiembre, hicimos escala en Creta", dice este marino con 13.000 horas de navegación submarina mientras recorre un pasillo apenas tan ancho como una persona y con el techo repleto de cables.

Entre las nuevas capacidades figura una esclusa que permite desplegar hombres rana para el combate.

"El despliegue de fuerzas especiales desde un submarino, con toda discreción, puede producir efectos estratégicos mayores", comenta.

- "Revolución para los ejércitos" -

En el puente inferior, se desenvuelve la vida de los miembros de la tripulación: unos modestos bancos alrededor de algunas mesas y una minúscula cocina donde se preparan las comidas cotidianas de 63 marineros.

Dos espacios contiguos esconden los factores clave para la supervivencia bajo el agua: los frigoríficos, que almacenan víveres para hasta 75 días, y el sistema de regeneración de oxígeno.

Enfrente, una pesada puerta se abre sobre la bodega con todos los sistemas de armas: torpedos semiguiados, misiles antinavíos pero también misiles de crucero navales con un alcance de 1.000 kilómetros.

"Es una nueva capacidad en las fuerzas submarinas, que permite impactar discretamente a objetivos en tierra desde no importa dónde. Es una revolución para los ejércitos", asegura el capitán Coggia.

Un tramo de escaleras más arriba, el puente superior contiene las cabinas de la tripulación, cada una con seis catres en vez de las 15 de los antiguos submarinos Rubis.

Unas canastillas suspendidas en el techo del pasillo sirven de estantes. Solo el comandante tiene su propia cabina: unos metros cuadrados de intimidad con una cama individual, una oficina y una pequeña pileta.

A unos pasos está el centro de operaciones, el corazón del navío sumergido en la penumbra. Espacio para multitud de pantallas y comandos automatizados, dedicados a la detección de ruido alrededor, a la conducción del submarino y su propulsión, generada por una sala de máquinas vigilada por físicos atómicos.

Sin esperar la entrega el próximo año del primer submarino Suffren, la Marina se ha equipado desde hace tiempo de simuladores "a escala real, que son una copia de los equipos a bordo" para entrenarse, explica el director de la escuela de navegación submarina de Toulon, el capitán Stanislas Guillou.

Los marinos necesitan entre seis y siete semanas para poder conducir el Suffren con total seguridad.

Pero "hay que continuar entrenándose paralelamente en los simuladores del tipo Rubis, puesto que estos submarinos van a seguir desplegados durante diez años", advierte.

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