“Ahora vamos por la causa por el homicidio”, señaló Gisel Eiriz, hermana de Gabriel Eiriz, tras el juicio por las amenazas que su hermano recibió antes de ser asesinado. El juicio, en el que está imputada la oficial de la Policía Federal Mariela Fernanda Pérez Argüello, se llevó a cabo esta semana y se espera la sentencia para el próximo miércoles 26 de febrero. El equipo de fiscales que llevan la causa pidieron la sentencia máxima de 4 años, mientras que la defensa argumentó “que la imputada solo respondió dentro de un conflicto que no había iniciado ella”, según contó Gisel Eiriz sobre lo vivido en el juicio. La causa por el homicidio de su hermano no avanzó desde el 2016, y todavía no tiene fecha de juicio.

Antes de ser asesinado, Gabriel Eiriz recibió amenazas por mensaje de texto desde el celular de la oficial Pérez Arguello. “No te olvides que trabajo en un juzgado. Que sé dónde vivís. Que vas a terminar mal”, decían los mensajes. La oficial, presentada por la vecina de Eiriz como “su prima”, no conocía a Gabriel ni había hablado con él antes de las amenazas. Desde el 2016, el juzgado Nº5 de San Isidro a cargo de Carolina Pagliani, que lleva la causa, la desdobló en dos investigaciones: por un lado la denuncia por las amenazas, que había hecho Gabriel Eiriz en la fiscalía de Pilar con las pruebas de los propios mensajes que recibía, y por otro lado la investigación por el homicidio, el 8 de octubre del 2013 en la casa quinta del barrio La Lonja, del que se sabe que dos hombres --aún no identificados-- lo mataron de un disparo en la cabeza. Después de pasar por varias fiscalías, un equipo liderado por los fiscales Federico Mercader y Raúl Casal tiene a cargo el seguimiento del caso. “En todos estos años la causa avanzó muy lento, con muchas dificultades”, señaló Gisel Eiriz y agregó que “esperamos que la jueza dicte la pena máxima porque Perez Argüello es culpable de las amenazas y una de las sospechosas por la muerte de Gabriel”.

Gabriel Eiriz vivía en el barrio de La Lonja hacía 12 años. Sus tres hijos, que vivían con su madre en Del Viso, lo visitaban durante los fines de semana. Desde su llegada al barrio, Gabriel organizaba reuniones de vecinos para reclamar a la municipalidad por los problemas que tenían: pozos en las calles, problemas en el alumbrado, el mantenimiento del césped al costado de los caminos de tierra. “Era el que juntaba al barrio”, recordó Gisel Eiriz. “Los últimos cinco años habían empezado a hacer fiestas en algunas casas quinta cercanas a la casa de mi hermano. Cuando planteó el tema en la reunión, todos los vecinos estuvieron de acuerdo en quejarse”, señaló Eiriz. Junto a la casa de su hermano tenía su quinta Alicia Storiani Domínguez y, en la esquina, vivía Ezequiel Salsamendi, a quien Eiriz denunciaba como organizador de las fiestas. “Alicia, que por entonces se hacía llamar ‘Patsy Domínguez’, iba a las reuniones porque siempre tenía problemas con la quinta, le entraba gente cuando no la tenía alquilada, entonces le pedía a mi hermano que le cuidara la casa y él siempre accedió”, relató Gisel. Sin embargo, cuando empezaron a hablar de las fiestas “Patsy dejó de ir a las reuniones, y meses después le alquiló la quinta a Salsamendi con la excusa de un evento que sería en septiembre”. Estaban en agosto, y Gabriel le escribió varias veces por mensaje para advertirla sobre el peligro de las fiestas que organizaba el vecino de la cuadra. “Son fiestas de despedida de solteros, con torres de sonido, alcohol y drogas, que empiezan a la mañana y terminan al mediodía del día siguiente”. La primera fiesta fue el 1º de septiembre. "Ella le había dicho a mi hermano que se iba de viaje y que quedaba a cargo una prima de ella, y trece días después Gabriel empezó a recibir las amenazas por celular", relató Gisel Eiriz, quien declaró como testigo en el juicio contra Pérez Argüello.

“A mi hermano lo mató el negocio clandestino”, afirmó Gisel Eiriz, “las fiestas que él denunciaba eran fáciles de localizar, pero ni la policía ni la municipalidad actuaban porque eran parte del negocio”. Según relata su hermana, Gabriel se encontró dos veces con Salsamendi: “La primera le tocó la puerta para preguntarle si le podía alquilar la quinta, la segunda vez mi hermano se lo encontró en calle y le dijo su opinión sobre las fiestas, a lo que él respondió ‘si me jodés el negocio, te mato a palos’ y se fue”, relató Eiriz. De las reuniones de vecinos también participaba el subcomisario de la policía de La Lonja, Rodolfo Javier Sastre. Él fue el primero que llegó a ver el cuerpo de Gabriel cuando el vecino que lo encontró a la madrugada, tras escuchar los disparos, llamó a la policía. “No es casual que haya sido él, que además cuando llegó juntó varias pertenencias, entre ellas el celular de mi hermano, sin la presencia de la fiscal. Le preguntó al vecino si sabía desbloquear el teléfono, pero como este no supo, no pudieron hacerlo y quedó todo el material como estaba”, señaló la hermana de Gabriel. A la familia le avisó el vecino, buscando sus números en la guía telefónica, y recién pudieron llegar a la mañana del 8 de octubre, varias horas después de que Gabriel hubiera muerto.

“Estos últimos años nos concentramos en estar con los chicos, compartir vacaciones, verlos, y recién ahora pueden participar de las movilizaciones que hacemos y acercarse a la causa. Fue muy difícil para ellos”, relata Gisel. Cuando asesinaron a Gabriel Eiriz, Rocío, la más grande, tenía 12 años, su hermano tenía 8 y el más chico había cumplido los 7 años. Como parte de su solicitud para ser becada en la universidad, en 2018 Rocío escribió un texto en homenaje a su padre. “El 8 de octubre es un día para la resistencia”, escribe en el texto y, en otro apartado: “el 8 de octubre es un día de finales”. Es un recorrido de su relación con la fecha que “parece estar en todas partes”. El juicio por el homicidio de Gabriel Eiriz todavía no tiene fecha estimada. “El domingo antes de morir mi hermano se había reunido con los vecinos y les había dicho que, si a él le pasaba algo, quería dejar señaladas a tres personas: Mariela Pérez Argüello, Ezequiel Salsamendi y Alicia Storiani Domínguez. Él dijo que teníamos que ir por ahí y por ahí vamos a ir”, señaló.

Informe: Lorena Bermejo