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Los quirófanos se someten al bisturí

A photo provided by the Medical University of South Carolina shows a renovated operating room at the R. Keith Summey Medical Pavilion at the university. The renovation gives staff the option to move equipment, lights and monitors around the operating table during surgeries. (Sarah Pack/MUSC via The New York Times) -- NO SALES; FOR EDITORIAL USE ONLY WITH NYT STORY SLUGGED TECH OPERATING ROOMS BY ELLEN ROSEN FOR MAY 5, 2021. ALL OTHER USE PROHIBITED. --
A photo provided by the Medical University of South Carolina shows a renovated operating room at the R. Keith Summey Medical Pavilion at the university. The renovation gives staff the option to move equipment, lights and monitors around the operating table during surgeries. (Sarah Pack/MUSC via The New York Times) -- NO SALES; FOR EDITORIAL USE ONLY WITH NYT STORY SLUGGED TECH OPERATING ROOMS BY ELLEN ROSEN FOR MAY 5, 2021. ALL OTHER USE PROHIBITED. --

Especial para Infobae de The New York Times.

Si le preguntas al doctor Scott Reeves, te dirá que los quirófanos se parecen a la cabina de un avión. Hay equipos sofisticados, espacios reducidos, luces parpadeantes y una cacofonía de acciones.

Además de eso, “a menudo están abarrotados, las personas pueden tropezarse, los cirujanos y las enfermeras pueden pincharse con agujas, y las infecciones causadas por polvo y otros agentes contaminantes son un problema cada vez mayor”, dijo Reeves, director del departamento de anestesia y medicina perioperatoria en la Universidad de Medicina de Carolina del Sur.

Cuando se involucró en el diseño de los quirófanos en el Pabellón Médico R. Keith Summey, que forma parte del hospital infantil de la universidad, Reeves se enfocó en cómo lograr que las salas quirúrgicas fueran más adaptables a la tecnología —incluidos equipos de visualización, de diagnóstico por imágenes y robots— así como al personal y los pacientes.

Las acciones de Reeves son parte de un reconocimiento cada vez mayor de que los hospitales están “centrados en el ser humano”, afirmó Anjali Joseph, directora del Centro de Diseño y Pruebas de Instalaciones Sanitarias de la Universidad Clemson, quien trabajó en el diseño del centro ambulatorio que se inauguró en 2019. “No podemos pensar en la seguridad del paciente sin tener en cuenta la salud de todas las personas en la sala. Están interconectados”.

Su objetivo es repensar el diseño y planificar para el futuro, y el equipo de Carolina del Sur no es el único. El problema de embutir personas y una variedad de máquinas —ya ni hablar de robots— en salas quirúrgicas que fueron diseñadas hace décadas está forzando un cambio.

Desde aumentar el tamaño hasta reorientar la distribución, los hospitales —en especial los que forman parte de grandes centros médicos universitarios— están juntando a cirujanos, anestesiólogos y enfermeros con arquitectos, ingenieros y personal administrativo para repensar el quirófano moderno. Incluso los hospitales públicos más antiguos, con presupuestos más limitados, están siendo más creativos, ya que las cirugías son una fuente de ingresos vital.

Si bien una construcción nueva es más sencilla que la remodelación de un edificio antiguo, no todos los hospitales tienen el financiamiento o el espacio para comenzar de cero. La construcción de una nueva sala de operaciones puede costar entre 1 y 3 millones de dólares, dijo Reeves. El costo de un nuevo hospital puede superar los 1000 millones de dólares.

Configurar nuevas salas quirúrgicas en edificios existentes requiere creatividad, dijo Joan Saba, arquitecta de instalaciones de salud y socia de NBBJ, una compañía de arquitectura y diseño.

Por ejemplo, los techos de los quirófanos más antiguos pueden tener alturas de apenas 3 metros, mientras que en la actualidad lo que se considera óptimo son de 3,6 a casi 5 metros, para albergar dispositivos electrónicos, cables y conductos, dijo. Algunos han utilizado espacio del piso de arriba para ganar esa altura adicional. Cuando eso no es una opción, algunos hospitales han replanteado salas y habitaciones contiguas para albergar dispositivos electrónicos y otros tipos de infraestructura.

Los nuevos equipos y las nuevas técnicas quirúrgicas están impulsando en gran medida los rediseños. Quienes diseñaron quirófanos incluso hace 20 años no podían haber previsto la explosión tecnológica reciente, que a menudo requiere más espacio.

La “gestión de equipos de visualización” es el mayor desafío que tienen los quirófanos, dijo Mary Hawn, directora del departamento de cirugía de la Universidad Stanford, que inauguró un nuevo hospital en noviembre de 2019 (el nuevo hospital infantil de Stanford abrió en 2017). “Hace 20 años operábamos exactamente sobre lo que veíamos, quizás se utilizaban lupas (anteojos especializados de cirujano) para ampliar la visión”. En la actualidad, los monitores proporcionan imágenes de alta definición para guiar al cirujano.

Además, para cirugías muy complicadas, los hospitales esperan tener equipos como máquinas para tomografías computarizadas y otro tipo de estudios de diagnóstico por imágenes en la sala de operaciones. Esto no solo ahorra tiempo, sino que reduce el riesgo de infección.

“Es necesario dejar de suturar a los pacientes para después sacarlos a otra sala, obtener imágenes, ver que faltó algo por hacer y luego traerlos de vuelta al quirófano para volverlos a abrir”, dijo Saba.

De todos los equipos de visualización, la pieza que por lo general se considera inconveniente para el quirófano es la que se necesita para las resonancias magnéticas, debido a su gran tamaño. Como resultado, dijo Saba, algunos hospitales están instalándolas en una sala adjunta a la de operaciones en caso de que se necesite realizar una resonancia magnética. Un espacio separado tiene el beneficio de eficiencia adicional, ya que el equipo también se puede utilizar para pacientes no quirúrgicos.

El ruido es, en el mejor de los casos, un elemento de distracción, pero también puede causar repercusiones físicas, como presión arterial alta, en especial en miembros del personal que estén expuestos durante periodos prolongados. Los niveles altos de decibelios están “asociados con un incremento en la dificultad para comunicarse, que es la mayor fuente de errores prevenibles en el entorno hospitalario”, dijo a través de un correo electrónico John Medina, profesor adjunto afiliado del departamento de bioingeniería de la Universidad de Washington.

En el Centro Médico de la Universidad Loma Linda de California, que espera inaugurar un nuevo hospital en el campus este año, las paredes de la sala de operaciones están construidas para mitigar el ruido exterior, así como las vibraciones. También se utilizaron silenciadores de conductos de aire, informó Allison Ong, responsable de la transformación del campus.

En general, quizás la pregunta más importante en estas renovaciones es cómo hacer que los quirófanos queden “preparados para el futuro”, además de todo el hospital. Este ejercicio es particularmente complejo debido a la rapidez con la que cambia la tecnología.

En Loma Linda, dijo Ong, “tuvimos que decidir casi desde el principio cómo creíamos que iba a lucir el futuro de la atención médica. Cuántas camas de cuidados intensivos, cuántas camas médicas quirúrgicas y cuántas salas de operaciones serán necesarias. Tienes que hacer tu mejor conjetura”.

Parte de eso implica adoptar un enfoque más modular, para tener flexibilidad ante la llegada de nuevos equipos.

Como dijo Reeves: “La lección de la pandemia del COVID-19 es lo rígidos que son muchos quirófanos. Creo que veremos a muchas compañías de arquitectura ser más ágiles con sus diseños. Y si bien eso conlleva un mayor costo, al final es una cuestión de pagar ahora o pagar después”.

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