Argentina

Luciano Lutereau: "Diego Maradona representa simbólicamente un padre de la cultura argentina"

Poco antes de que el mundo se conmocionara por la muerte de Diego Maradona, el psicoanalista, doctor en psicología y doctor en filosofía Luciano Lutereau lanzaba su último libro, El fin de la masculinidad (Paidós, 2020). Allí, incluyó un resonado capítulo con anécdotas relacionadas con el ídolo para reflexionar sobre la paternidad. “Diego fue un padre en la cancha aunque en su vida por fuera (¿real?) haya tenido problemas para lidiar con la paternidad”, escribió.

Autor de una veintena de libros, habló con Clarín sobre el 10 y adelantó que trabaja en un libro colectivo llamado D10S es inconsciente.

- En tu libro El fin de la masculinidad, en el último capítulo, tomás la figura de Diego Maradona para hablar de paternidad...

- Cuento una anécdota con mi propio hijo, las historias que le relataba de noche antes de dormir. En ese capítulo sobre paternidad, narro el último partido en Boca cuando Maradona salió de la cancha y entró Riquelme. Esa imagen me gustó siempre, en la medida en que muestra cómo funciona la filiación: los hijos amamos a un padre si éste es capaz de perder protagonismo. Un padre no es un ser omnipotente.

¿Si Maradona es polémico? ¿Qué padre no lo es? El problema es que hoy en día nos acostumbramos a pensar desde el ideal, pero lo que un padre transmite es un deseo y ¿quién que tenga un deseo no es una persona llena de contradicciones, exabruptos, en fin, pasiones? Nuestra época moralista no perdona la pasión. Cuando se critica a Maradona como persona, se olvida que una mayor injusticia es ponerse a juzgar a otro por fuera de un marco normativo o institucional. En realidad, quienes juzgan a Maradona como persona odian el amor que despierta.

El psicoanalista, doctor en psicología y doctor en filosofía Luciano Lutereau. Foto Maxi Failla

El psicoanalista, doctor en psicología y doctor en filosofía Luciano Lutereau. Foto Maxi Failla

- ¿Por qué ubicar a Maradona –quien fue reconociendo a sus hijos a lo largo de su vida– como ejemplo de padre?

- Antes que pensar los casos particulares de los hijos de Maradona, que es un tema que le incumbe a ellos y, por respeto, cabe dejar de lado, a mí me interesa la idea de paternidad que supone un hombre como Maradona. En el libro planteo que nuestra época mide a las figuras parentales desde ideales, mientras que lo propio de la paternidad es la transmisión de un deseo y éste, muchas veces, es traumático, porque no se puede justificar. No se ama a alguien porque sea bueno: esta es una idea que si no fuese falsa sería, por lo menos, injusta; más bien se ama a alguien por su deseo, o bien se lo odia. Maradona era un hombre de deseo, esto es claro: la intromisión permanente en su vida privada lo demuestra.

En esta época, cuando cualquier varón que ocupa una posición paterna muestra algo de su deseo, ahí aparecen miles y miles de personas con sus lupas para evaluar si ese deseo es correcto, adecuado, higiénico, etc. No por nada cada vez más varones deciden no ser padres, o serlo desde actitudes maternales. Si no recuerdo mal, hace poco una hija de Maradona dijo que éste había sido un ejemplo, de lo que estaba bien y de lo que estaba mal. Me pareció una forma muy linda de expresar lo que transmite un padre.

Murió Diego Maradona. Foto: Sergey Mikheev / Shutterstock.com

Murió Diego Maradona. Foto: Sergey Mikheev / Shutterstock.com

- Decías que “nuestra época moralista no perdona la pasión”, pero la pasión ha funcionado como justificativo de numerosas violencias (“la maté por amor”, llamar “crimen pasional” a la violencia de género). ¿Cómo se conjuga esto con lo que decís?

- Leí algunos comentarios contra Maradona en redes el día que murió y me parecieron un ejemplo de pensamiento binario, aquel que justamente a veces dicen cuestionar. Me explico mejor: alguien dice “¿Basta la alegría que produjo para borrar el daño que causó?”, pero ¿cómo no ver que son cosas distintas? Quien no lo ve, cree que amar justifica. Eso es un error, así funciona el pensamiento binario, que conduce a aquello que dice rechazar (cae en la paradoja de producir lo que objeta) porque si alguien fue un hombre que dañó, ¿quiere decir esto que no es digno de amor?

Lo complicado de este planteo es que no busca una reparación, sino que no quiere que alguien sea amado. Entonces, en nombre del amor se plantea el desamor. Ahora bien, ¿cómo alguien podría cambiar (ya no pienso en el caso de Maradona) si no se da una chance de revisión? Este binarismo es el que a veces está detrás de algunas posturas punitivistas, que son problemáticas porque se basan en odiar, buscan el escarnio y producen lo que quieren evitar.

"El fin de la masculinidad", de Luciano Lutereau.

"El fin de la masculinidad", de Luciano Lutereau.

- Justamente en el libro escribís que “decir que Maradona fue un padre puede parecer temerario para muchos hoy. Lo que nos cuesta entender es que un padre no es un ideal”. ¿Por qué exigimos que nuestros ídolos sean perfectos, y si no lo son, necesitamos olvidar –o maquillar– sus claroscuros?

- El motivo es que vemos a los ídolos populares con el velo de las figuras parentales, les pedimos que sean padres también para nosotros. Esto afirma nuestra actitud infantil, por eso los idealizamos. El secreto de la madurez está en poder dejar de idealizar sin por eso desilusionarse. Por eso me parece interesante distinguir entre ver en Maradona un padre y juzgar su paternidad.

Me parece que Maradona representa simbólicamente un padre de la cultura argentina, como lo fue Gardel, como lo es Charly García. León Gieco decía que “somos del grupo los Salieris de Charly, le robamos melodías a él”. Nosotros somos un poco hijos de Maradona, curiosamente un hombre que vivió escuchando a hablar a todo el mundo de sus paternidades.

- ¿Por qué creés que “Maradona representa simbólicamente un padre de la cultura argentina”?

- Porque su contribución a la cultura popular fue más amplia que la que pudo hacer en el fútbol. Decir “a mí me interesa Maradona como futbolista” es no saber quién fue esta persona que acuñó frases que en unas pocas horas se repetían en todos lados y, sobre todo, pasaron a formar parte del sentido común argentino, de nuestro inconsciente colectivo.

Maradona no fue solamente un ícono de ciertos valores criollos (la rebeldía, la viveza, etc.), sino que también realizó un aporte a la identidad nacional, al punto de que ciertas situaciones no se nombran sino con una frase suya. Entonces, Maradona amplió nuestro modo de sentir. ¿Por qué pasa esto? Porque padre no es sólo quien reconoce a su hijo, este es el aspecto jurídico, sino que padre es quien es adoptado por su hijo; esta es una idea básica del psicoanálisis: los hijos adoptamos a nuestros padres, a veces hasta para amarlos con odio.

- Sos futbolero. ¿Te definirías como “maradoniano”? ¿Qué es para vos ser maradoniano?

- “Maradoniano” es un modo de nombrar una relación con Maradona. No de fanatismo, sí de amor. Me defino como maradoniano de la misma manera en que me defino como freudiano: no creo que todo lo que haya dicho Freud sea perfecto, no creo que no se haya equivocado; pero un amor basado en la suposición de perfección es tonto, hasta es un poco inhumano y cruel.

Freud fue alguien que inauguró un modo de hablar y de pensar, hizo visibles aspectos de la conducta humana que hasta ese entonces eran despreciados. Maradona es un ídolo popular porque no le alcanzó con ser un deportista exitoso, estuvo destinado también a inaugurar un campo novedoso, también relacionado con un tipo de voz pública y un pensamiento. Muchos famosos opinan sobre temas de actualidad, pero Maradona encontró un modo de hablar en el que su punto de vista definía una postura. Taxativo, polémico, casi nunca lo que decía estaba del lado de los ideales. Me interesó siempre esa forma de intervenir que no buscaba agradar, sino partir las aguas.

En su biografía el trompetista Miles Davis critica a Louis Armstrong, porque fue el “negro” que se dedicó a divertir a los ricos, con su sonrisa complaciente. Miles Davis decía que se sentía humillado por la sonrisa de Armstrong. Creo que ninguna persona de origen humilde en nuestro país piensa que Maradona haya traicionado su condición de jugador del pueblo. Maradona se hacía nombrar “el Diego de la gente”.

- ¿Llegaste a conocer a Diego Maradona? ¿Tenés anécdotas personales con él?

- Dos veces lo vi a Maradona en mi vida. Ambas en los años ’90. La primera fue en Uruguay, en una ciudad de la costa, cuando yo caminaba de noche con un amigo. De repente lo vemos salir de un restorán y, en el camino al auto, mi amigo le gritó “Diego, Diego”, pero no nos dio bola. Entonces mi amigo le pateó la rueda del auto y ahí sí, nos empezó a correr. A los pocos metros, a mí, que corría más lento, me tiró una patada que me pegó en el culo, a la que siguió un insulto. Mi amigo tardó unos minutos en empezar a festejar y gritar “Te pegó Diego, ¡y con la zurda!”.

Unos años después, todavía adolescente, me acuerdo que con unos amigos fuimos a un parque privado en Costa Salguero. Nos habíamos colado, saltando la reja. Queríamos disfrutar de la pileta y la canchita de fútbol. Mientras estábamos en esta última, llegó el personal de seguridad. Nos invitaron a irnos de una manera poco amable, hasta que se oyó una voz que preguntó: “¿Qué pasa con los chicos, que son mis amigos?”. Era otra vez Maradona, que pidió que nos quedemos y ahí estuvimos, un rato, jugando al fútbol. De este día recuerdo algo que siempre me impactó: hablaba con un grupo de pibes de la misma manera que hablaba en la tele. Al despedirse nos dijo: “Pórtense bien”.

Fanáticos de la leyenda del fútbol Diego Armando Maradona durante la capilla funeraria instalada en la Casa Rosada. (AP Photo/Maria Paula Avila)

Fanáticos de la leyenda del fútbol Diego Armando Maradona durante la capilla funeraria instalada en la Casa Rosada. (AP Photo/Maria Paula Avila)

- Es una muestra de las contradicciones de las que hablabas antes...

- Es cierto. No creo que hoy pueda decir mucho más que cuestiones personales. No podría teorizar una muerte. No obstante, sí pienso que el amor y los ideales van por vías diferentes. Cuando amamos a alguien, intentamos justificar esa pasión con aspectos más o menos comunes (por ejemplo, nos convencemos de que amamos a otro porque piensa cosas parecidas a las nuestras, porque compartimos valores, etc.), pero esta es la ilusión del amor.

Hace un tiempo alguien dijo que a Maradona no había que entenderlo, sino que había que amarlo. Creo que también hay que bancarse el amor que produce, porque lo contrario es odiarlo, pero este odio es encubridor, es un odio para no admitir el amor, para invalidarlo. A mí me pegó una patada y no lo pude odiar. Tampoco lo amé más por la vez que nos dejó quedarnos en una cancha. Maradona no es para mí un ideal, sino esa contradicción permanente, que lleva a amarlo sin saber por qué.

Cuando se evalúa si fue un ejemplo a seguir, esta actitud moral es, en realidad, un modo hipócrita de no tolerar lo más impactante que tenía: esa capacidad para decir ciertas cosas y que, al día siguiente, se convirtiesen en parte de la lengua popular. Pensar a Maradona como futbolista es un disparate, porque no hay jugador (en realidad, son muy pocas las personas) que haya dicho tantas frases que se volvieron eslóganes en minutos, que cada quien usó para sus propios fines según las circunstancias: “La tenés adentro”, “Si estás vacío, llenate”. Y mil más.

- Tras las muertes se suele rescatar el “lado luminoso” de la persona fallecida, dejando de lado las contradicciones. ¿Qué creés que les contaremos a nuestros hijos, que no habrán conocido a Diego con vida, de quién fue Maradona?

- En el libro narro lo que yo le cuento a mi propio hijo, que Maradona era un hombre de deseo, al que era hermoso ver jugar, pero también verlo en la cancha como hincha, o en el banco, como director técnico. El fútbol para él no era solo un deporte, sino un modo de transmitir una visión del mundo.

En la cancha Maradona era un jugador generoso, como recuerda la anécdota en que después del gol del siglo le dijo a Valdano que lo miraba para pasarle la pelota, pero ¡no pudo! Entonces hizo la mejor jugada de la historia del fútbol. En la tribuna, no creo que nos podamos olvidar de cómo se descompensó en el último Mundial.

Hay una idea de Freud que a mí me parece maradoniana: que no nos ponemos contentos solamente con nuestros actos, sino también con los de los demás. Freud llamaba a esto “civilización”.

Seguidores de Diego Maradona durante la despedida del 10 en Bella Vista. Foto Juano Tesone.

Seguidores de Diego Maradona durante la despedida del 10 en Bella Vista. Foto Juano Tesone.

- Pensás a Maradona con la figura del padre, pero también lo vinculás con el inconsciente. ¿Hay algo de psicoanalista en Maradona?

- Lacan decía que “Dios es inconsciente”, como una manera de pensarlo no desde la omnipotencia, sino afectado por el deseo. Con unos colegas y amigos, trabajamos en un libro colectivo con el título D10S es inconsciente, que pronto se publicará.

Por otro lado, creo que justamente el modo de hablar de Maradona es efecto del modo en que se lo ama. Esto es lo que ocurre en psicoanálisis con un fenómeno propio que se llama “transferencia”. Así la palabra del analista cobra un valor especial, al punto de que se la escucha como reveladora. Así es que puede funcionar para interpretar los síntomas y conductas de un paciente. ¿No ocurre eventualmente que un analista dice una pavada y el paciente se queda pensando “¿Qué me habrá querido decir?”. Esto es, le atribuye un sentido suplementario, por la capacidad que le concede de que sea una palabra que interpela, que pone en cuestión.

Maradona, en cierto modo, fue también un psicoanalista del inconsciente de los argentinos. Como analista Maradona era también un hombre de deseo, uno que no se dejaba engañar por los ideales, la adaptación, la riqueza, etc. Siempre recordó que él venía de Fiorito. Otra de sus grandes respuestas: “Yo nací en un barrio privado. Privado... de luz, de agua, etc”. En chiste podría decir que tenía algo de analista lacaniano.

- ¿Con qué te quedás de Maradona?

- Con todas las veces que cantó el himno en una cancha. Y cómo desde un banco o en la tribuna, era un hincha más, un apasionado de esa causa perdida que es el fútbol. En un siglo en que se habla mucho de la pasión, pero la gente vive apática y por no morir, me alegra que Maradona haya vivido su vida, una que solo él pudo vivir, única, con lo dulce y lo amargo, la alegría y la tristeza, los aciertos y los infortunios. ¿Qué otra cosa es una vida humana?

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