Argentina

¿Me quedo o me voy? Los argentinos que sueñan con empezar de nuevo

"En 2001 emigraban los que no tenían trabajo, pero aquellos a los que les iba bien se quedaban. En 2018 y 2019 se fueron muchos jóvenes de entre 25 y 30 años. Lo que está sucediendo en 2020 es curioso y llamativo: se va gente que tiene trabajo, a la que le estaba yendo bien y tiene ya una edad avanzada, pero dice que no aguanta más la incertidumbre económica y la inseguridad", cuenta Florencia Mobilia, gestora de ciudadanías italianas.

Con una experiencia en su rubro de más de una década, Mobilia dice que desde el último cepo al dólar, las consultas que recibe de interesados en emigrar se incrementaron un 450 por ciento en relación a junio y julio últimos. "Las llamadas se dispararon de manera exponencial y hoy tengo no menos de 50 por día, más los mensajes. Y cambió muchísimo el perfil de los interesados en dejar la Argentina: hoy hay muchos empresarios que estan dispuestos a dejarlo todo e irse".

Alejandra Covello, dueña de Covello Propiedades e instalada en Uruguay desde hace poco más de dos meses, asegura que ese país "se llenó de argentinos" que se quedan por varios meses. Cuatro de cada cinco operaciones inmobiliarias que realiza —detalló— son de argentinos que llegan para radicarse no menos de seis meses. "Esto no ha ocurrido antes", asegura.

Un 40% llega a Punta del Este, un 45% a Montevideo, un 10% a Colonia, y el resto es gente que no se viene a vivir, detalló Covello. "Muchas familias firman alquileres con opción a compra. La mayoría tienen hijos en edad escolar primaria; y el otro target son los matrimonios con hijos ya grandes". detalla la empresaria.

Los datos que aportan Mobilia y Covello son "botones de una muestra"; válidos, pero no suficientes para dimensionar el fenómeno. Más representativos de la tendencia resultan los resultados de un relevamiento de septiembre de 2020 de la consultora Taquión Research Strategy: indican que 60,5% de las dos mil personas consultadas —de distintas edades— contestó que sí a la pregunta "Si pudieras irte a vivir a otro país, ¿lo harías?".

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Esos números se vuelven más significativos cuando se los compara con los de otra encuesta que la misma consultora llevó a cabo en 2017. Entonces, a la pregunta "Debido a las crisis que ha tenido el país en las últimas décadas, ¿ha pensado usted o su familia en irse del país a buscar un lugar mejor para su desarrollo?", el 43,5% había respondido de modo afirmativo.

Otra pregunta de ese mismo cuestionario de tres años atrás era: "Ante la situación actual y a futuro que usted imagina para el país, ¿piensa más en irse o en quedarse?". Y solo 27,7% contestó "irse". La diferencia entre 2017 y 2020 saltana la vista.

Aquí, historias de quienes preparan su partida o recién emigraron. Relatos que le ponen nombre, apellido y emociones encontradas una estadística dolorosa.

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Zulema Novoa Braggio77 años.

Vecina de Las Cañitas. Se fue a Brasilia a visitar a su hija y sus nietas. Viajó mucho a vistar a familiares, pero esta es la primera vez que viaja solo con pasaje de ida.

“Hay un arrasamiento de las instituciones, una falta absoluta de realidad y un fanatismo que a esta altura de mi vida resulta agotador. Y sé que me vine a Brasil, donde la realidad no es mucho mejor. Pero necesitaba irme, aunque es fuerte tener la sensación de que no sé si voy a volver".

Zulema Novoa Braggio (77), dice haberse ido empujada por "una realidad social, política y económica asfixiante". Dolida, ella le contó a Clarín: "Yo saqué un pasaje solo de ida a Brasil y me fui con la sensación de que no voy a volver. Es algo muy fuerte, es la primera vez que lo siento y todavía me tiene contrariada".

Novoa Braggio viajó días atrás a Brasilia para estar con su hija y sus nietos, lo que había hecho en otras ocasiones. "Pero esta vez es diferente, pasa por un tema de valores, de lo que veo que está pasando en el país y no puedo mirar para otro lado, me duele, siento un vacío, entonces decidí viajar sabiendo que nada me ata a esta Argentina. Amo mi casa, amo Buenos Aires y su cultura, pero necesito un cambio de aire", contó.

Zulema Novoa Braggio, en el puente Juscelino Kubitzchek, emblema de Brasilia, adonde llegó hace pocos días.

Zulema Novoa Braggio, en el puente Juscelino Kubitzchek, emblema de Brasilia, adonde llegó hace pocos días.

Ante la consulta sobre qué ve que está pasando, Novoa Braggio sostiene que "hay un arrasamiento de las instituciones, una falta absoluta de realidad y un fanatismo que a esta altura de la vida resulta agotador. Y sé que me voy a Brasil, adonde la realidad, quizá, no es mucho mejor, pero bueno, probaré. Me voy decidida, pero no dramáticamente ni enojada, quizás triste, sí", describe esta exvecina de las Cañitas.

Desde Madrid, la porteña Mechi Caamaño acaba de fundar su agencia de asesoramiento para emigrantes Cruzar el Charco. Hace un mes que se dedica formalmente a brindar ayuda sobre documentación (ciudadanía, residencia) a argentinos que viajan a España o Italia. "Lo hacía de onda desde hace bastante —cuenta—, pero ante la andanada de pedidos decidí encararlo seriamente, para poder ayudar a más gente. Y debo reconocer que estoy sorprendida por la cantidad de personas que, casi con desesperación, me piden que las saque de la Argentina".

Mechi Caamaño vive en Madrid y se dedica a asesorar a argentinos que estén interesados en emigrar a España.

Mechi Caamaño vive en Madrid y se dedica a asesorar a argentinos que estén interesados en emigrar a España.

Caamaño subraya que las solicitudes que recibe provienen de argentinos de Capital Federal, de la provincia de Buenos Aires y también del interior, de edades muy variadas, muchos adultos, y de estratos sociales medio y medio alto, que "se van porque están cansados de vivir mal, de esforzarse para nada y muy preocupados por la seguridad". "El 90% emigra para buscar bienestar y tranquilidad para sus familias", puntualiza.

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Nadia Bettes35 años.

Abogada.Oriunda de Banfield. Desde agosto de 2020 vive en Dublin junto a su marido y su hija.

“Cada día que pasa estamos agradecidos con esta nueva vida y entendimos que el esfuerzo y la tristeza que significó dejar Argentina valieron la pena."

"Que el sueldo no alcanza por la inflación, que el esfuerzo es en vano, que el miedo a la inseguridad, que la falta de futuro, que la nula calidad de vida, que no hay porvenir para su hija... Un cúmulo de motivos me llevaron a mí y a mi esposo a buscar respuestas fuera de la Argentina. Desde fines de 2019 que nos decidimos, en agosto me salió un trabajo en Dublin y no lo dudamos", cuenta Nadia Bettes, de 35 años, oriunda de Banfield, madre de una nena de cinco años y con ciudadanía italiana.

Abogada, empleada de una empresa multinacional, Nadia empezó a mandar currículums y a postularse vía LinkedIn hasta que una compañía desde Irlanda se fijó en ella y la contrató luego de una serie de entrevistas vía Zoom. "Una vez que me dieron el OK renuncié al trabajo que tenía, terminé de hacer los papeles pendientes y viajamos los tres en agosto a Dublin, una ciudad capital con vida de pueblo, que nos abrió las puertas de par en par; nos sentimos contentos por haber tomado tan difícil decisión", dice.

Nadia Bettes en su departamento de Ballsbridge, con vista a la ciudad de Dublin.

Nadia Bettes en su departamento de Ballsbridge, con vista a la ciudad de Dublin.

Si bien los primeros meses de adaptación al cambio son los más complicados, dice Nadia que están encantados con la calidez de la gente, con su amabilidad y paciencia, y con la seguridad. "Hay presencia policial en todos lados —cuenta—. Además, nos movemos cómodamente y en bicicleta hacia todas partes. Lo cierto es que cada día que pasa estamos agradecidos con esta nueva vida y entendimos que el esfuerzo y la tristeza que significó dejar la Argentina valieron la pena".

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Juliana Berenyi28 años.

Psicóloga.Es de CABA. Hace un año que vive en Madrid, junto a su marido Iván.

“Aquí en Madrid no es fácil, pero la gente trabaja para vivir, no vive para trabajar, hay posibilidades de acceso a servicios y productos para todos. Muchas veces pienso: '¿Por qué es tan diferente la realidad aquí, en España?' Y no encuentro respuestas."

Juliana Berenyi (28) es psicóloga y hace un año que está "probando suerte" en Madrid, adonde viajó con su novio. "Ninguna situación límite me empujó a salir de la Argentina; de todos modos, creo que si el panorama fuera diferente en cuanto a proyección, posibilidades y estabilidad, sobre todo económica, no me habría ido a largo plazo, como lo hice, ya que proyecto mi vida familiar aquí", dice.

Lejos de su familia y de sus amigos, la melancolía zamarrea a Berenyi: "Es una situación muy triste la que está atravesando nuestro país, duele mucho ver cómo está la Argentina y a la distancia duele más. Muchas veces me pasa de pensar y me da vueltas en la cabeza: '¿Por qué es tan diferente la realidad aquí, en España?' Y no encuentro respuestas".

Juliana Berenyi y su marido Iván, desde hace un año están en Madrid.

Juliana Berenyi y su marido Iván, desde hace un año están en Madrid.

Empleada en una empresa de Recursos Humanos y emprendedora de una proyecto personal de psicoanálisis, Berenyi dice que en Madrid "no es fácil", pero que "la gente trabaja para vivir, no vive para trabajar", que hay posibilidades de acceso a servicios y productos para todos y, algo clave, que no tiene noción siquiera de situaciones de inseguridad que quizá en la Argentina son moneda corriente. "La seguridad no tiene precio", asegura.

Está contenta con la decisión tomada; lo resume así: "La realidad es que llegás a un nuevo destino llena de fantasías, ilusiones y ganas, y te chocás con una vida cotidiana distinta, a la que te tenés que amoldar. Todo es nuevo, pensá que no sabés quiénes son las personas que salen en los diarios o en las tapas de las revistas. Aún con todo esto, pude darme cuenta de que si bien no dejo de ser una extranjera, tengo más posibilidades que en la Argentina".

Martina Gayoso, de 19 años, llegó a España en agosto.

Martina Gayoso, de 19 años, llegó a España en agosto.

También en Madrid, Martina Gayoso, de 19 años, llegó en agosto junto a su mejor amiga del secundario, persiguiendo el sueño de poder vivir y trabajar afuera. "En poco tiempo me di cuenta de que aquí la vida ofrece más oportunidades laborales y a la vez es menos sacrificada que en la inestabilidad de la Argentina. Ojo, acá tampoco hay certezas, pero estoy dispuesta a terminar mi carrera y construir en España mi futuro profesional", dice la joven, que está estudiando Publicidad y se dedica a la asesoría en Marketing Digital.

Dispuesta a correr riesgos —sabe que la edad la acompaña—, Gayoso se manifiesta feliz de estar haciendo esta experiencia y de sentir, igual que su familia en Buenos Aires, que puede salir a la calle con calma, sabiendo que si vuelve sola y de madrugada no tendrá la angustia de que le puede pasar algo. "Pienso todo el tiempo en la Argentina y me da mucha pena todo lo que está viviendo y cómo todo cuesta el quíntuple del esfuerzo que en cualquier otro lado", señala.

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Hernán Parral44 años.

Productor de cerveza artesanal.Es porteño, vive en Los Reartes (Córdoba). Hace 8 meses que tiene cerrado su local. Empezó a fabricar churros para sobrevivir. Se va con su mujer Renata y sus dos hijos a Barcelona.

“Esto no va a cambiar por mucho tiempo y a mí se me está yendo la vida. Con dolor, con sensaciones diversas, entendimos con mi familia que acá no podemos trabajar libremente y yo quiero trabajar, tra-ba-jar."

Fabricante de una cerveza artesanal en Los Reartes, Córdoba, Hernán Parral, de 44 años, decidió bajar la persiana de su negocio después de ocho meses de angustia por no poder trabajar más, desde marzo. "Estamos tramitando todos los documentos para irnos a Barcelona en 2021, para reanudar el proyecto allá. Es una decisión familiar, con mi mujer Renata estamos convencidos de que el futuro nuestro está allá", dice.

Porteño radicado en Córdoba desde hace once años, Parral expone con crudeza su visión del país: "Esto no va a cambiar por mucho tiempo y a mí se me está yendo la vida. Con dolor, con sensaciones diversas, entendimos con mi familia que acá no podemos trabajar libremente y yo quiero trabajar, tra-ba-jar. No quiero que nadie me regale nada, yo quiero vivir la vida, disfrutarla con mi familia y que mis hijos tengan el futuro que yo no tengo".

Hernan Parral, su mujer Renata y sus hijos de 8 y 2 años. La familia emigrará el año que viene.

Hernan Parral, su mujer Renata y sus hijos de 8 y 2 años. La familia emigrará el año que viene.

Junto a su mujer Renata, también emprendedora, Parral desarmó la fábrica de cerveza y en pareja empezaron a producir churros, "intentando sobrevivir con eso". Por supuesto que no fue de un día para el otro. "Nos tuvimos que poner a estudiar y tomar cursos para aprender a prepararlos. Es duro lo que estamos viviendo, pero estamos aliviados, ya en la cuenta regresiva para irnos en mayo próximo, gracias a que mi mujer tiene la ciudadanía italiana".

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Lucas Cudicio34 años.

BancarioEs de Villa Luro, soltero, a dos materias de recibirse de Licenciados en Administrador de Empresas. Acaba de instalarse en Barcelona (en la foto, es el del medio, entre su hermana y su cuñado.).

“Estoy contento de la decisión que tomé, ya me cansé de apostar por la Argentina y de la falta de palabra y de credibilidad de sus políticos."

Desde hace unos días, Lucas Cudicio (34) se está acomodando en Barcelona, adonde está empezando a escribir su nueva vida, una nueva vida con muchos signos de interrogación que está dispuesto develar, asegura. "Esto es la consumación de algo que hace mucho venía pensando; quiero una mejor calidad de vida. ¿Qué me decidió a irme? El país, el estilo de vida, el día a día, es un tema social, la inseguridad... No me voy por la pandemia", desgrana.

A dos materias de graduarse como licenciado en Administración de Empresas, Cudicio no tenía problemas de trabajo. De hecho, renunció a un buen puesto en un banco, adonde estaba hace quince años. "Tengo la ciudadanía italiana, pero llegué sin trabajo y estoy dispuesto a buscar de lo que sea, si es mi profesión, mejor; pero no se me caerán los anillos si tengo que hacer otra cosa. Es triste decir esto, pero es así, tengo la edad justa y quiero proyectarme, y el país como está... La falta de libertades, las imposiciones del Gobierno me fueron empujando", resume.

En enero pasado, Lucas viajó con sus padres, Claudia y Sergio, a Barcelona para saber fehacientemente si era el lugar que quería para vivir. "Y no lo dudé. Me dije 'quiero vivir aquí'. Es un lugar donde hay respeto, hay seguridad y si venís a laburar seriamente hay posibilidades, más allá de que seas extranjero. Estoy contento con la decisión que tomé; ya me cansé de apostar por la Argentina ​y de la falta de palabra y de credibilidad de sus políticos", afirma Lucas, que tiene a su hermana viviendo hace tres años en Barcelona. El año que viene se les unirán sus padres.

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Claudia Ferretti55 años.

Licenciada en Ciencias de la Educación (UBA).Casada, dos hijos, viven en Monte Castro (CABA) Se irán a Barcelona en 2021.

“Acá no hay futuro y lo digo con mucho dolor y vergüenza, porque quiero a mi país, pero ya estoy harta de volver a empezar una y otra vez, se nos pasa la vida... Ya quiero otra cosa para lo que me queda por delante, imaginate lo cansada que estoy para elegir el desarraigo a los 55 años."

Los papás de Lucas, Claudia Ferretti y Sergio Cudicio, de 55 y 58 años, ya pusieron en marcha el operativo mudanza 2021. "Después de hablarlo mucho, tanto mi marido como yo tenemos el Norte definido. La vida en Buenos Aires se terminó, y si todo sale como lo esperamos, en septiembre estaremos viviendo en Barcelona", proyecta Claudia, licenciada en Ciencias de la Educación recibida en la UBA.

¿Por qué? Su respuesta no es original: mencionan la inestabilidad cambiaria y laboral, la inseguridad, las cuestiones sociales y políticas. Los mueve además el vivir cerca de sus hijos. Pero van a intentar conseguir trabajo. "Tanto mi esposo como yo estamos confiados en que tendremos oportunidades. Él, que trabaja en el rubro comercial, y yo, que soy docente, podemos reencauzar nuestras labores en España. Por supuesto que no será sencillo, tenemos una edad que nos condiciona, pero eso también nos condiciona en nuestro país", dice Claudia.

Ella cuenta que desde hace unos años viene estimulando a sus hijos para que viajen al exterior. Se la escucha en carne viva: "Acá no hay futuro, y lo digo con mucho dolor y vergüenza, porque quiero a mi país, pero ya estoy harta de volver a empezar una y otra vez, se nos pasa la vida... Ya quiero otra cosa para lo que me queda por delante. Imaginate lo cansada que estoy para elegir el desarraigo a los 55 años. Ya empezamos a movernos para vender la casa, el auto y para tratar de homologar mi título de la UBA".

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María Eugenia Cerezo46 años.

Quedó varada en Los Angeles, California, donde vive su madre. Pero prefirió no volver. Oriunda de CABA, vivía con su marido, que trabaja en el Ejército, en Río Gallegos.

“Después de varios meses acá varada y viendo cómo está la situación en Argentina, decidí quedarme y tramitar la visa de trabajo. La situación social y económica de mi país no me dan ganas de volver."

Desde Downey (muy cerca de Los Ángeles, en California), María Eugenia Cerezo dice que la cuarentena y el cierre de las fronteras la encontraron en los Estados Unidos, visitando a su mamá. Cerezo tiene 46 años, es porteña, pero desde 2018 estaba viviendo en Río Gallegos con su marido, que trabaja en el Ejército. "Después de varios meses acá varada y viendo cómo está la situación en la Argentina, decidí quedarme y tramitar la visa de trabajo. La situación social y económica de mi país no me dan ganas de volver", contó.

Maria Eugenia Cerezo tiene 46 años y la cuarentena la encontró cerca de Los Angeles, visitando a su mamá. "Me quedo acá", dice.

Maria Eugenia Cerezo tiene 46 años y la cuarentena la encontró cerca de Los Angeles, visitando a su mamá. "Me quedo acá", dice.

Emprendedora en bienes raíces e instructora de patinaje artístico sobre hielo, Cerezo está dando clases online e intentando que su marido pueda viajar. "Con mi esposo veníamos hablando de la posibilidad de 'huir', pero la cuarentena y la crisis argentina, que es el acabose, aceleró los tiempos. Lamentablemente estoy repitiendo la historia de mis padres, que también emigraron, pero durante el gobierno de Menem, en 1998", expresa con angustia. "Es imposible proyectarse en la Argentina".

Cerezo sostiene que se siente cómoda como ciudadana y como trabajadora en una ciudad que no es sencilla y que es muy diferente a las argentinas. Destaca que adonde está ahora se incentiva el trabajo de los comerciantes y de los cuentapropistas. "Desde la Argentina la imagen de Trump debe generar alarma, como me pasó a mí, pero los Estados se manejan de manera independiente", dice.

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Los argentinos y la posibilidad de emigrar:
en qué condiciones se irían, según su edad

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FuenteTAQUION Infografía: Clarín

Otro motivo que a Cerezo la terminó de convencer de echar raíces en Estados Unidos es, explica, la enorme diferencia en la educación y el respeto que siente allí, en los alrededores de Los Angeles, y que no notaba en su propio país. "No nos gustan las reglas de convivencia y confundimos conducta con fascismo. No nos importa el otro, nos cagamos en el otro, ya sea desde la política o estando en la calle; y cuando se ponen límites se cuestionan permanentemente", argumenta.

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Javier Blassiotto35 años.

Abogado.Vive en CABA, soltero. Está viajando en noviembre a Roma, donde ya tiene trabajo.

“No quiero irme así, amo a mi país, pero al mismo tiempo veo que la Argentina se vive tropezando con la misma piedra una y mil veces. Viví en diez en ciudades de mega primer mundo y en otras del sexto mundo, en ninguna vi los problemas internos, no forzados, que hay en la Argentina, somos únicos."

Abogado de 35 años, Javier Blassiotto se volverá a ir del país en noviembre, después de haber tenido esa experiencia en 2010, cuando la inflación del por entonces Gobierno de Cristina Kirchner estaba muy alta. "En esa época me fui para prepararme profesionalmente, hacer un posgrado. No me llamaba el país como para volver, y viviendo en el exterior, en distintos países, me estaba yendo bien".

En marzo de 2018, Blassiotto decidió que era el momento de regresar. Así cuenta cómo siguió todo: "La Argentina parecía un país más tranquilo económicamente, con un dólar a 20 pesos. Entendía que la Argentina se recomponía, pero comenzó la debacle del Gobierno de Mauricio Macri, el dólar saltó primero a 40 pesos, luego a 60. Y otra vez el país se desmoronó, llegó Alberto Fernández, luego la pandemia y se terminó de ir todo a pique. En marzo me salió un trabajo para ir a Italia, pero por el cierre de fronteras no me pude ir, hasta que me confirmaron un vuelo para el 1° de noviembre".

Javier Blassiotto, abogado, ya había vivido en el exterior durante ocho años. Aquí en Jakarta (Indonesia). En horas, viaja a Milán para vivir allí.

Javier Blassiotto, abogado, ya había vivido en el exterior durante ocho años. Aquí en Jakarta (Indonesia). En horas, viaja a Milán para vivir allí.

La inminente partida a Milán lo encuentra contrariado a Blassiotto: "No quiero irme así, amo mi país, pero al mismo tiempo veo que la Argentina se vive tropezando con la misma piedra una y mil veces. No es un tema político, no tengo nada contra el kirchnerismo ni el macrismo, simplemente siento que me esforcé como muchos y acá veo que no hay perspectivas de cambio ni en el mediano ni en el largo plazo, creo que los argentinos no nos merecemos esto que estamos viviendo".

Una mínima estabilidad, un rumbo predeterminado habrían cambiado el destino para este porteño que apostaría por el país. "Más que una decisión, lo vivo como una obligación, ya que no todos tienen la posibilidad de llegar a Europa con un trabajo. El tema es que yo ya estuve ocho años en el exterior y no estaba en mis planes volver a irme. Viví en diez ciudades de megaprimer mundo y en otras del sexto mundo, en ninguna vi los problemas internos, no forzados, que hay en la Argentina, somos únicos".

LGP

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