Argentina

Multilateralismo de amigos

A diferencia del unilateralismo de “America first” promovido por la administración Trump, Joe Biden apunta a revigorizar el multilateralismo como uno de los instrumentos de la restauración del liderazgo global de los EEUU. Este propósito no sólo se expresa en torno a la ONU y sus agencias – el retorno a la Organización Mundial de la Salud es una clara ilustración de esta intención – sino también en relación a convenios como el Acuerdo de París sobre cambio climático.

A nivel global el multilateralismo ha sido fuertemente afectado por los procesos de unilateralismo, proteccionismo y por los rebrotes nacionalistas y populistas desplegados en diferentes países.

Pero su crisis actual se articula con la crisis del sistema liberal internacional, de las estructuras de gobernanza global y de los valores y mecanismos occidentales asociados al multilateralismo impulsado desde la Segunda Guerra Mundial y reafirmados en la post-guerra fría bajo la égida de los Estados Unidos.

El impacto de la pandemia, en particular, ha sido devastador a todos los niveles, pero ha afectado principalmente la cooperación internacional y la capacidad de proveer bienes públicos globales a través de acuerdos y de mecanismos multilaterales. En este sentido, la víctima más evidente ha sido la capacidad colectiva de impulsar una respuesta sanitaria planetaria frente a la pandemia global.

Estas crisis – en sus diversas dimensiones – han replanteado las narrativas en torno a los organismos multilaterales de carácter global, en función de dos vertientes claramente diferenciadas: la de aquéllos que promueven una continuidad y una defensa del statu quo – particularmente en lo referente a los organismos de la ONU – y aquéllos que demandan una reforma y una actualización de los mismos en diferentes aspectos.

Sin embargo, la reconfiguración de las relaciones de poder a nivel internacional y la emergencia de nuevos y poderosos actores con capacidades de incidencia fuera del ámbito atlántico, han dado lugar asimismo al desarrollo de narrativas divergentes que legitiman procesos diferenciados de multilateralismo entre socios y aliados a nivel regional en el marco de crecientes disputas estratégicas.

Si bien la sabiduría convencional y binaria condensa estas pugnas en la bipolaridad estratégica entre los Estados Unidos y China como el eje ordenador de la transición hacia un nuevo orden global, el mundo tiende más a una reconfiguración geopolítica.

Este incluye a diversos actores y está caracterizado no sólo por la multipolaridad y la multiplicación de protagonistas – estatales y no estatales - sino también por una compleja multidimensionalidad a múltiples niveles que Amitav Acharya califica como un "mundo multiplex".

Sobre esta base geopolítica diversa y fracturada - que a su vez implica una multipolaridad compleja -, se vuelve problemático construir y desarrollar mecanismos y acuerdos multilaterales a nivel global con reglas comunes y principios estables y transparentes.

En este marco, la gira europea de Biden con el colofón de su encuentro con Putin, y la aspiración de reactivar el multilateralismo global bajo el liderazgo de los Estados Unidos, choca con sus propias limitaciones y fuerza al desarrollo de multilateralismos regionales entre socios y aliados que comparten intereses y valores comunes pero que divergen con los de otros actores protagónicos del sistema internacional.

En el caso de la estrategia estadounidense la restauración de las alianzas y vínculos en el marco del G-7, la OTAN o el Quad no dan pie para una narrativa global de reactivación del multilateralismo, de la misma manera que la Organización de Cooperación de Shanghái, la Unión Económica Eurasiática, la ASEAN o los BRICS sólo expresan un multilateralismo de otro tipo con otros intereses y valores – eventualmente iliberales - , o la Ruta de la Seda un multilateralismo más unilateral, pero con características chinas.

En suma, a 75 años de creación de la ONU, la transición por la que atraviesa el sistema internacional en un marco de fractura, inestabilidad e incertidumbre revela crecientemente la emergencia de múltiples “multilateralismos de amigos” – simultáneos, paralelos y frecuentemente en competencia entre sí - más que la consolidación de efectivos mecanismos multilaterales de alcance global.

Andrés Serbin es analista internacional, presidente de CRIES.

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