Argentina

Ozark: Fidelidad al demonio

Los celulares son los mapas del nuevo genoma, pero en Ozark (Netflix) son las llaves del cielo o el infierno. En el recóndito pueblo de Osange Beach, estado de Misuri –entre los lagos y montañas con nombre de pueblo originario que bautizó a esta serie creada por Bill Dubuque y Mark Williams–, una familia se debate entre cortar ataduras con el cartel que los alejó del hogar en Chicago, en busca de anonimato, o profundizar la grieta con el american way of life. O sea: seguir lavando dinero para el cartel Navarro –como tan bien lo vienen haciendo– y hasta maximizar ganancias con la creación de un todopoderoso casino, que los convertiría en príncipes de los Ozarks. Así, en este tira y afloje, en plena reunión familiar, el asesor financiero Marty Byrde se retirará con su natural displicencia para rosquear el pacto más honroso de salida con el FBI, mientras minutos más tarde su esposa Wendy hará todo lo contrario, jurando fidelidad al propio Navarro oculto en las sombras. En el medio, dos supervisores más insensibles que Terminator: el latino Del y su sucesora Helen, que no será un hitman pero dictamina partes de muerte con la mirada. En el medio, Marty ausculta las llamadas de Wendy con su notebook.

La segunda temporada dejó dos cosas claras. La trama del “hombre común devenido narco” de Ozark le debe mucho a Breaking Bad, pero su historia y sus personajes son muy sólidos. Ya forman un mundo con sus propios códigos, centrado en la familia Byrde. La otra son las actuaciones. Jason Bateman como Marty, un americano impasible al grado de autómata, que al mismo tiempo genera empatía, y Laura Linney como Wendy, una mujer sensible que progresivamente se llena de llagas y se anima a cualquier cosa por proteger a la familia. Ambos entregan performances que difícilmente encuentren rival en otra serie contemporánea –por no hablar de la impulsiva Ruth Langmore, que le valió un premio Emmy a la actriz Julia Garner.

Unánimemente rankeada como la mejor temporada (97% de aprobación en Rotten Tomatoes), la tercera ronda incluye cambios sustanciales. Los hijos de Marty y Wendy, Charlotte (Sofia Hublitz) y Jonah (Skylar Gaertner) son casi adultos en cuerpo y alma. Navarro (Felix Solís) es una presencia acechante, librando una lucha en simultáneo con el cartel Lagunas. Y la aparición de Ben (Tom Pelphrey), el hermano bipolar de Wendy, pone en riesgo toda la operación familiar. Con un pasado de brotes violentos e internaciones psiquiátricas, Ben representa –paradojalmente– la normalidad frente a la debacle Byrde. Y su enfermedad mental lo vuelve impredecible, al igual que otro personaje situado en sus antípodas: Darlene (Lisa Emery), la veterana de brotes psicópatas, capaz de cargarse ella sola a un sicario y cuyo campo de amapolas fue convertido, contra su voluntad, en un casino.

Un gran acierto de la serie es la dialéctica y el espejismo de sus personajes, perfectamente delineados (e interpretados). La apatía de los Byrde versus la impulsividad de los lugareños; Ruth Langmore volviéndose Darlene, Wendy Byrde volviéndose Helen, Charlotte y Jonah, espejos de sus padres. Con la hipérbole del cómic, las performances femeninas mantienen la vara alta. En un parpadeo, la sonrisa beatífica de Linney puede perderse en una insultante sonrisa. Lisa Emery es la reencarnación de la enajenada Bette Davis en Whatever Happened to Baby Jane, graciosa y escalofriante a menudo en una misma escena. Y el arco de ideas argumentales plantado en la primera temporada alcanza aquí su mayor tensión, personificado en las estampidas de Ben, que traslada la violencia del cartel al seno de casa: ¿somos una familia o qué?

La pregunta flota siempre en el último fotograma de cada season finale, y en esta última se amplifica. Un disparo letal: Marty y Wendy fundidos en un abrazo por un tercer personaje, mientras el piano ralentizado y desfigurado de “Oh La La”, del dúo de hip hop Run The Jewels, congela una mueca de horror. Los Byrde ya están en el infierno. Y ellos, igual que nosotros, no pueden creer cuán rápido llegaron.

Football news:

Barys 20 days before the start of the KHL: they do not know where to play, Legionnaires are cut off from the team
Areolaa returned to PSG after a loan spell at Real Madrid
Manchester United can lease Ousmane Dembele for a year with a buyout obligation
The rum is bought by a billionaire from the United States, who was filmed at Nolan in Dunkirk. His son fell in love with Rome while working with Ridley Scott
Hargreaves on Borussia's refusal to let Sancho go: this is a bluff. They are just trying to get more money out of Manchester United
Daniel Sturridge: Returning to the Premier League is my priority. I'm more hungry for football than ever
In Valencia, a coronavirus was detected in two people