Argentina

Qué debemos saber sobre los Trastornos de la Conducta Alimentaria

“Un Trastorno de la Conducta alimentaria (TCA), es una alteración de tipo mental, en la cual se ve afectada la modalidad de ingesta de alimentos. Suele comenzar a edad temprana, principalmente en la adolescencia, por lo que es importante prestar atención a posibles señales de alerta”, señala Mara Fernández, psicóloga especialista en trastornos alimenticios (M.N. 36031), quien cuenta además con una Diplomatura en Trastornos de la imagen corporal y comparte su opinión profesional en @hablar_sana.

“Aunque los trastornos alimenticios pueden comenzar con preocupaciones por la comida y el peso, los factores son mucho más que comida. Las personas con trastornos alimenticios utilizan  la comida y el control de esta  como un intento para compensar los sentimientos y emociones que de otra manera son vistos como intolerantes. Para algunos, la dieta, los atracones y la purgación pueden comenzar como una forma de lidiar con las emociones dolorosas y para sentirse en control de su vida personal, pero estos comportamientos dañan la salud física y emocional, la autoestima y la sensación de competitividad y control. Es decir, para que se desarrolle un TCA se debe dar una combinación de factores: biológicos, psicológicos, sociales y familiares”, indica Fernández.

¿Cuáles son esas señales o signos?

Signos conductuales:

  • Conductas y actitudes que indican que la pérdida de peso y el control de la alimentación se están convirtiendo en la mayor preocupación de la persona.
  • Saltarse comidas con todo tipo de excusas . No terminar la porción  de  comida o tirarla.
  • Esconder o almacenar comida.
  • Ir al baño inmediatamente después de la comidas. Intentar ocultar vómitos o justificarlos.
  • Quejas sobre estreñimiento y uso de laxantes, diuréticos y/o pastillas para adelgazar.
  • Informarse sobre la composición de los alimentos y su valor energético (contar calorías).
  • Alterar los hábitos alimentarios, aumentando la ingesta de verduras y frutas y reduciendo o eliminando la ingesta de hidratos de carbono, proteínas y grasas.
  • “Manías” con la comida. Cortarla o partirla en trozos muy pequeños, removerla en el plato, masticar mucho, cambios en la velocidad de la ingesta, etc.
  • Masticar chicle continuamente o aumentar el consumo de bebidas dietéticas, café o té, normalmente con el objetivo de disimular el sentimiento de hambre.
  • Desaparición de grandes cantidades de comida, frecuentemente de “alimentos prohibidos” por ser hipercalóricos.
  • Aumento del ejercicio, que generalmente se realiza en solitario y de forma compulsiva.
  • Falta de tolerancia a los cambios en las rutinas diarias, vivirlos con estrés, ansiedad y angustia.
  • Ocultar el cuerpo con ropa ancha para disimular su forma o una posible pérdida de peso.
  • Inquietud continúa.
  • Alteración del rendimiento académico o laboral.

Signos emocionales y cambios en las relaciones con los demás:

¿Cuáles son los tipos de TCA que existen?:

  1. Anorexia
  2. Bulimia
  3. Trastorno por atracón
  4. Ortorexia
  5. Vigorexia
  6. Pregorexia
  7. Alcohorexia
  8. Diabulimia
  9. Trastornos alimentarios no especificados (TANE)

Enumera Agustina Murcho, Lic. en Nutrición (M.N. 7888/ M.P. 3196) especialista en trastornos alimenticios, quien trabaja en la concientización sobre esta enfermedad a través de su cuenta @nutricion.ag.

“Quienes padecen un TCA son personas cuyo estado anímico se ve influenciado por el éxito o fracaso en su relación con la comida y con su imagen de sí mismo. Tienden a describirse a sí mismas en términos absolutos (bueno-malo; lindo-feo; correcto-incorrecto). Esta polarización refuerza la necesidad que tienen de controlar lo que comen. La búsqueda por alcanzar la delgadez extrema se traduce en una lucha psicológica, en la cual la persona adopta una conducta de desafío e independencia, pero la realidad es que sienten que no valen nada y no merecen que nada bueno les suceda”, expresa Fernández.

Entonces… ¿Es importante generar un buen vínculo con la comida? “Por supuesto, la comida debe ser una necesidad más a cubrir, no nuestro centro ni eje de nuestras vidas. Es por esto que, si llevamos una mala relación con ella, debemos acudir a profesionales especializados en conducta alimentaria para sanar esa relación”, la Licenciada Noel Arguello (M.N. 3174), especialista en sobrepeso y Obesidad.

¿Qué consecuencias trae tener una mala relación con la comida? “Como cualquier otro hábito dañino (como el cigarrillo), es sumamente importante cambiarlo, ya que comer emocionalmente nos generará consecuencias en nuestra salud. Nos conduce a tener sobrepeso u obesidad y en otros casos, a desarrollar otros trastornos alimenticios severos como los atracones recurrentes, la bulimia,perjudicando nuestra salud”, aclara Arguello.

"La familia y los amigos influyen en la manera en que comemos. Otra pieza del entorno que forma parte del desarrollo de los trastornos alimenticios, es la manera en cómo los medios de comunicación y redes sociales, refuerzan la creencia de que ser delgado y joven son  sinónimos de ser exitoso, de alcanzar la vida ideal", Mara Fernández, psicóloga especialista en trastornos alimenticios.

¿Cómo debería ser el vínculo con la comida? “Deberíamos poder comer de todo, en cantidades moderadas, legalizando el placer y sin prohibirnos. Esto se aprende con una buena educación alimentaria con un nutricionista que no refuerce el miedo a comer, que lamentablemente hay muchos. Obviamente que si hay miedos y una mala relación con la comida, hay que consultar con profesionales especializados”, asegura Murcho.

¿Existe el miedo a comer? “Si, existe. Se da por múltiples factores: historia personal, familiar, cuestiones biológicas, autoestima, algún trauma no resuelto, el haber empezado a hacer dieta hace que se le tenga miedo a comer, la sociedad y la falta de información. Es todo multifactorial. No hay solo un factor y en cada persona es diferente”, agrega Murcho.

¿Cómo influyen las emociones en nuestra alimentación? “El hábito de comer emocionalmente fuera de control, tiene el potencial de comprometer las vías de recompensa del cerebro similares a los de las drogas. Es importante identificar con qué frecuencia nos sucede este comer emocional. Si sienten que este hábito es de manera habitual y está fuera de control es importante que busquen la ayuda de un nutricionista y psicólogo que los pueda evaluar y ayudar de cerca”, expone Arguello.

Y… ¿el hambre emocional? ¿Qué es? “Es cuando canalizamos nuestra alimentación a través de estados anímicos. Aquí comemos sin oír nuestras señales internas, comemos por estados anímicos (alegría, festejo, aburrimiento, estrés, ansiedad, enojo, depresión). El castigo o premio o consuelo con un antojo, es lo más característico de este tipo de ‘hambre’. Cuando sentimos hambre real, después de comer nos sentimos satisfechos y tranquilos; en cambio, cuando tenemos ‘hambre emocional’ muchas veces sentimos culpa o tristeza luego de comer eso que tanto veníamos deseando, digamos que es una contradicción de sensaciones”, describe Arguello.

¿Qué debemos hacer para lograr una sana relación con la comida?

“El objetivo es cambiar esa conducta que nos hace daño, por alguna otra que te genere la misma recompensa, pero que sea saludable. Cuando sientas el impulso de comer, distrae a tu mente con otra actividad. Es decir, cambiar la rutina de este hábito para lograr controlar el impulso de comer emocionalmente, es fundamental”, aclara Arguello.

Además hay que tener en cuenta que “no hay alimentos buenos o malos. Cada uno aporta un nutriente esencial para el cuerpo. Cuando una persona asiste a un tratamiento para trastornos alimenticios se trata de deconstruir los pensamientos negativos que pueden aparecer frente a la comida. Que puedan identificar la sensación de hambre y se permitan sentirla sin culpa”, manifiesta Fernández.

Según explica Murcho, “no solo es cuestión emocional sino que las personas que tienen estas conductas, tienen una ‘falla’ en el sistema de recompensa, que es el mecanismo por el cual uno va a la búsqueda de lo que le genera placer. En estas personas hay una falla en ese sistema que hace que busquen más comida porque les ‘cuesta’ llegar al placer y saciarlo. También hay una falla en la corteza prefrontal, que es la parte del cerebro que está asociada a la inhibición y toma de decisiones. Todo esto se trata con psicólogo, nutricionista y psiquiatra”.

Y en paralelo, Fernández hace hincapié en que en estos casos “es de suma importancia llevar un tratamiento multidimensional e interdisciplinario (médico, psiquiatra, psicólogo y nutricionista) con orientación sistémica, ya que  son enfermedades multideterminadas por procesos individuales, familiares, e interpersonales, así como biológicos y socioculturales. Además, porque al comienzo de la enfermedad la persona se resiste a buscar ayuda profesional, ya que niega estar enfermo. Desde lo psicológico se trata de trabajar sobre el sistema de creencias, el fortalecimiento de la autoestima, sobre el registro de las emociones, la tolerancia a la frustración, y a adquirir nuevas herramientas para poder implementar ante situaciones conflictivas”.

Cómo se vive con un TCA

“Me diagnosticaron anorexia y la viví y la traté como tal. me enfermara, como creí que lo había hecho con mi abuela que murió de cáncer de colon. Yo tenía 14 años entonces y no sabía muchas cosas, pero según la información que leía en esa época, casi cualquier alimento era cancerígeno. En definitiva, mi anorexia fue provocada por una fobia al alimento, aunque compartía síntomas y actitudes con otras personas que sufrían de anorexia”, cuenta Ayelén Fernández, autora del libro “Anorexia y yo”.

“Luego de publicar el libro sobre mi experiencia, me encontré con un licenciado en psicología especialista en trastornos de la alimentación que me aseguró que lo mío fue una fobia alimentaria, yo no temía comer porque pudiera engordar, sino que tenía fobia de que la comida”, agrega.

“En general, las personas que sufren un TCA son personas que le temen a la vida y no confían en sí mismas, pero están desperdiciando todo su potencial en servirle a una enfermedad que solo intenta convencernos de que somos débiles e incapaces, cuando la realidad es justamente lo opuesto. ¿Sabes la fuerza que se requiere para llevar una vida tan tortuosa? Si esa fuerza se destinara a otra cosa, créeme que no existirían límites de lo que se puede lograr”, asegura Ayelén, recordando toda su experiencia.

Para superar su TCA hizo terapia con psicólogos y psiquiatras durante algunos años, y realizó tratamientos con nutricionistas que la ayudaron a ir perdiéndole el miedo al alimento. Pero el trabajo más duro y constante lo hizo consigo misma: “No quería morirme ni seguir haciendo daño a mí familia que sufría al verme así, entonces comencé a hablarme a mí misma y a la enfermedad con la que convivía, me escribía cartas, me hacía promesas... A veces lograba cumplirlas, otras veces recaía, pero no creo que haya otra manera de salir de esto o de cualquier otro tormento psicológico, que no sea por propia voluntad”.

"Hoy la vida tiene para mí un color distinto, la comida es un combustible que me ayuda a tener la fuerza para seguir andando tras mis sueños".

“Escribí el libro "Anorexia y yo" porque quería contar lo que había descubierto, que la enfermedad no es parte de uno y que se puede vencer, erradicar. De allí el título, porque éramos dos entes separados en mi cabeza y por eso siento que pude luchar contra algo, algo que había tomado protagonismo en mi vida, dentro de mi ser, pero que no me definía. El libro relata parte de mi experiencia, esa parte en la que Anorexia llegó y comenzó a destrozarme la vida, y luego la batalla que fui librando contra ella, en la que a veces me doblegaba, pero que al final logré vencer”, detalla.

Y recuerda: “Cuando publiqué el libro por primera vez aún quedaban vestigios de su presencia en mi cuerpo y en mi mente, hábitos que habían quedado muy arraigados, pero yo era consciente de que ella ya no estaba, y que si cometía errores o hacía mal las cosas, ahora la responsable era yo misma. Tener eso claro en mi cabeza me ayudó a seguir reconstruyendo mi vida y a ocuparme de esos sueños que había postergado porque con la enfermedad todo luce imposible, no hay nada más de qué ocuparse que no sea "ella", es una enfermedad absorbente y celosa”.

“Hoy miro hacia atrás y tengo la sensación de que todo eso ocurrió en otra vida, lo veo muy lejano y apenas recuerdo lo mal y desahuciada que me sentía. Esa es la pauta de que uno puede superar la enfermedad y alejarse de ella hasta perderla de vista completamente. Siempre quedan secuelas físicas y mentales porque el daño que provocan estas patologías es profundo, pero yo llevo esas secuelas como cicatrices de una guerra superada”, manifiesta Ayelén.

A quienes viven con esto le diría que “solo expulsará a la enfermedad y recuperará su independencia si así lo quiere, porque sin dudas la capacidad la tiene. Cargar con una enfermedad así es un peso gigantesco, y quien tiene esa fuerza, tiene también la fuerza para expulsarlo fuera de su vida”.

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